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Diario de safari: Namelok Naretoi Safari. Día 2

Pastor masai al atardecer, no lejos de Entansekera. Foto: Iñigo Torrens

4-04-2009 – En el Bosque de los Niños Perdidos

Desde el amanecer estuve remoloneando en mi tienda, durmiendo a saltos de media hora y aguzando el oído a ver si oía a mis compañeros… ninguno tenía prisa por despertarse, salvo Topo que tanto para acostarse como para levantarse tiene costumbres tempraneras. Cuando el calor empezaba a agobiar dentro de la tienda, di por finalizada mi pereza y salí. Lo primero que vi fue a Topo saludar desde lo alto de la colina, caminando hacia el campamento.

Este arranque de mañana fue perezoso, todo muy pole pole..  lavamos los platos de la noche anterior y Victor se curró unos huevos fritos que acompañamos con puntillas de jamón ibérico… impresionante!!! Todo un detalle por parte de Isa. Finalmente nos pusimos en marcha.

Higuera africana. Sirvan Isa y Victor a los lados como referencia de su enorme tamaño…

Tras ascender la gran colina de detrás del campamento, nos fuimos internando en Loita Forest. Estoy en muy baja forma, lo que me ha costado subir este primer repecho… Esta zona alberga un impresionante bosque primario repleto de elefantes y búfalos. No es fácil ver animales por lo denso del bosque, pero si vimos varias familias de los preciosos monos colobos. El bosque aún así es sobrecogedor. Tiene una gran simbología para los masais, que lo llaman “El Bosque de los Niños Perdidos“. En toda la caminata (unas 4 o 5 horas) no nos internamos demasiado, sino que fuimos bordeándolo, disfrutando de rincones preciosos y de las praderas de las colinas, que los masais aprovechan como corredores para su ganado. En esta franja del bosque aún hay demasiada presencia masai y no tanta fauna salvaje. Sin embargo, quedándote quieto y callado un rato, puedes observar una muy  abundante y variada avifauna.

Isa saludando a un bebé masai con una madre muy joven

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Diario de safari: Mashariki safari. Día 1

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14-9-08. Rumbo Este! Destino “un lugar de matanza”

Tras unos días en Nairobi volvemos a ponernos en marcha tras nuestro “Kaskazini Safari“, en este caso íbamos a poner rumbo Este (Mashariki) hacia la costa. En los días de descanso en Nairobi el Mercedes pasó por boxes, y aunque sigue sin diferencial y por tanto con el 4×4 inutilizable, el coche iba como una seda. Salimos bastante temprano de un Nairobi nublado y amenazante de lluvia pero completamente calmo  y desierto, muy distinto de los bulliciosos y caóticos días del resto de la semana, y no encontramos tráfico hasta llegar a las obras de la carretera de Mombasa. Hicimos una pequeña parada en Athi River, donde vimos a la hermana de Shukri. Tras la breve parada continuamos camino alegremente y con buena música.

Durante la ruta por la carretera de Mombasa, que aunque está casi peremnemente en obras y nunca terminada del todo, está por lo general bastante bien (salvo la salida/entrada a la capital keniata), uno se da cuenta de los peligros de estas carreteras, sobre todo por el enorme tráfico de camiones (Mombasa es el mayor puerto del Este de África, al que llegan diariamente cientos de contenedores que luego son repartidos por el continente). Cada pocos kilómetros se suele ver un camión que se ha salido de la carretera o ha hecho la tijera y ha esparcido su carga por todos lados. Sin embargo el camino es bonito, y antes de llegar a Mtito Andrei vimos numerosas gacelas a ambos lados de la carretera: gacelas Thomson, hartebeest y algún ñú, en tierra de nadie y completamente fuera de Parques.

En Mtito Andrei paramos a picar algo y a llenar el tanque de gasóleo (no veríamos muchas más gasolineras hasta Malindi”. Continuamos camino y el paisaje se iba volviendo completamente estilo Tsavo, a la derecha de la carretera quedaba el Tsavo Oeste, a la izquierda el Tsavo Este. La siguiente parada fue en el Puente de Patersson, el lugar donde los famosos “Leones devoradores de hombre de Tsavo” mataron y se comieron a unos 140 trabajadores del ferrocarril, el llamado tren lunático. Poco más adelante estaba la puerta de Manyani, donde entramos en el Parque Nacional de Tsavo Este. Tras registrarnos (para evitar un escándaloso caso de corrupción en el Kenya Wildlife Service, hay que llevar las entradas prepagadas en una tarjeta electrónica), entramos en el Parque y nada más cruzar la barrera vimos la primera escena insólita: dos grandes marabúes se peleaban furiosamente ante la atenta mirada de otros tres congeneres. La zona ajardinada de recepción del Parque era el ring, y el combate lo seguían muy de cerca. Parecían recordarnos el significado de Tsavo en maa (lengua masai): “Lugar de matanza”

DSCF5829.JPGEl Parque Nacional de Tsavo Este, junto a su gemelo vecino de Tsavo Oeste, forman una zona de protección y conservación de la Naturaleza más grande que el Parque de Serengeti en Tanzania y prácticamente igual de grande que el célebre Parque Kruger de Sudáfrica. En total son más de 18.000 k² de inmensidad, que entre otros tesoros albergan la mayor población de elefantes de Kenya censada en aproximadamente 9.100 ejemplares (según datos de 2005 del Grupo Especialista del Elefante de la UICN); una barbaridad si tenemos en cuenta que en todo Kenya hay censados algo menos de 25.000 elefantes.

Durante finales de los 70, la zona de Tsavo contaba con una cierta superpoblación de elefantes, que se puede ver reflejada en las famosas fotos aéreas de Peter Beard; unos años de terrible sequía diezmaron la población de elefantes, muriendo decenas de miles, y lo que es peor creando un comercio ilegal de marfil (los bandidos shiftas solo tenían que ir de cadaver en cadaver y recolectar los colmillos), que desembocó en un tráfico ilegal mafioso, ya que cuando esas sequías cesaron, el mercado estaba creado y comenzó la caza furtiva para obtener el marfil. A este episodio negro de la Historia de Kenya se le llamo “la crisis del marfíl”, y por desgracia estuvieron implicados numerosos altos cargos de Medio Ambiente.

Hoy en día la población de elefantes goza de buena salud y constante crecimiento. Sin embargo, al explorar el Tsavo se encuentran elefantes con peor genio que en otros Parques como Mara o Amboseli, ya que los mayores aún se acuerdan de los malos tiempos y las matanzas, y probablemente vieran a congeneres morir a manos de furtivos, por lo que siguen recelando del hombre. Si hoy en día es increible comprobar la gran densidad de elefantes que hay, ya no solo por los que se pueden ver sino por encontrar rastros de ellos en cualquier rincón al que se mire (huellas, ramas rotas, excrementos…), no logro imaginarme lo que debió ser hace 30 años!! No se debería poder dar un paso sin toparse con alguno!

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