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Diario de Safari: Namelok Naretoi Safari. Día 6

Equipo de lujo en Loita Hills. De izquda a dcha: Victor de la Torre, Iñigo Torrens, Mogue Siloma, Paco León, Isabel Álvarez, Lentano Siloma y Topo Pañeda

8-4-2009 – Las puertas de Mara

Tras el desayuno tocó el farragoso y ya casi rutinario proceso de recoger el campamento, empaquetarlo todo, doblar las tiendas… La cara mala de llevar un campamento tan currado como este es precisamente eso, que cuantas más cosas traigamos más cosas hay que recoger. Menos mal que somos un buen equipo y la verdad es que con la ayuda de los masais al final no ha sido para tanto.

Tras las fotos de rigor, nos despedimos de nuestros amigos masais con muchas ganas de volver a verlos pronto. Me consta que ellos se alegran igualmente de vernos, se lo pasan muy bien con nosotros, nos tienen mucho aprecio y cambian totalmente su rutina, pero ellos nunca saben cuándo vamos a ir, simplemente aparecemos sin avisar (tampoco podemos avisarles!)…

Empaquetando y recogiendo el campamento

El camino entre Loita Hills y Mara me encanta. Lo he hecho varias veces y es una etapa de la que nunca me canso. Poco a poco las colinas se van espesando en vegetación y hay unas colinas más altas, prácticamente pequeñas montañas que separan el triángulo Serengeti, Loita y Mara. En esta zona apenas hay poblados y se ve bastante vida salvaje. Da ganas de acampar algún día por aquí. El último pasito antes de llegar al prácticamente comienzo de Masai Mara es cruzar Sand River, uno de los míticos ríos de esta zona.

Sand river nace en Loita Forest, atraviesa Loita Hills y se adentra en Masai Mara, formando la frontera con Tanzania hasta llegar al río Mara, al cual es afluente. Este río probablemente lo habréis visto en muchos documentales, ya que aunque aparentemente normalmente va con poca agua o prácticamente seco durante la época seca, de pronto puede experimentar grandes crecidas en cuestión de minutos, dependiendo de si ha llovido en las montañas. En época de lluvias es caprichoso, y puede ser dificil de cruzarlo. En sus repentinas crecidas en muchas ocasiones se lleva arrastras a algunos animales, ganado e incluso personas.

El Faru (Mercedes G) de Victor, empezando a cruzar Sand River

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Diario de safari: Mashariki safari. Día 3

DSCF6300.JPGAmanecer sobre el río Galana

16-9-08. Elefantes y acacias, cangrejos y palmeras

Noche espectacular, el brillo de la Luna iluminaba las aguas del Galana. Uno casi quería esforzarse por no dormir y escudriñar con los prismáticos las sombras de la ribera, e intentar identificar a todos esos visitantes. El sueño me podía pero dormí a saltos, levantandome de vez en cuando para echar un vistazo y escuchar los sonidos de la sabana. A eso de las 5 de la mañana, cuando ya casi se intuía los primeros rayos de sol, el indiscutible sonido de un león, de un león de Tsavo, quién sabe si descendiente de aquellos leones devoradores de hombres… otro macho le respondía. Estarían a 3 kilómetros del campamento, como mucho…

14Martín Pescador

No tardé mucho más en despertarme, salíamos muy temprano. A poco que empezó a clarear cargamos el coche con una enorme y exagerada nevera de camping y nos fuimos de nuevo al Galana Ranch con nuestro guía. El amanecer sobre el Galana era precioso, y la temperatura perfecta, apenas un poquito de fresco. Al llegar al punto donde cruzamos el río, un gran grupo de waterbucks se alejó sobresaltado. Yo quería haber tirado hacia la pista de aterrizaje, en dirección dónde apenas una hora antes había escuchado rugir a esos leones, pero al guía no le pareció muy buena idea y por desgracia no nos sobraba el tiempo, ya que habíamos quedado con Urko a comer en Malindi. Un pequeño lillac brested roller nos daba la bienvenida desde la punta de un matorral. Gerenuks, impalas, gacelas de Grandt…

DSCF6219.JPGGerenuk, antílope jirafa

El Galana Ranch fue en origen varios bloques de caza, en un lugar que es prácticamente una prolongación del Tsavo. Cuando llegó la independencia de Kenya y se prohibió la caza, los ánimos de progreso y prosperidad del gobierno, empujaron a querer convertir este Galana Ranch de aproximadamente unas 800.000 hectáreas (para que os hagáis una idea, la mayor finca de España tiene unas 14.000…) en la cabaña vacuna del país. Se intentó acabar con casi toda la fauna local, en especial grandes predadores, elefantes y búfalos para introducir miles de cabezas de ganado. No recuerdo el nº exácto pero era una barbaridad. Aún así nunca pudieron acabar con la abundante fauna. Años después el gobierno se convenció de que la idea no funcionaba (este habitat es muy seco y árido en la época seca) y el rancho fue una completa ruina. Entonces, como ha ocurrido en otros tantos lugares como el Área de Conservación de Ngorongoro en Tanzania o Save Valley en Zimbabwe, se volvió a la idea original, reducir el ganado y dar prioridad a la Conservación de la Naturaleza. Desde luego en esa barbaridad de terreno debería haber espacio para todo!

De hecho hoy en día la población de elefantes del Galana Rancha asciende aproximadamente a unos 1.335 ejemplares (según datos de 2005 del Grupo Especialista del Elefante de la UICN), lo cual es una cifra más que considerable (aproximadamente la misma que el Parque Nacional de Amboseli, aunque este es mucho menor).

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Avanzamos en dirección Norte, y tras atravesar el pueblo de guardas, empleados y maquinaria, nos adentramos de nuevo en una sabana cerrada, de matorral espinoso de color ceniza en contraste con el rojo del suelo. Avanzamos deprisa por una buena pista y vimos varios grupos de elefantes, muchísimos dik diks que cruzaban el carril como rayos. El paisaje entró en una cierta monotonía pero con una belleza especial acentuada por los brillos tempranos de la mañana. De vez en cuando se abría un poco el matorral y aparecía algún pozo y bebederos. En uno de ellos vimos un gran bando de gallinas de guinea.

Llegamos a una gran charca completamente seca a estas alturas del año, donde en temporada organizan tiradas de caza menor (la única modalidad permitida en Kenya). De hecho en el rato que estuvimos allí vimos pasar numerosas gangas y por las inmediaciones algunos francolines y codornices. Desayunamos allí, deseando tener más tiempo y llegar a unas colinas cercanas desde donde hacer un buen paseo y ver una buena panorámica del gigantesco Galana Ranch.

DSCF6330.JPGLos elefantes que asustaron al lechero…

Durante el camino de vuelta a Kulalu Camp, tuvimos una pequeña anécdota que resume un poco lo que es esta tierra. En mitad de la nada, en ese mar de arbustos espinosos, había un hombre haciéndonos señas. 300 metros más adelante había una bicicleta correctamente aparcada. Era un lechero. Nos dijo que había un par de enormes elefantes con malas pulgas al lado del camino y que no se atrevía a pasar. Le llevamos a su bicicleta y usamos el coche como escudo ante los dos colosos que no nos quitaban ojo. Que preciosidad el contraste de esas moles rojas (cubiertas de polvo) entre ese paisaje “en blanco y negro”… El lechero pedaleaba con fuerza y estuvimos un rato quitos, marcando al elefante y dándole una ventaja prudente al intrépido ciclista. Por supuesto no nos cruzamos con ningún turista.

DSCF6331.JPGEl lechero huyendo de los elefantes…

Dejamos con tristeza el precioso Kulalu, dejando atrás el gran Tsavo y el Galana Ranch, mirando con nostalgia la falla del Yatta Plateau y tanta sabana por explorar… Seguimos nuestro rumbo Este, hacia la costa, con destino a Malindi. Las dos horas y pico de camino fueron preciosas, cambiando ese paisaje árido por unas tierras fértiles y verdes, campos de piñas, cultivos, eucaliptus y un bosque gigantesco de cedros. Poco a poco se sentía la humedad de la costa y cuando aún teníamos los elefantes del Galana en la retina, de pronto llegamos al bullicioso caos bullanguero de Malindi, y aturdidos nos incorporamos al tráfico, a las tiendas, y a los muzungus italianos que pululaban de un lado a otro…Y finalmente el Índico, con una quietud amable y un azul acogedor…

DSCF6178.JPGTienda en Kulalu Camp

Tras comer con Urko en una terraza, Nos dirigimos al Norte, en un breve viaje en el cual volvimos a cruzar el Galana en su desembocadura… Y antes de darnos cuenta el coche avanzaba por la arena fina y bajo las palmeras que nos conducían a Che Shale. Increible pasar del polvo rojo de la sabana árida a estas enormes palmeras y a la arena blanca y fina de esta preciosa playa. Afortunadamente al ser una playa privada, está fuera del alcance de beach boys y buscavidas que no dejan de dar la lata al visitante. Una ducha meteórica en nuestra simple pero deliciosa cabaña y ya estabamos traje de baño puesto y kikoy en mano, dispuestos a remojarnos en el Índico. En la playa estaban dando una clase teórica de Kite surf, pero yo me fije más en una tumbona que parecía ser el no va más para una siesta. Tras bañarnos en el Índico y dar un paseo por el palmeral y las dunas, nos alucinó el atardecer.

DSCF6362.JPGChe Shale… se sale!

Antes de cenar estuvimos tomando una Tusker con Justin Aniere, quien además de tener origen español, se ha criado en el Galana Ranch. Justin nos dijo que tras criarse en esta sabana dura, entre Tsavo, Galana, y la costa de Malindi a Kiwayu, no quiere ni oir hablar de Masai Mara, donde hace 20 años que no va. Además es pionero en Kenya de Kite Surf, y ha fundado esta escuela, ya que además su playa reune las mejores condiciones para practicar este nuevo deporte naútico.

DSCF6403.JPGLa tumbona del sXXI

Tras una fantástica cena estuvimos un rato charlando en la playa, junto al fuego, y bajo una Luna que acababa de empezar a decrecer e iluminaba el mar y la costa, formando sombra a las palmeras en la arena… Una visión para recordar, colofón en un día en el que aunque parezca subrealista, comencé oyendo leones, pude ver elefantes, gerenuks y me bañé en el Indico en una playa paradisiaca… Esto solo puede pasar en Kenya.

DSCF6384.JPGAtardecer en Che Shale

Diario de safari: Mashariki safari. Día 2

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15-9-08. El país de los elefantes

Nos levantamos prácticamente al amanecer. Antes de desayunar y clandestinamente fuimos a dar un paseo por los alrededores del campamento. Esto es algo que nunca, y bajo ningún concepto debéis hacer sin estar acompañados de vuestros guías pues es realmente muy peligroso. Apenas nos alejamos unos pocos centenares de metros, pero era impresionante la cantidad de rastros de elefantes e hipopótamos que encontramos por todas partes, algunos de ellos prácticamente dentro del campamento. Es inevitable tener algún escalofrío y andar con mucha cautela por si algún  hipopótamo rezagado se encuentra aún fuera del agua o hay algún elefante tras la espesa vegetación de la ribera. Estuvimos un rato caminando por la orilla arenosa, analizando las huellas de lo que se había acercado esa noche a beber al río. Prácticamente todas eran de elefantes, en un número elevadísimo, y todas siguiendo un recorrido en U, llegando al agua y sin quedarse mucho tiempo por los alrededores volvían a emprender camino de regreso al interior de la sabana. Parecía que los elefantes no se sentían muy seguros en espacios tan abiertos.

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Después del desayuno salimos de game drive. Durante un buen rato Topo descansó de tantos kilómetros y estuve conduciendo yo. La mañana estaba preciosa, con sol y un cielo prácticamente despejado. Desde que salimos del campamento no paramos de ver rastro de elefante fresco por todas partes. Las huellas cruzando la carretera eran de esa misma noche y las había por todas partes, correspondiendo a pequeños grupos que iban y venían del río. Efectivamente no tardamos en ver a los primeros elefantes, que brillaban rojizos a la suave luz de la mañana. Todos los grupos siempre alerta y todos camino del interior del Parque. Alternaban los grupos de elefantes dik dik fugaces que cruzaban el camino como rayos, algún grupete de impalas, algún waterbuck o nos distraíamos observando grupos de hipopótamos tomando el sol en alguna isleta del Galana.

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En toda la mañana de game drive nos cruzamos con dos mini buses de turistas, que venían de Malindi. Visitar este parque es una gozada, sin turistas y con una sensación extra por lo salvaje y auténtico del paisaje y su fauna. Así estuvimos varias horas, avanzando despacio y sin dejar de asombrarnos por tanto rastro y rastro de elefantes. Un grupo aquí, otro allá, un macho por ahí, otra familia más allá… Una de las escenas más bonitas fue ver un grupo grande, unos estaban aún bebiendo en pleno cauce del río y otros fuera del agua, en la otra orilla del Galana y subidos caprichosamente a unas grajdes rocas. Dos enormes matriarcas tomaban las decisiones y cuando nos vieron bajarnos del vehículo levantaron las trompas, y al tomarnos el aire resoplaron y se dieron la vuelta, avanzando hacia la meseta de Yatta.

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Diario de safari: Mashariki safari. Día 1

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14-9-08. Rumbo Este! Destino “un lugar de matanza”

Tras unos días en Nairobi volvemos a ponernos en marcha tras nuestro “Kaskazini Safari“, en este caso íbamos a poner rumbo Este (Mashariki) hacia la costa. En los días de descanso en Nairobi el Mercedes pasó por boxes, y aunque sigue sin diferencial y por tanto con el 4×4 inutilizable, el coche iba como una seda. Salimos bastante temprano de un Nairobi nublado y amenazante de lluvia pero completamente calmo  y desierto, muy distinto de los bulliciosos y caóticos días del resto de la semana, y no encontramos tráfico hasta llegar a las obras de la carretera de Mombasa. Hicimos una pequeña parada en Athi River, donde vimos a la hermana de Shukri. Tras la breve parada continuamos camino alegremente y con buena música.

Durante la ruta por la carretera de Mombasa, que aunque está casi peremnemente en obras y nunca terminada del todo, está por lo general bastante bien (salvo la salida/entrada a la capital keniata), uno se da cuenta de los peligros de estas carreteras, sobre todo por el enorme tráfico de camiones (Mombasa es el mayor puerto del Este de África, al que llegan diariamente cientos de contenedores que luego son repartidos por el continente). Cada pocos kilómetros se suele ver un camión que se ha salido de la carretera o ha hecho la tijera y ha esparcido su carga por todos lados. Sin embargo el camino es bonito, y antes de llegar a Mtito Andrei vimos numerosas gacelas a ambos lados de la carretera: gacelas Thomson, hartebeest y algún ñú, en tierra de nadie y completamente fuera de Parques.

En Mtito Andrei paramos a picar algo y a llenar el tanque de gasóleo (no veríamos muchas más gasolineras hasta Malindi”. Continuamos camino y el paisaje se iba volviendo completamente estilo Tsavo, a la derecha de la carretera quedaba el Tsavo Oeste, a la izquierda el Tsavo Este. La siguiente parada fue en el Puente de Patersson, el lugar donde los famosos “Leones devoradores de hombre de Tsavo” mataron y se comieron a unos 140 trabajadores del ferrocarril, el llamado tren lunático. Poco más adelante estaba la puerta de Manyani, donde entramos en el Parque Nacional de Tsavo Este. Tras registrarnos (para evitar un escándaloso caso de corrupción en el Kenya Wildlife Service, hay que llevar las entradas prepagadas en una tarjeta electrónica), entramos en el Parque y nada más cruzar la barrera vimos la primera escena insólita: dos grandes marabúes se peleaban furiosamente ante la atenta mirada de otros tres congeneres. La zona ajardinada de recepción del Parque era el ring, y el combate lo seguían muy de cerca. Parecían recordarnos el significado de Tsavo en maa (lengua masai): “Lugar de matanza”

DSCF5829.JPGEl Parque Nacional de Tsavo Este, junto a su gemelo vecino de Tsavo Oeste, forman una zona de protección y conservación de la Naturaleza más grande que el Parque de Serengeti en Tanzania y prácticamente igual de grande que el célebre Parque Kruger de Sudáfrica. En total son más de 18.000 k² de inmensidad, que entre otros tesoros albergan la mayor población de elefantes de Kenya censada en aproximadamente 9.100 ejemplares (según datos de 2005 del Grupo Especialista del Elefante de la UICN); una barbaridad si tenemos en cuenta que en todo Kenya hay censados algo menos de 25.000 elefantes.

Durante finales de los 70, la zona de Tsavo contaba con una cierta superpoblación de elefantes, que se puede ver reflejada en las famosas fotos aéreas de Peter Beard; unos años de terrible sequía diezmaron la población de elefantes, muriendo decenas de miles, y lo que es peor creando un comercio ilegal de marfil (los bandidos shiftas solo tenían que ir de cadaver en cadaver y recolectar los colmillos), que desembocó en un tráfico ilegal mafioso, ya que cuando esas sequías cesaron, el mercado estaba creado y comenzó la caza furtiva para obtener el marfil. A este episodio negro de la Historia de Kenya se le llamo “la crisis del marfíl”, y por desgracia estuvieron implicados numerosos altos cargos de Medio Ambiente.

Hoy en día la población de elefantes goza de buena salud y constante crecimiento. Sin embargo, al explorar el Tsavo se encuentran elefantes con peor genio que en otros Parques como Mara o Amboseli, ya que los mayores aún se acuerdan de los malos tiempos y las matanzas, y probablemente vieran a congeneres morir a manos de furtivos, por lo que siguen recelando del hombre. Si hoy en día es increible comprobar la gran densidad de elefantes que hay, ya no solo por los que se pueden ver sino por encontrar rastros de ellos en cualquier rincón al que se mire (huellas, ramas rotas, excrementos…), no logro imaginarme lo que debió ser hace 30 años!! No se debería poder dar un paso sin toparse con alguno!

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Las fotos de… Merche y Rafa (II)

11Elefantes en Amboseli

Segunda entrega de las fotos de Merche y Rafa en Kenya, septiembre de 2008

13Dos jirafas reticuladas en Shaba

52León macho en Masai Mara

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Chobe, mucho más que elefantes (II)

Detalle de un cocodrilo

Un paseo en lancha por las riveras del río Chobe ofrece posibilidades de ver una gran cantidad y riqueza en cuanto a fauna. La experiencia de ir en lancha es buenísima, pues te ahorras los baches y los botes que vas dando con un 4×4, la polvareda y la sensación de navegar por esas aguas es muy cómoda y estimulante. Además me quedé sorprendido de (probablemente por hacer menos ruido), la distancia a la que se dejaban acercar los animales. Nunca me habían aguantado tanto los cocodrilos o los hipopótamos, por poner un ejemplo… Podéis comprobarlo en las siguientes fotos. 

Grupo de hipopótamos, el gran macho no quita ojo…

“Saca tus dientes al sol…”
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Chobe, el jardín de los elefantes (I)

Elefante macho joven, literalmente “poniendose chulito”

Cuando pienso en elefantes hay varios lugares y momentos que se pasan por mi mente. Uno de los más especiales, sin ninguna duda, es el precioso Chobe. Abundancia de agua y de comida hacen de este Parque un auténtico paraíso para el mayor mamífero terrestre del mundo.

Los elefantes del cono Sur de África son los mayores de África, siendo más de un cuarto más grandes y pesados que sus primos del Este de África. Mientras que los típicos elefantes de Kenya, Uganda o Tanzania, o incluso Mozambique son característicos por sus colmillos finos y largos, que casi llegan a cruzarse, los elefantes de esta región del continente tienen los colmillos algo más cortos pero mucho más gruesos.

El Parque Nacional de Chobe es el segundo más grande de Botswana, cubriendo una gigantesca extensión de 10.500 kilómetros cuadrados. Este parque se enorgullece de tener la mayor población fija de elefantes de toda África, la cifra está entorno a los 120.000 paquidermos, lo cual no deja de ser una barbaridad y el ecosistema de Chobe lo empieza a notar en su flora, cada vez más castigada.

Típica imagen de Serondela

El Gran Chobe está dividido en cuatro zonas, que forman cuatro ecosistemas diferentes:

Serondela, que no es más que la ribera del río Chobe. Es la más visitada y tiene a la pequeña ciudad de Kasane como referencia. El paseo más espectacular se hace en lanchas, siguiendo la ribera del río y viendo los animales en las orillas, dentro del agua o, en temporada muy seca, dentro de las islas del río. En esta zona el río Chobe hace de frontera entre Namibia (en la franja de Caprivi) y Botswana. En estos boat rides se pueden ver muchos elefantes, cocodrilos, hipopótamos, impalas, kudus, búfalos y algún otro mamífero que se acerca a beber al río. También se pueden recorrer en 4×4, teniendo una perspectiva preciosa del río. Sin duda lo más espectacular son los elefantes dentro del agua.

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