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En las aguas del Pantanal (I) – El Reino del Jaguar

El pantanal desde el aire muestra todo su esplendor y dimensión

Todo amante de la Naturaleza suele tener predilección por algún ecosistema en concreto. Hay amantes de la alta montaña, de las costas y mares, de las selvas y bosques primarios. Los hay enamorados de las vastas sabanas y estepas, de los hielos árticos y antárticos, de los desiertos yermos… y por supuesto, hay auténticos fanáticos de los humedales, que sin duda son uno de los habitats más espectaculares por su abundancia de fauna y avifauna. Uno de los humedales más importantes del mundo es también uno de los más desconocidos. Se trata de un lugar asombroso donde conviven jaguares, pumas, ocelotes, osos hormigueros, millones de caimanes, capibaras, venados de los pantanos, búfalos de agua, tucanes, jabirúes, guacamayos y un incontable número de especies. Este lugar se encuentra en Brasil, un país que aunque parezca mentira es un paraíso aún prácticamente inédito para el turismo, y que solemos relacionar tan solo con sus carnavales, su música, sus futbolistas y en todo caso con las selvas y riberas del Amazonas. Ese lugar es el Gran Pantanal de Mato Grosso.

EL GRAN HUMEDAL: Situado al Sur de Brasil, en los estados de Mato Grosso y Mato Grosso do Sul, el Pantanal es un gigantesco humedal que abarca más de 200.000 km2, extendiéndose por la cuenca del alto Paraguay, río al cual abastece anualmente de agua desde su emplazamiento en las confluencias de Brasil con Paraguay y Bolivia. Con esta extensión, cercana a la mitad de la superficie total de España, es uno de los humedales más grandes de la Tierra.

El Pantanal en sí no es más que una enorme planicie que se inunda en la época de lluvias y se retira hacia el río Paraguay al llegar la estación seca, formando incontables lagunas, algunas dulces y otras saladas, en torno a las cuales hay una vida salvaje abundantísima y muy importante por su riqueza y variedad.

El ciclo aluvial del Pantanal comienza hacia finales de octubre, cuando la lluvia empapa el suelo y el nivel de las aguas aumenta hasta lograr desbordar el río Paraguay y sus principales afluentes, inundando gradualmente las tierras adyacentes hasta que hacia febrero o marzo, final de esa época húmeda o cheia, tan solo unas pocas colinas y los tupidos bosques de galería quedan por encima de la superficie del agua. Los pantaneiros, nombre que reciben los cowboys locales, crean diques y montones de tierra para usarlos de caminos durante la época húmeda. Más tarde, durante la estación seca, entre mayo y septiembre, el agua se retira hacia sus cauces habituales dejando tan solo lagunas y todo el territorio anteriormente inundado se transforma en ricas praderas por donde pasta el ganado hasta las próximas inundaciones.

Capibara, el roedor más grande de Sudamérica

EL PANTANAL Y EL GANADO: Por todo esto, hace falta mucha tierra para criar el ganado, ya que más de la mitad del territorio permanece inundado varios meses al año, así que desde finales del s. XIX el Pantanal ha estado dividido en enormes fincas llamadas fazendas, algunas de las cuales alcanzaron en el pasado superficies de hasta 250.000 hectáreas. Estas fazendas han sido tradicionalmente ganaderas, adaptando esta actividad al ciclo anual del agua.

Es precisamente este ciclo tan radical y extremo, esta forma tradicional de entender la ganadería sumado a la gigantesca extensión del Pantanal y sus fazendas lo que ha protegido al pantanal y lo ha mantenido prácticamente intacto, alejado de la presión del progreso, la agricultura extensiva y las industrias que a lo largo y ancho del planeta han acabado con humedales de importancia, ya que estos ecosistemas tienen una belleza tan enorme como su fragilidad. De esta degradación no hay mejor ejemplo que nuestro país, cuyos humedales, probablemente los más importantes de Europa, han sufrido un acoso y una destrucción progresiva ante la pasividad y la ineptitud de los sucesivos gobiernos y responsables de política medioambiental. La caza se ha visto perjudicada tan de primera mano que los relatos legendarios de cacerías de aves acuáticas como los del Lucio del Cangrejo, la Laguna de El Taray y otros tantos lugares, pertenecen al pasado y parecen imposibles en los tiempos actuales.

Sin embargo el Pantanal ha tenido la suerte de ser un territorio casi inaccesible, en el cual durante la época húmeda es imposible avanzar y durante todo el año sus caminos permanecen prácticamente impracticables.

En diciembre de 2005, acompañando a mi amigo y maestro el doctor Mauricio Llodio, tuve el gran privilegio de hacer una interesantísima exploratoria al Pantanal Matogrossense. El abuelo de Mauricio emigró desde el País Vasco al Mato Grosso a principios del siglo pasado, con lo que tiene en Brasil y especialmente en Mato Grosso una gran familia que nos recibió de una manera tan cariñosa que comprendí inmediatamente la saudade (nostalgia) brasileña que tan frecuentemente le entra a mi amigo. Nuestro anfitrión fue su primo Marco Antonio de Moraes, amante de su tierra, y el propósito del viaje era hacer una prospección para empezar a organizar viajes turísticos al Pantanal e identificar proyectos de Conservación del Medio Ambiente para la Fundación Coopera, que preside Mauricio.

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