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Las fotos de… Ra

Ra, desde Vitoria, me manda unas preciosas fotos de un safari diferente. Se trata de un viaje por Australia en el que visitó maravillas de la Naturaleza como Fraser Island o el Parque Nacional de Kakadu. Australia es un destino al que le tengo muchas ganas y está casi a las cabezas de mis “pendientes”.

Fraser Island, Australia
“Vista de lo que allí llaman Billabongs, donde hay tierra pantanosa. No se aprecia la cantidad de animales que había.”

“El viaje lo hize en el 2003. Ahora tengo 24 así que entonces tenía unos 20 años. Me fuí a Australia con un amigo con el seguro turístico solamente. Una vez allí nos compramos una furgoneta que había pasado por no se cuanta gente y dimos la vuelta entera al país sin entrar en australia occidental (Perth). Nos recorrimos el país de sur a norte con los desiertos que implica. En este recorrido hicimos dos safaris, que contratamos en los mismos albergues donde dormiamos. El de Kakadu, el parque nacional donde se rodó Cocodrilo Dandee, ibamos con otras 4 personas y el guía. Visitamos el parque, los billabongs, cascadas (Jim Jim Falls), pinturas rupestres, dormimos a la intemperie en la sabana, termiteras el triple de grandes que yo, vimos caguros, wallabies, emus, cocodrilos de agua salada… 3 días inolvidables. Para ver Fraser Island, en cambio, contratamos un safari en el cual nos daban el Jeep, la comida, las tiendas de campaña y el recorrido. Entonces eramos los integrantes del grupo los que llevabamos el jeep. Fraser Island es la isla de arena más grande del mundo donde la fauna y flora es bastante pobre pero peculiar. Flora, pues arbustos y matorrales que pueden sobrevivir en la arena y fauna los famosos Dingos, los perros salvajes australianos. La peculiaridad que tiene esta isla y que a mi me impresionó fue un lago de agua salda que tiene en el medio pero que parece una playa tropical por la arena tan blanca que tiene. Bueno, aparte no hace falta que diga las playas que puede tener una isla solo de arena… interminables.

 

Luego aparte de estos safaris hize bastante paseos por el desierto, sabana, selva y bosque. Algunos de ellos nocturnos para ver todo tipo de animales nocturnos. Ah, se me olvidaba, ví ornitorrincos.

Fraser Island, Australia
“Dunas de Arena en Fraser Island”

Kakadu, Australia
“Parque Nacional de Kakadu, otro safari que hicimos por ahí”

Fraser Island, Australia
“Jeep del safari por Fraser Island – Australia, la isla de arena más grande del mundo”

Ra además tiene un blog de viajes llamado Viajando por el Mundo, que realmente recomiendo pues además de los relatos de viajes y comentarios sobre actualidad del mundillo viajero del propio Ra, anima a todos los viajeros a enviarle un relato y fotos de sus viajes.

Recordar que podéis mandarme fotos de vuestros safaris por email y las publicaré en la categoría “Tus fotos”.

Fotos: Ra

Tras los pasos de la Gran Migración (I)

Nyumbu na Punda Milia Mingi. (Muchos ñúes y cebras)

Tras los pasos de La Gran Migración

 

La Diligencia rodeada de ñúes. Masai Mara, Kenya, septiembre de 2006

África ha cambiado, África no es lo que era. El crecimiento demográfico y el desarrollo de la población han ido reduciendo los espacios abiertos y cambiando la imagen tradicional de tierra virgen e inexplorada repleta de fauna salvaje. Las vallas han aflorado en muchos países, delimitando Parques y Reservas para preservar la fauna y reintroducir especies que, en muchas ocasiones, han sobrevivido gracias a esta iniciativa. Pero, ¿todo África? Afortunadamente, no. Aún quedan vastas regiones que mantienen esas grandes concentraciones de animales con las que todos hemos soñado al leer las narraciones de los safaris más clásicos. Sin duda la del ecosistema Serengeti – Mara es la mayor de ellas, un enorme trozo de África de aproximadamente unos 30.000 km².

Enormes, gigantescas manadas de ñúes y cebras extendiéndose kilómetros y kilómetros por grandes praderas, buscando los brotes más frescos y llenando la sabana del sonido de su bramido y de un rastro de muerte, de los miles que no completarán el ciclo pero que a su vez sirven de alimento a depredadores y carroñeros. Se trata ni más ni menos que de la mayor concentración de mamíferos del mundo, el ecosistema de La Gran Migración de ñúes y cebras, que se desplazan anualmente entre Kenya y Tanzania.

LA GRAN RUTA: La Gran Migración es un ciclo anual que no para ni descansa, cada ñu comienza una peregrinación constante al nacer que no se ve interrumpida hasta su muerte. Comprende alguno de los Parques y Reservas más célebres de ambos países: Parque Nacional de Serengeti, Reserva de Animales de Masai Mara, Áreas controladas de Ikorondo y Loliondo y Área de Conservación de Ngorongoro.

 

Topo Pañeda en la Migración. Masai Mara, Kenya, septiembre de 2006

La ancestral ruta sigue las agujas del reloj. Empieza a entrar en Kenya, por el Este de Masai Mara entre finales de junio y principios de julio y se queda en la sabana keniana hasta octubre, llegando no solo de Tanzania sino también de zonas adyacentes como Transmara o mis memorables colinas de Loita; de allí baja hacia la zona de Lobo, en el Norte de Serengeti, y va bordeando el Parque, internándose en la Reserva de Loliondo, por donde transcurre, repartida entre la zona Este de Serengeti y el Oeste de Loliondo hasta llegar en enero al Área de Conservación de Ngorongoro, concretamente a las célebres llanuras de Ndutu, que abandona a finales de marzo para empezar a regresar al Norte, hacia el corazón de Serengeti: Seronera, famoso por su gran concentración de grandes felinos; luego sigue el cauce del río Mbalageti para adentrarse a finales de mayo en el corredor Oeste del Parque, su conexión natural con el Nyanza, el mítico Lago Victoria, tras el cual volverá a la zona Norte, a los bosques de la Reserva de Ikorondo y Lobo, para llegar a cruzar el Sand River y entrar en Kenya de nuevo.

Tras los pasos de la Gran Migración (II)

 

Ñues a punto de cruzar el Mara. Kenya, septiembre de 2005

 

 

LOS ORIGENES Y HÁBITOS: Las grandes manadas que componen la Gran Migración comprenden aproximadamente 1,7 millones de ñúes de barba blanca, unas 300.000 cebras de Burchell y cerca de medio millón de gacelas de Thomson. Se sabe que esta ruta es realmente ancestral, y probablemente pudo ser observada por los primeros homínidos, los más antiguos del planeta, como fueron los restos de australopithecus afarensis encontrados por los Leaky, familia de célebres antropólogos, en la garganta de Olduvai, situada en plenas llanuras de Ndutu, donde se han encontrado las primeras huellas del Hombre sobre la Tierra.

 

Tan ancestral es la ruta de estos animales que no se detuvo cuando a principios de los años 60 el gobierno de Tanzania, en su ánimo de “desarrollar” la agricultura y ganadería del país, plantó una enorme valla de alambre de espino para intentar evitar que los ñúes se adentraran en el área de Ngorongoro. Tal y como Myles Turner, Guarda Mayor del Parque de Serengeti, contaba a Peter Matthesian en su imprescindible “El árbol del que nació el hombre”: – “Intentaron interferir con algo que millones de animales han seguido durante miles de años, fue maravilloso ver como esos animales la aplastaron y siguieron su camino, yo uso ahora los postes como leña” -.

 

 

Abriendo paso. Kenya, septiembre de 2005

Sin embargo no fue hasta finales de los años 50, ya en el siglo XX, cuando se empezaron a hacer estudios de las poblaciones, rutas y periodicidades del ecosistema Serengeti – Mara. En 1957 el profesor Bernhard Grzimek, Presidente de la Sociedad Zoológica de Frankfurt, y su hijo Michael, llegaron a Tanzania, compraron una avioneta pintada con rayas de cebra y comenzaron una investigación que además de concluir con la descripción de las pautas de un patrón definido en los movimientos migratorios y su importancia en la conservación de cientos de especies con las que conviven, se resumió en la película documental ganadora de un oscar “Serengeti no debe morir”, que supuso un gran éxito de audiencia, puso en conocimiento del gran público el nombre de Serengeti y fue una bandera para conservacionistas. El mismo Grzimek en su programa de televisión “A Place for Wild Animals” animó a los germanos a fletar vuelos charters e ir a ver por sí mismos las maravillas de este gran Parque, iniciando así un nuevo interés por los safaris fotográficos. Además coincidió con que, tras benignos años de lluvias y superar enfermedades, la población de ñúes aumentó del cuarto de millón al aproximadamente más de millón y medio que hay en la actualidad. Michael Grzimek murió en un accidente de aviación al año y medio de comenzar la filmación, su padre falleció en 1987; ambos están enterrados en pleno anillo del cráter de Ngorongoro, y sus tumbas son visitadas diariamente por muchos turistas que siguen los pasos de aquellos que animaron a visitar y conocer estas tierras.

 

La realidad es que los movimientos de la Gran Migración están condicionados por el clima. Las enormes praderas de Serengeti (que en lengua masai, máa, significa “llanura sin fin”) reciben agua tan solo en la época de lluvias, lo que es insuficiente para mantener una provisión de comida tan grande como para abastecer a poblaciones tan enormes durante todo el año. La zona más húmeda de este ecosistema es Masai Mara (en máa, “tierra moteada”), bendecida por numerosas lluvias desde noviembre hasta junio y con numerosas tormentas en la seca, a lo que se suma la fuente permanente de agua que suponen los ríos Mara y Talek, y es por lo tanto una fuente de pastos frescos para los grandes rebaños cuando empiezan a escasear en Serengeti tras la estación húmeda.

 

Los ñúes avanzan en pacífica coexistencia con las cebras, las cuales pese a no ser animales de rebaño, sino más bien de grupos encabezados por un semental, se sienten protegidas en la manada de sus compañeros de barba blanca. Ni siquiera sufren competencia en las épocas de escasez de pastos, ya que mientras las cebras prefieren los tallos y brotes altos, los ñúes son gourmets de la hierba corta. Los ñúes avanzan en la mayor parte de la travesía en grupos de hembras con crías por un lado y en grupos de machos por otro, y viven en constante alerta, pues se saben en la base de la pirámide alimenticia de la sabana.

Tras los pasos de la Gran Migración (III)

 

La gran migración y un hipo! Masai Mara. Septiembre de 2005

LA GRAN PARIDERA: Tras la estación corta de lluvias, los animales llegan a las abundantes praderas de las llanuras de Ndutu, en el Área de Conservación de Ngorongoro. Es precisamente aquí, entre diciembre y enero cuando nacen las crías de las cebras, y en febrero cuando tiene lugar uno de los espectáculos más insólitos de la Naturaleza, la gran paridera de los ñúes, el nacimiento en poco más de dos semanas de cerca de medio millón de crías de ñúes, muchas de las cuales son presas de hienas, chacales y demás alimañas al poco tiempo de nacer, ya que la Gran Migración siempre arrastra tras de sí una gran cantidad de carroñeros y depredadores. Los supervivientes tendrán poco tiempo para coger fuerzas y emprender el largo camino hacia el corredor Oeste. Para los masais, dueños por derecho de estas tierras, los rebaños de animales salvajes son una gran competencia para sus vacas, y siempre culpan a los ñúes de las enfermedades y de envenenar las aguas con sus placentas. Cuando uno cruza Ndutu durante el invierno, camino de Seronera, le parece increíble que esa llanura desértica en la que apenas queda una gacela entre las nubes de polvo pueda albergar semejante espectáculo lleno de vida.

 

El precioso corredor Oeste de Serengeti es una zona boscosa, la migración se desliza entre los bosques, evitando además las zonas más húmedas, ya que el suelo en esta zona es del llamado “black cotton soil” (barro de algodón negro), un auténtico engrudo para las finas patas de estos cortacéspedes cuadrúpedos, y marchan formando kilométricas columnas. Al cruzar el río Grumeti tienen los primeros contactos con los hambrientos cocodrilos, que llevan un año esperando para saciar su hambre.

 

LAS FAUCES DE MARA: El mejor momento para visitar Masai Mara es sin duda de julio a octubre. Las suaves colinas de la Reserva están repletas de animales, los animales están completamente hastiados, abunda la comida, tanto para los herbívoros como para los carnívoros. Leones, guepardos, leopardos, hienas, chacales, servales y otros muchos duermen con las panzas llenas. Los buitres llenan el cielo sin saber bien a qué cadáver atender primero. Tan solo los elefantes prefieren irse a zonas más tranquilas, molestos por la gran multitud. Cuando los rebaños se han saciado en la zona Este, desde Sand River al Talek, se enfrentan al mayor reto en su largo viaje, y sin duda a una de las más famosas estampas de la Gran Migración: el peligroso cruce del río Mara, repleto de gigantescos cocodrilos.

 

Buitre sobre ñú. Mara river. Kenya. Septiembre de 2005

 

La misión de vadear el río se les antoja peligrosa y arriesgada a los ñúes, que parecen alterarse y mostrar un cierto estado de nervios y de ansiedad. Se van concentrando en las riberas del río Mara, que en esa época, gracias a las lluvias de las montañas Mau, donde nace el río, y a su afluente Talek, baja con un generoso caudal. El nerviosismo y el ansia por cruzar se apodera de la manada, y van recorriendo la orilla Este buscando un punto adecuado para cruzar. Las querencias naturales establecen numerosos puntos de cruce, fácilmente identificables por la erosión de las laderas del cauce, sendas de los animales, rastros de hipopótamo y ausencia de vegetación. Sin embargo inexplicablemente a veces se lanzan por cuencas más empinadas y abocados al desastre son arrastrados por la corriente, demostrando lo gregarios que llegan a ser estos animales, y siembran de cadáveres los meandros del Mara, que sirven de despensa a los cocodrilos, buitres, marabúes y otros carroñeros.

 

Cuando se reúnen en un punto de cruce, excitados y ansiosos braman hasta que uno de ellos asume el liderazgo, se aproxima al borde intentando atisbar algún peligro y decidido se lanza al agua, animando al resto de indecisos compañeros que se lanzan tras él en fila india, iniciando una frenética carrera que en ocasiones acaba con numerosos individuos pisoteados hasta morir. En muchas ocasiones, estos cruces son observados de cerca por enormes cocodrilos, algunos de más de seis metros de largo, que año tras año han sabido perfeccionar su técnica y con suma facilidad arrancan ñúes a la columna y no tardan en devorarlos entre sus gigantescas fauces. Si durante el cruce, tan solo uno de los ñúes duda y da marcha atrás sobre sus pasos, el resto, histérico, emprenderá una deshonrosa retirada, mientras los miembros de la manada que han conseguido cruzar les animan bramando desde el otro lado del río, y no reemprenderán el camino hasta que los restantes se hayan atrevido a cruzar. Las cebras, a su vez, cruzan mimetizadas en la columna de ñúes, aprovechando el cruce de los barbudos para aumentar sus posibilidades de supervivencia.

 

Una vez superado el mal trago de cruzar el río, pastarán por las verdes colinas de Mara Oeste, salpicadas de acacias “paraguas”, que forman la imagen de la sabana más clásica. Sin embargo estos viajeros no estarán seguros del todo, ya que tanto durante la noche como por el día los rebaños son atacados por clanes de leones, grupos de hienas, parejas de guepardos y otros depredadores que ven cómo en esta época tienen la despensa a rebosar. En octubre, antes de regresar a Tanzania, volverán a cruzar el Mara en dirección opuesta, tiñendo sus aguas de barro y sangre.

 

Por todo esto, por ser uno de los mayores espectáculos que la Naturaleza ofrece en el Mundo, por ver la abundancia en su máxima expresión, por ver además de los ñúes y cebras, las gacelas, cientos de leones, miles de búfalos, jirafas, elefantes, impalas, facocheros, leopardos, guepardos, e incluso rinos, además de más de 500 especies de aves, merece sin duda la pena darse una vuelta, aunque sea con el rifle enfundado, por las zonas más míticas de las Tierras Altas de África.

 

Guepardo con presa. Sand River. Frontera Kenya y Tanzania. Septiembre de 2006

¿Qué llevar a nuestro safari?

 

Cargando la Diligencia. Nairobi. Kenya, agosto de 2005

Aunque tampoco hace falta seguirlo al pie de la letra, este podría ser el packing list de lo imprescindible para el equipo de safari fotográfico. ¡Ojo! que esto también dependerá del país y la época en que se vaya. Esta lista puede ser ideal para un safari por el Este de África:

 

Cargando la Diligencia. Nairobi. Kenya, agosto de 2005

– Ropa cómoda y ligera, pantalones cortos, y camisetas. Se recomiendan los pantalones desmontables por su comodidad.
– Calzado cómodo. Para walking safaris unas botas tipo chiruca de verano, a ser posible que no sean nuevas y a estrenar para evitar rozaduras. No es necesario botas de goretex ni demasiado calientes. En el coche se suele ir descalzo ya que para observar bien a los animales, irán de pié sobre el asiento, asomados al techo. Un calzado cómodo, náuticos, sandalias o zapatillas de deporte es lo perfecto para los desplazamientos en coche.
– Sombrero o gorra. Es recomendable llevarlo en el coche para no llenarse el pelo de polvo.
– Impermeable. A ser posible plegado y ligero. A excepción de abril y mayo es muy raro que llueva.
– Un forro polar como ropa de abrigo será suficiente para las noches y una sudadera para las mañanas.
– Mochila para llevar efectos personales a mano durante los game drive.
– Se recomienda una funda impermeable para el material fotográfico y de video.
– Linterna de bolsillo.
– Pilas y baterías de repuesto para los aparatos electrónicos.
– Material fotográfico suficiente. Carretes, tarjetas de memoria, cintas de video, etc.
– Adaptador de enchufe europeo a británico (tres puntos de enchufe).
– Pequeños candados para cremalleras de mochilas y bolsones.
– Un bolsón vacío para los souvenirs y compras. Altamente recomendable.
– Crema protectora para el sol y after sun. Mucho cuidado con las quemaduras
– Gafas de sol. Durante los desplazamientos en coche son muy recomendables por el polvo.
– Billetes pequeños y cambio para comprar souvenires. Moneda local y billetes pequeños de dólares.
– En caso de hacer camping, saco de dormir de verano.
– Preferiblemente bolsones de viaje, no es aconsejable maletas rígidas, en especial para safaris con camping o grupos grandes.
– Prismáticos potentes. Muy importante.
– Repelente de insectos.
– Block de notas para apuntar nombres de lugares, personas, especies vistas. Un diario puede ser un recuerdo inolvidable.
– Toallitas humedas para quitarse el polvo.
– Caramelos para los niños de los poblados.
– Guía de bolsillo de mamíferos y de aves de África Oriental.

 

Con Nacho en el ro Mara. Masai Mara, Kenya, agosto de 2005

Tarangire, el jardín de los baobabs

 

Cuando pensamos en África nos vienen a la cabeza muchas imágenes. Probablemente estás imágenes corresponderán a siluetas de elefantes, leones, jirafas, rinocerontes o cualquiera de estos míticos animales. Sin embargo para mi si hay algo evocador de África son las siluetas de sus árboles: Las acacias, en cualquiera de sus variedades, y sobre todo el baobab.

 

El baobab, el árbol del que nació el hombre (Peter Mathiessen dixit), esos viejos y enormes ancianos testigos mudos del paso del tiempo y de la Historia. El baobab, ese árbol que todos conocemos por el inmortal libro de Saint Exupery, El Principito y que tanta simbología tiene en muchas culturas africanas. Siempre se ha dicho en las leyendas locales que el baobab es especial porque crece al reves, ya que sus escasas hojas dan la sensación de que es un árbol con las raices en las ramas. Los baobabs ofrecen un paisaje africano por excelencia, propio de tierras algo más bajas que las de las grandes sabanas de Serengeti y Masai Mara. Y este paisaje es el impresionante encuadre del Parque Nacional de Tarangire.

 

 

Elefante en Tarangire. Tanzania, agosto de 2004

El Tarangire está situado en el Norte de Tanzania, al Sur del cráter de Ngorongoro y muy cerca del lago Manyara. Forma parte por lo tanto del llamado “Circuito Norte” de Tanzania. Probablemente es el más desconocido, junto con el Parque Nacional de Arusha, de los Parques de dicho circuito. Llegar a Tarangire es un corto y cómodo viaje por buena carretera de algo menos de dos horas desde la ciudad de Arusha, la llamada capital de los safaris del Norte de Tanzania.

 

Tarangire es un Parque muy extenso, de aproximadamente unos 2.600 km². Sin embargo por lo general tan solo se visita la mitad Norte, ya que la mitad Sur es muy pantanosa y apenas hay pistas. El ecosistema de este Parque lo marca el río Tarangire, que lo cruza de Norte a Sur. La abundancia de agua en Tarangire hace que en la época seca atraiga a muchos animales de las zonas circundantes como las Reservas de Caza de Mto wa Mbu y Simanjiro. Se produce una pequeña migración, no tan grande como la del ecosistema Serengeti-Mara pero que hace que entre agosto a noviembre sean los meses más atractivos para visitar el Tarangire.

Tarangire. Tanzania, agosto de 2004

 

El paisaje, además de los ya mencionados baobabs, se caracteriza por ser suaves planicies arboladas, en las que además de baobabs hay árboles de ébano y caoba, albicias, tamarindos, higueras, acacias paraguas, candelarias y palmera de sabana. La vegetación es más abundante en las riberas del Tarangire, siendo muy característica esa combinación de palmeras y baobabs.

En cuanto a la fauna, si algo destaca de este Parque es la abundancia de elefantes. Además al ser tierras bajas y por tanto más calurosas, es posible ver leones descansando en las ramas de los árboles, algo que no es frecuente en la mayor parte de África. Además de jirafas, búfalos, leopardos, guepardos, impalas, cebras y otras especies habituales, es posible ver cierto tipo de fauna ausente en el resto del circuito Norte como el kudu menor, el orix o incluso el antílope sable. Siempre me ha llamado la atención cada vez que he ido la enorme cantidad de babuinos.

En estas zonas bajas sigue habiando mosca tse tse. Esto no debe asustar  ya que en esta zona la enfermedad del sueño está erradicada y no hay nada que temer más que un molesto mordisco, ya que la tse tse no deja de ser un tábano. Es posible que al entrar al Parque por Kwa Kuchinja los rangers den un fumigado a las ruedas y carrocería del vehículo, pero no es más que un preventivo de distintas enfermedades que afectan a bóvidos como el búfalo.

Ro Tarangire, Tanzania. Agosto de 2004

 En definitiva, en mi opinión Tarangire es un Parque imprescindible, obligado de visitar en su buena época si se desea hacer un safari por el Norte de Tanzania. Tiene una gran variedad de paisaje genuinamente africano y una atmósfera y sabor del que carecen otros sitios. Ver un gran grupo de elefantes refrescarse en el río… eso es África…

Baobab en Tarangire. Agosto de 2004. Tanzania

Las fotos de… Carol

Carol, de Madrid, ha sido la primera en mandarme sus fotos favoritas de sus safaris. En este caso se tratan de dos preciosas fotografías tomadas en Botswana y Zimbabwe, aunque no me especifica la fecha.

Recuerda que puedes mandarme fotos de tus safaris por email y las publicaré en la categoría “Tus fotos”.

Jirafas en Hwange (Zimbabwe)

 “Esta foto, tomada nada más llegar a Hwange (Zimbabwe), es una de mis
favoritas. Las jirafas son fáciles de encontrar, por razones obvias,  y
fáciles de fotografiar, pero mola, no? y si no, pregunta a cualquier niño.

También fue lo último verde que vimos en todo el Parque de Hwange. Era
noviembre y los elefantes habían hecho estragos en la vegetación.
Encontramos muchos animales muertos, o lo que habían dejado los leones y
hienas y que los buitres apuraban como podían. Todos pensamos lo mismo:
habría que eliminar unos cuantos elefantes para permitir la supervivencia
del resto de las especies.


Viaje por cuenta propia.”

 Elefantes en Chobe. Carol

 “La foto fue tomada en Chobe (Bostwana), desde una barquita que habíamos
alquilado. Fue impresionante encontrarse a cerca de cien elefantes que
bajaban corriendo al río a beber.

Viaje por cuenta propia.”

Fotos: Carol


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