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Tras los pasos de la Gran Migración (III)

 

La gran migración y un hipo! Masai Mara. Septiembre de 2005

LA GRAN PARIDERA: Tras la estación corta de lluvias, los animales llegan a las abundantes praderas de las llanuras de Ndutu, en el Área de Conservación de Ngorongoro. Es precisamente aquí, entre diciembre y enero cuando nacen las crías de las cebras, y en febrero cuando tiene lugar uno de los espectáculos más insólitos de la Naturaleza, la gran paridera de los ñúes, el nacimiento en poco más de dos semanas de cerca de medio millón de crías de ñúes, muchas de las cuales son presas de hienas, chacales y demás alimañas al poco tiempo de nacer, ya que la Gran Migración siempre arrastra tras de sí una gran cantidad de carroñeros y depredadores. Los supervivientes tendrán poco tiempo para coger fuerzas y emprender el largo camino hacia el corredor Oeste. Para los masais, dueños por derecho de estas tierras, los rebaños de animales salvajes son una gran competencia para sus vacas, y siempre culpan a los ñúes de las enfermedades y de envenenar las aguas con sus placentas. Cuando uno cruza Ndutu durante el invierno, camino de Seronera, le parece increíble que esa llanura desértica en la que apenas queda una gacela entre las nubes de polvo pueda albergar semejante espectáculo lleno de vida.

 

El precioso corredor Oeste de Serengeti es una zona boscosa, la migración se desliza entre los bosques, evitando además las zonas más húmedas, ya que el suelo en esta zona es del llamado “black cotton soil” (barro de algodón negro), un auténtico engrudo para las finas patas de estos cortacéspedes cuadrúpedos, y marchan formando kilométricas columnas. Al cruzar el río Grumeti tienen los primeros contactos con los hambrientos cocodrilos, que llevan un año esperando para saciar su hambre.

 

LAS FAUCES DE MARA: El mejor momento para visitar Masai Mara es sin duda de julio a octubre. Las suaves colinas de la Reserva están repletas de animales, los animales están completamente hastiados, abunda la comida, tanto para los herbívoros como para los carnívoros. Leones, guepardos, leopardos, hienas, chacales, servales y otros muchos duermen con las panzas llenas. Los buitres llenan el cielo sin saber bien a qué cadáver atender primero. Tan solo los elefantes prefieren irse a zonas más tranquilas, molestos por la gran multitud. Cuando los rebaños se han saciado en la zona Este, desde Sand River al Talek, se enfrentan al mayor reto en su largo viaje, y sin duda a una de las más famosas estampas de la Gran Migración: el peligroso cruce del río Mara, repleto de gigantescos cocodrilos.

 

Buitre sobre ñú. Mara river. Kenya. Septiembre de 2005

 

La misión de vadear el río se les antoja peligrosa y arriesgada a los ñúes, que parecen alterarse y mostrar un cierto estado de nervios y de ansiedad. Se van concentrando en las riberas del río Mara, que en esa época, gracias a las lluvias de las montañas Mau, donde nace el río, y a su afluente Talek, baja con un generoso caudal. El nerviosismo y el ansia por cruzar se apodera de la manada, y van recorriendo la orilla Este buscando un punto adecuado para cruzar. Las querencias naturales establecen numerosos puntos de cruce, fácilmente identificables por la erosión de las laderas del cauce, sendas de los animales, rastros de hipopótamo y ausencia de vegetación. Sin embargo inexplicablemente a veces se lanzan por cuencas más empinadas y abocados al desastre son arrastrados por la corriente, demostrando lo gregarios que llegan a ser estos animales, y siembran de cadáveres los meandros del Mara, que sirven de despensa a los cocodrilos, buitres, marabúes y otros carroñeros.

 

Cuando se reúnen en un punto de cruce, excitados y ansiosos braman hasta que uno de ellos asume el liderazgo, se aproxima al borde intentando atisbar algún peligro y decidido se lanza al agua, animando al resto de indecisos compañeros que se lanzan tras él en fila india, iniciando una frenética carrera que en ocasiones acaba con numerosos individuos pisoteados hasta morir. En muchas ocasiones, estos cruces son observados de cerca por enormes cocodrilos, algunos de más de seis metros de largo, que año tras año han sabido perfeccionar su técnica y con suma facilidad arrancan ñúes a la columna y no tardan en devorarlos entre sus gigantescas fauces. Si durante el cruce, tan solo uno de los ñúes duda y da marcha atrás sobre sus pasos, el resto, histérico, emprenderá una deshonrosa retirada, mientras los miembros de la manada que han conseguido cruzar les animan bramando desde el otro lado del río, y no reemprenderán el camino hasta que los restantes se hayan atrevido a cruzar. Las cebras, a su vez, cruzan mimetizadas en la columna de ñúes, aprovechando el cruce de los barbudos para aumentar sus posibilidades de supervivencia.

 

Una vez superado el mal trago de cruzar el río, pastarán por las verdes colinas de Mara Oeste, salpicadas de acacias “paraguas”, que forman la imagen de la sabana más clásica. Sin embargo estos viajeros no estarán seguros del todo, ya que tanto durante la noche como por el día los rebaños son atacados por clanes de leones, grupos de hienas, parejas de guepardos y otros depredadores que ven cómo en esta época tienen la despensa a rebosar. En octubre, antes de regresar a Tanzania, volverán a cruzar el Mara en dirección opuesta, tiñendo sus aguas de barro y sangre.

 

Por todo esto, por ser uno de los mayores espectáculos que la Naturaleza ofrece en el Mundo, por ver la abundancia en su máxima expresión, por ver además de los ñúes y cebras, las gacelas, cientos de leones, miles de búfalos, jirafas, elefantes, impalas, facocheros, leopardos, guepardos, e incluso rinos, además de más de 500 especies de aves, merece sin duda la pena darse una vuelta, aunque sea con el rifle enfundado, por las zonas más míticas de las Tierras Altas de África.

 

Guepardo con presa. Sand River. Frontera Kenya y Tanzania. Septiembre de 2006

¿Qué llevar a nuestro safari?

 

Cargando la Diligencia. Nairobi. Kenya, agosto de 2005

Aunque tampoco hace falta seguirlo al pie de la letra, este podría ser el packing list de lo imprescindible para el equipo de safari fotográfico. ¡Ojo! que esto también dependerá del país y la época en que se vaya. Esta lista puede ser ideal para un safari por el Este de África:

 

Cargando la Diligencia. Nairobi. Kenya, agosto de 2005

– Ropa cómoda y ligera, pantalones cortos, y camisetas. Se recomiendan los pantalones desmontables por su comodidad.
– Calzado cómodo. Para walking safaris unas botas tipo chiruca de verano, a ser posible que no sean nuevas y a estrenar para evitar rozaduras. No es necesario botas de goretex ni demasiado calientes. En el coche se suele ir descalzo ya que para observar bien a los animales, irán de pié sobre el asiento, asomados al techo. Un calzado cómodo, náuticos, sandalias o zapatillas de deporte es lo perfecto para los desplazamientos en coche.
– Sombrero o gorra. Es recomendable llevarlo en el coche para no llenarse el pelo de polvo.
– Impermeable. A ser posible plegado y ligero. A excepción de abril y mayo es muy raro que llueva.
– Un forro polar como ropa de abrigo será suficiente para las noches y una sudadera para las mañanas.
– Mochila para llevar efectos personales a mano durante los game drive.
– Se recomienda una funda impermeable para el material fotográfico y de video.
– Linterna de bolsillo.
– Pilas y baterías de repuesto para los aparatos electrónicos.
– Material fotográfico suficiente. Carretes, tarjetas de memoria, cintas de video, etc.
– Adaptador de enchufe europeo a británico (tres puntos de enchufe).
– Pequeños candados para cremalleras de mochilas y bolsones.
– Un bolsón vacío para los souvenirs y compras. Altamente recomendable.
– Crema protectora para el sol y after sun. Mucho cuidado con las quemaduras
– Gafas de sol. Durante los desplazamientos en coche son muy recomendables por el polvo.
– Billetes pequeños y cambio para comprar souvenires. Moneda local y billetes pequeños de dólares.
– En caso de hacer camping, saco de dormir de verano.
– Preferiblemente bolsones de viaje, no es aconsejable maletas rígidas, en especial para safaris con camping o grupos grandes.
– Prismáticos potentes. Muy importante.
– Repelente de insectos.
– Block de notas para apuntar nombres de lugares, personas, especies vistas. Un diario puede ser un recuerdo inolvidable.
– Toallitas humedas para quitarse el polvo.
– Caramelos para los niños de los poblados.
– Guía de bolsillo de mamíferos y de aves de África Oriental.

 

Con Nacho en el ro Mara. Masai Mara, Kenya, agosto de 2005

Tarangire, el jardín de los baobabs

 

Cuando pensamos en África nos vienen a la cabeza muchas imágenes. Probablemente estás imágenes corresponderán a siluetas de elefantes, leones, jirafas, rinocerontes o cualquiera de estos míticos animales. Sin embargo para mi si hay algo evocador de África son las siluetas de sus árboles: Las acacias, en cualquiera de sus variedades, y sobre todo el baobab.

 

El baobab, el árbol del que nació el hombre (Peter Mathiessen dixit), esos viejos y enormes ancianos testigos mudos del paso del tiempo y de la Historia. El baobab, ese árbol que todos conocemos por el inmortal libro de Saint Exupery, El Principito y que tanta simbología tiene en muchas culturas africanas. Siempre se ha dicho en las leyendas locales que el baobab es especial porque crece al reves, ya que sus escasas hojas dan la sensación de que es un árbol con las raices en las ramas. Los baobabs ofrecen un paisaje africano por excelencia, propio de tierras algo más bajas que las de las grandes sabanas de Serengeti y Masai Mara. Y este paisaje es el impresionante encuadre del Parque Nacional de Tarangire.

 

 

Elefante en Tarangire. Tanzania, agosto de 2004

El Tarangire está situado en el Norte de Tanzania, al Sur del cráter de Ngorongoro y muy cerca del lago Manyara. Forma parte por lo tanto del llamado “Circuito Norte” de Tanzania. Probablemente es el más desconocido, junto con el Parque Nacional de Arusha, de los Parques de dicho circuito. Llegar a Tarangire es un corto y cómodo viaje por buena carretera de algo menos de dos horas desde la ciudad de Arusha, la llamada capital de los safaris del Norte de Tanzania.

 

Tarangire es un Parque muy extenso, de aproximadamente unos 2.600 km². Sin embargo por lo general tan solo se visita la mitad Norte, ya que la mitad Sur es muy pantanosa y apenas hay pistas. El ecosistema de este Parque lo marca el río Tarangire, que lo cruza de Norte a Sur. La abundancia de agua en Tarangire hace que en la época seca atraiga a muchos animales de las zonas circundantes como las Reservas de Caza de Mto wa Mbu y Simanjiro. Se produce una pequeña migración, no tan grande como la del ecosistema Serengeti-Mara pero que hace que entre agosto a noviembre sean los meses más atractivos para visitar el Tarangire.

Tarangire. Tanzania, agosto de 2004

 

El paisaje, además de los ya mencionados baobabs, se caracteriza por ser suaves planicies arboladas, en las que además de baobabs hay árboles de ébano y caoba, albicias, tamarindos, higueras, acacias paraguas, candelarias y palmera de sabana. La vegetación es más abundante en las riberas del Tarangire, siendo muy característica esa combinación de palmeras y baobabs.

En cuanto a la fauna, si algo destaca de este Parque es la abundancia de elefantes. Además al ser tierras bajas y por tanto más calurosas, es posible ver leones descansando en las ramas de los árboles, algo que no es frecuente en la mayor parte de África. Además de jirafas, búfalos, leopardos, guepardos, impalas, cebras y otras especies habituales, es posible ver cierto tipo de fauna ausente en el resto del circuito Norte como el kudu menor, el orix o incluso el antílope sable. Siempre me ha llamado la atención cada vez que he ido la enorme cantidad de babuinos.

En estas zonas bajas sigue habiando mosca tse tse. Esto no debe asustar  ya que en esta zona la enfermedad del sueño está erradicada y no hay nada que temer más que un molesto mordisco, ya que la tse tse no deja de ser un tábano. Es posible que al entrar al Parque por Kwa Kuchinja los rangers den un fumigado a las ruedas y carrocería del vehículo, pero no es más que un preventivo de distintas enfermedades que afectan a bóvidos como el búfalo.

Ro Tarangire, Tanzania. Agosto de 2004

 En definitiva, en mi opinión Tarangire es un Parque imprescindible, obligado de visitar en su buena época si se desea hacer un safari por el Norte de Tanzania. Tiene una gran variedad de paisaje genuinamente africano y una atmósfera y sabor del que carecen otros sitios. Ver un gran grupo de elefantes refrescarse en el río… eso es África…

Baobab en Tarangire. Agosto de 2004. Tanzania

Las fotos de… Carol

Carol, de Madrid, ha sido la primera en mandarme sus fotos favoritas de sus safaris. En este caso se tratan de dos preciosas fotografías tomadas en Botswana y Zimbabwe, aunque no me especifica la fecha.

Recuerda que puedes mandarme fotos de tus safaris por email y las publicaré en la categoría “Tus fotos”.

Jirafas en Hwange (Zimbabwe)

 “Esta foto, tomada nada más llegar a Hwange (Zimbabwe), es una de mis
favoritas. Las jirafas son fáciles de encontrar, por razones obvias,  y
fáciles de fotografiar, pero mola, no? y si no, pregunta a cualquier niño.

También fue lo último verde que vimos en todo el Parque de Hwange. Era
noviembre y los elefantes habían hecho estragos en la vegetación.
Encontramos muchos animales muertos, o lo que habían dejado los leones y
hienas y que los buitres apuraban como podían. Todos pensamos lo mismo:
habría que eliminar unos cuantos elefantes para permitir la supervivencia
del resto de las especies.


Viaje por cuenta propia.”

 Elefantes en Chobe. Carol

 “La foto fue tomada en Chobe (Bostwana), desde una barquita que habíamos
alquilado. Fue impresionante encontrarse a cerca de cien elefantes que
bajaban corriendo al río a beber.

Viaje por cuenta propia.”

Fotos: Carol

Envíame tu foto

Elefantes en Mara. Masai Mara, Kenya, septiembre de 2006

Os animo a participar en Todo sobre Safaris. Esta sección es para vosotros, para que compartáis vuestras experiencias y para que la gente que se plantea hacer un safari vea lo que se puede ver, que realmente se ven gran cantidad de animales y muy cercas. Los autores de estas fotos no son profesionales, sino viajeros que han ido a África y se han quedado fascinados con lo que allí han encontrado. Si lo deseas puedes enviarme tu foto favorita de tu safari o de cualquier otro viaje inolvidable. Será un placer postearla en este blog.

Por favor incluye la siguiente información:

  • Tu nombre o nick:
  • Fecha de la foto:
  • Lugar (Sitio y país)
  • Cámara con la que la obtuviste
  • Quién te organizó el viaje (Agencia, mayorista, local, cuenta propia…):
  • Breve descripción del viaje:
  • Link a tu blog/web (opcional)

Envía tu foto:

Hipopótamos. Masai Mara, Kenya. Septiembre de 2006

Los 6 magníficos

Hacía un día precioso. Era el primero que pasabamos en Mara después de casi una semana de safari por Loita Forest y Loita Hills, con toda la tropa de guerreros masai, vagabundeando por allí como si fuera nuestra casa (de hecho, lo es), habiendo conquistado algún Bicon fronterizo y haber vivido más de una aventurilla (esa cobra escupidora al lado de Ilkerin fue un pasote)…

Masai Mara me emociona. He estado ya muchísimas veces allí, pero cada vez que llego, que veo esas suaves colinas, esa praderas y desde Narok veo a lo lejos la entrada del parque, o bien desde Loita, por esos bosques de acacias de fiebre amarilla repletos de elefantes, y la emoción de cruzar el mítico Sand River y llegar a Ololaimutia Gate, me entra una alegría por dentro que no sabría comparar y se me pone una sonrisa en la cara que no se me quita hasta que volvemos a Nairobi.

Esa noche ya habíamos acampado a orillas del Sand River, en el Sur de la Reserva y a unos 100 metros de la frontera con Tanzania. Estabamos a 500m del puesto de los Rangers, pero en un sitio completamente salvaje y totalmente solos. Vimos huellas de león en el camino, justo en la Puerta, y los estuvimos oyendo toda la noche, a las 4 de la mañana sonaron tan cerca que me despertaron y, en la írónica protección de la fina tela de mi pequeña tienda, no pude evitar un escalofrío, y cada ruido a mi alrededor era fascinantemente estremecedor. La tarde anterior había sido la llegada, la primera de N en Mara, y le recibió como nunca lo he visto, repleto de migración, apenas se veía el verde de las praderas entre tantísimo ñu. Vimos los primeros elefantes, los primeros leones… elegimos el sitio más alucinante para acampar, y esa noche con T y con N, con el fiel Pak, poniendo el campamento, flipando con el cruce de cientos de ñues saltando el río a tan solo 50m de dónde estabamos… Es dificil olvidar una noche africana, pero aquella con mis amigos en un sitio tan increible nunca la podré olvidar.

El día estaba precioso, Mara es mucho Mara y ya nos había ofrecido varias sorpresas. Veníamos desde el Oeste, casi llegando a Olololo, y habíamos comido en la cantina para conductores de Keekorok y tomado la primera birra fría en muchos días. Pusimos gasolina a la sedienta Dili, que aunque tenía un problema en el arranque nos había sido como siempre eficaz desde la reparación de campo que le hicimos a la suspensión en Loita. Recien salimos de Keekorok hacia el Sur, es una zona de suaves colinas y praderas amplias, muy despejadas y apenas sin acacias. Algun matorral aquí y allá… Al poco de salir, completamente solos vi agazapado entre las matas un pequeño steenbok. Es un antílope que no abunda en Mara, había visto pocos allí y lo tomé como una buena señal de lo que nos depararía la tarde… Al poco nos cruzamos con un camión de safari conducido por una rubia guapísima!!!! A parte de la emoción de ver las primeras chicas guapas en más de una semana… una chica bonita conductora de camiones para safari? la chica de mi vida????!!!!!… Esto tenía que ser otra señal…

No me equivoqué… seguimos camino y al poco la vi. Duma!!! Chetaah!, una hembra de guepardo estaba a punto de cruzar el camino. Llegamos junto a ella, nos miraba desconfiada, y miraba insistentemente hacia atrás. Sin embargo no veía hermanos , y era una hembra adulta, y parecía hambrienta… De pronto cruzó lentamente el polvoriento camino. Con el motor de La Diligencia apagado solo se oía el replicar de un millón de ñues a nuestro alrededor.

Y de repente, aparicieron…

Al principio no daba crédito y pensé que se trataba de un honey badger… pero no!! 6 pequeñas crías de guepardo. 6!!!! apenas debían tener un mes y atropeladamente cruzaron siguiendo los pasos de su madre. Preciosos!!! impresionantes!!! iban uno tras otro con aire altanero, con las bandas blancas que tienen en esta etapa. Les seguimos y la madre se paró. La tropilla se juntó junto a ella, unos jugaban entre ellos, lanzàndose zarpazos, otros remoloneaban entorno a su protectora… 6 cachorros!!!! Menuda campeona!!!! es inusual que nazcan tantos. Estaban todos fuertes y sanos. Se les oía chillar y jugar. Menuda gozada!!! estuvimos un rato flipando, y la madre decidió que ya era hora de comer algo y se puso en movimiento, trotando y pronto corriendo, para dejar atrás la prole mientras salía a cazar. Los cachorros la siguieron unos metros hasta que comprendieron que mami tenía cosas importantes que hacer, así que junto a una mata algo tupida se juntaron los 6 y se quedaron en silencio. Es increible el instinto de superviviencia que pueden tener siendo tan pequeños… Nos quedamos inmoviles contemplando la escena… No tardó en volver la madre, siempre en todo momento pendiente de nosotros… con las fauces vacías… Había varias gacelas thomson alreedor…

Con pena decidimos seguir camino, sin duda estaba nerviosa por nuestra presencia y era mejor dejarla cazar tranquila… Nos alejamos con una sonrisa enorme en el rostro, y mirandonos, sin decir nada, compartiendo ese momento… Mara es mucho Mara…

Han pasado ya 5 meses de aquello. Me pregunto que habrá sido de esos 6 pequeñajos. Los que hayan sobrevivido probablemente saldrán ya adelante. Lo normal es que tan solo 3 hayan conseguido pasar la temporada corta de lluvias. Si 4 lo han hecho, sería genial… 5 o 6 y a la madre habría que hacerle un monumento… Esos días me estrmecía al ver chacales o hienas, y no quería pensar que pasaría si se topasen con ellos, o un babuino, o un león, o un leopardo, o prácticamente cualquier bicho que tuviera pico o colmillos… Afortunadamente en esa época Mara es una orgía de carroñeros saciados de tantos cadaveres que siembran de muerte y vida las praderas…

Echo de menos esos atardeceres en nuestro campamento, en el Campi ya Upepo, viendo como aquellos 4 viejos búfalos se retiraban siguiendo la ribera del Sand River. Echo de menos esos atardeceres de gamas rojas, lilas y naranjas, y el sonido de los ñues, y del leopardo, y del león del clan del río. Pienso en la suerte de aquellos 6 magníficos y su lucha por sobrevivir, por la metáfora y lección que nos da Mara sobre la vida, pienso en Pedrito, ya sano y fuerte…

9 de febrero de 2006

.. y tengo tanta morriña africana que necesito volver pronto…


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