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Desde las faldas del Ngorongoro

Ngorongoro desde Crater Lodge. Tanzania. Agosto de 2007
Me encuentro en un lugar precioso: Ngorongoro Farm House, en Karatu, a los pies de Ngorongoro. Hacia 3 anyos que no andaba por aqui y lo he encontrado algo cambiado. Ahora tiene unas 30 habitaciones mas.

Llevamos ya casi cuatro dias de safari y todo va sobre ruedas. El grupo es encantador y estan disfrutando mucho. El primer dia el game drive por Tarangire fue una pasada!! Un gran macho de elefante se nos acerco amenazante hasta casi rozar el capo del Land Cruiser… alucinante… con un principio de safari asi cualquiera no se engancha con Africa!!

Luego estuvimos por Manyarra, durmiendo en el alucinante Tree Lodge y anoche durmimos en el lago Eyasi. Hoy hemos visitado a unos bosquimanos y un poblado datoga. Me habria quedado dos o tres dias cazando con los bosquimanos!! increible.

Bueno, solo pasaba a saludar. Estoy haciendo muchas fotos y escribiendo un diario del safari, asi que si puedo lo ire colgando a mi paso por Nairobi o mas tranquilamenet en Madrid…

 Y manyana… el crater!!!

La última frontera Masai (III)

 

Guerreros Masai. Kenya. Agosto de 2004

Caza tradicional. Los masais no cazan para comer, tan solo lo hacen los guerreros como parte de su entrenamiento. Está mal visto entre ellos comer carne de caza, lo ven como un símbolo de pobreza, ya que al ser un pueblo ganadero tienen vacas y sobre todo cabras y ovejas para consumir carne. Tan solo los ancianos pueden comer carne de caza, y un clan determinado, los Dorobo, el más pobre de los masai y que mantiene la costumbre de cazar para comer. Las especies más difíciles de cazar para un masai son las jirafas y los avestruces, por su gran velocidad, y una de las más fáciles, curiosamente al contrario que a los cazadores blancos, los búfalos solitarios, ya que al cazar en grupo los rodean y no les dan muchas opciones. Yo les he visto en Loita Hills cazar gacelas con increíble destreza, ya sea con lanza o con el rungu, golpeando en plena cabeza a una gacela Thomson a la carrera desde cierta distancia, algo que si no hubiera contemplado con mis propios ojos no me hubiera podido creer. También les he observado intentar cazar gallinas de Guinea en pleno vuelo con el mismo rungu.

Guerreros masai saltando. Kenya. Agosto de 2003Sin embargo, si por algo son famosos los masai es por su caza ceremonial del león. Como parte de proceso vital, los guerreros han de enfrentarse al menos una vez a un león. En ocasiones estos encuentros son casuales, si uno de estos felinos se adentra demasiado en el territorio del clan, y en otras organizan partidas para localizar y dar caza a un gran macho.

En estas cacerías los guerreros se dividen en parejas, eligiendo a su mejor amigo, a quien pueden confiarle su vida. Recorren gran parte de su territorio e incluso se internan en Parques o Reservas hasta localizar el rastro de un macho y acercarse a él. Hay dos guerreros que logran mayor protagonismo, el que reúne valor suficiente para acercarse al león sin estar herido y hacer la primera sangre, y el que consigue cortarle la cola estando aún vivo. Al primero le corresponde quedarse la melena como trofeo, al segundo la cola, y ambos pasarán a formar parte del consejo del clan una vez terminado su periodo de guerrero. Tras la cacería regresan al poblado formando una fila, yendo en cabeza el guerrero que ha conseguido la melena y cerrando el grupo el de la cola. Si van haciendo zigzag y cantando es que nadie ha resultado muerto, y al verles desde lejos, en el poblado preparan una gran fiesta. Si alguno de ellos ha muerto, van en línea recta y sin cantar, y no hay celebración.

EUNOTO: El periodo de un guerrero termina con la ceremonia eunoto, que se celebra cada 10 años aproximadamente. Se construye un pueblo ceremonial o manyatta, de unas 80 chozas dispuestas en círculo que se dividen en sectores para cada clan y en el centro una gran choza para los jefes. Se celebra una gran fiesta durante días en los que se matan numerosos bueyes y finaliza cortándole el pelo a los guerreros, que en ese momento se convierten en hombres adultos y pueden casarse. La última eunoto en Loita fue a principios de 2005, y durante este último año los guerreros han estado en la reserva mientras la nueva hornada se prepara para sucederles.

Paco y Kirotie. Agosto de 2005LAS MUJERES: Respecto a las mujeres, como en toda cultura primitiva, están relegadas a un segundo plano, por decirlo suavemente. Se encargan de la construcción de las casas, fabricadas con una base de palos y hojas cubiertas con boñiga de vaca seca, que le proporciona un ambiente fresco durante el día y cálido durante la noche. Las mujeres recorren diariamente largas distancias hasta pozas o manantiales para recoger agua, que cargan sobre sus cabezas en pesados bidones. La mujer también tiene la obligación de cuidar y educar a los niños. Al igual que con la circuncisión, las mujeres participan de ese rito iniciático en torno a su cultura de no presentar miedo al dolor y se les practica la ablación antes de casarse, justo después de tener su primer periodo. Sin embargo, al contrario que en otras culturas, no se les hace para insensibilizarlas o “prevenir” posibles adulterios, ya que los masais son un pueblo ciertamente promiscuo. Recomiendo la lectura del libro “La Masai Blanca”, de Corinne Hoffman, recientemente llevado al cine, en el que la autora narra autobiográficamente su experiencia de vivir tres años en un poblado Samburu (estrechamente emparentados con los masais), tras dejar su vida en Suiza al enamorarse de un guerrero de esta tribu. Los contrastes para una mujer occidental no pueden ser más extremos.

 

Mujeres masai. Kenya. Agosto de 2003

LOITA HILLS: Mi primer contacto con esta tribu fue en las colinas de Loita, probablemente la última frontera que alberga a los poblados de esta tribu más auténticos y aislados de la influencia del turismo, de la agricultura o de la “occidentalización”. Los masais de estas tierras luchan por mantener su identidad, su cultura y su folklore, en una etnia que carece de escritura, escultura, pintura o arquitectura imperecedera, y que al mismo tiempo trata de integrarse en el desarrollo natural de un país que poco a poco se va desarrollando y adaptarse al turismo y su nueva realidad. Luchan por mejorar su calidad de vida, no por cambiar sus costumbres. Para mí, África siempre será las colinas de Loita, y sobre todo sus masais

Sobre la penúltima foto: es una foto a la que tengo mucho cariño. El que tengo encima es mi amigo Kirotie, guerrero masai…. creo que muy poca gente puede presumir de tener una foto con un guerrero masai subido a caballito!!!

La última frontera Masai (II)

 

Guerreros Masai. Kenya. Agosto de 2004

Guerrero Masai. Kenya. Agosto de 2005

MORANIS. La etapa más importante en la vida de los masai es el periodo en que son guerreros, llamados il moran o moranis en maa. Este periodo comienza justo tras la circuncisión, ceremonia iniciática de vital importancia en la que los niños han de demostrar su valor y no alterarse ni mostrar ningún signo de dolor a la hora del corte. Si la superan con éxito, serán unos buenos guerreros y salvarán el honor de la familia. Si por el contrario lloran, gritan o demuestran dolor, caerán en el deshonor y nunca podrán ser guerreros o llegar a formar parte del Consejo. Estas ceremonias son realmente complejas, y el futuro guerrero ha de llevar una pintura y una vestimenta determinada según el momento, completamente de negro y con la cara blanca justo después de la circuncisión, de azul y con un tocado con pieles de pájaro justo antes, mientras se prepara y la generación de guerreros predecesora le adiestra en el arte de sobrevivir en la sabana.

Los moranis se dividen en grupos de la misma edad. Estos compañeros seguirán teniendo un significado especial a lo largo de su vida, e incluso compartirán sus mujeres y tendrán la obligación de darles siempre comida y cama. Entre las obligaciones de los guerreros está el defender a la tribu y al ganado, ya sea de otros clanes masai u otras tribus. También deberán robar todo el ganado que puedan y mantener lejos de los poblados a los depredadores u otros animales que puedan suponer una amenaza para el ganado. Las ceremonias y ritos masai son muy complejos y hay tantas variables que en ocasiones resulta complicado describirlas, pero por lo normal el periodo de morani dura una década, entre los 15 a los 25 años, en los cuales el desarrollo del guerrero es evidente, haciéndose cada vez más fuerte, más adaptado a su medio, más experto a la hora de cazar y de luchar, y forjándose una leyenda y una fama en su clan que le hará aumentar el honor de su familia, optar a las mujeres más deseadas y ricas e incluso llegar a ser miembro del consejo de su clan. Adaptados a la vida en la sabana, son capaces de recorrer distancias de hasta 100 km en un solo día, tienen conocimientos del uso de hierbas y plantas medicinales y cómo encontrar agua en raíces o determinados troncos. Pueden estar días sin comer ni beber. En sus costumbres, no pueden comer delante de las mujeres, ni nada que estas hayan tocado ni tan siquiera mirado. No pueden dormir en el poblado durante el periodo que sean guerreros y han de obedecer todas las decisiones del Consejo.

Mujeres masai. Kenya. Agosto de 2004

Masais bebiendo sangre. Agosto de 2004La apariencia de los moranis es muy particular. En el tiempo en que son guerreros no se cortan el cabello, y lo llevan recogido en un particular tocado, dejando una especie de moño alargado hacia delante en cuya punta se colocan una concha de río que sirve para brillar a distancia y advertir de la presencia de un guerrero. Son muy orgullosos y presumidos, van adornados hasta el más mínimo detalle con pendientes, collares, brazaletes, pulseras y demás abalorios. Para ciertas ocasiones llevan pintada la piel con arcilla roja, y suelen tenerla decorada con marcas hechas al rojo vivo, prueba de su valor y resistencia al dolor. Llevan un vestido muy ligero, apenas una falda-taparrabos, una manta que se anudan al cuello para protegerse del frío y unas sandalias de cuero y neumático. Sus armas son la lanza, el machete y el o’ringa o rungu

(una especie de maza de madera); llevan también un bastón y a veces un arco y un carcaj con flechas envenenadas (arma adquirida de otras tribus, que no forma parte de sus costumbres tradicionales). En las batallas se protegen con un escudo de piel de búfalo.

La última frontera Masai (I)

 

Masai. Kenya, agosto de 2005

En esta ocasión me gustaría hablar no tanto de un lugar en concreto, sino de la gente que nos encontramos por nuestras sendas, y escribir de un pueblo único al que admiro. Cuando mis amigos me preguntan por las vivencias de mis viajes, se sorprenden de que las más valiosas no sean encuentros con elefantes, leopardos o leones, o un atardecer en la sabana con el Kilimanjaro como telón de fondo, sino los momentos en los que he tenido la suerte de convivir con una tribu que para mi representa la esencia misma de África, y que cada vez que visito me sigue ofreciendo instantes únicos y auténticas lecciones sobre la vida: la tribu masai

Muchos cazadores que hayan tenido la oportunidad de hacer un safari de caza en Tanzania es posible que hayan tenido a algún miembro de esta tribu como excelentes pisteadores, especialmente si han cazado en las Estepas Masai del Sureste de Arusha o en pleno masailand en Loliondo, Natron u otros blocks de caza adyacentes, o hayan pasado cerca de los kraals (poblados). También los turistas de los safaris fotográficos los habrán visto pasar camino de los Parques, o les haya visto ofrecerse para hacerse fotos con ellos, o incluso hayan visitado uno de sus poblados, pero es casi seguro que no sepan mucho sobre esta tribu.

 

Lentano y Kirotie. Kenya, agosto de 2004

Masai: El pueblo masai tiene un claro origen nilótico. Se sabe que su origen está en la antigua Nubia y se estableció en lo que hoy conocemos como su territorio hace unos cinco siglos. Hay una teoría preciosa que habla de unas caravanas romanas que se sabe que partieron hacia el alto Nilo en busca de sus míticas fuentes pero nunca regresaron ni se supo de ellas. Algunos afirman que los masais son descendientes directos de esos romanos, y eso explicaría el pequeño vestido que llevan, cruzado sobre el pecho, la peculiar forma de anudarse y colocarse la shuka (manta masai con su característico color rojo), sus peculiares sandalias, la forma de su cuchillo, muy parecido al glaudius (espada corta romana) y las hojas largas de sus lanzas. Sin embargo, esta romántica teoría ha sido echada por tierra por expertos antropólogos.Guerrero Masai. Kenya. Agosto de 2004

Lo que sí sabemos es que es un pueblo anclado en el neolítico, nómada, que es animista y cree en el dios Lengai, que habita en su montaña sagrada, el Ol’Donyo’ Lengai, un volcán activo muy particular por ser el volcán en el que la lava sale más fría de todo el mundo, situado entre el Lago Natron y los cráteres de Ngorongoro (Empakai, Olmuti y Ngorongoro). Los masais son el pueblo elegido por el dios Lengai, y les pertenece por derecho todo el ganado de la Tierra. Los masais son un pueblo aguerrido, presumido y muy orgulloso. Un pueblo ganadero donde la riqueza se mide por el número de vacas que poseen. Incluso pueden casarse tantas veces como quieran siempre que tengan vacas suficientes para mantener a todas sus mujeres.

Su territorio tradicional era realmente muy extenso, desde el sur de la meseta de Laikipia, bordeando el lago Nakuru y Naivasha hasta Nairobi, Amboseli, la extensa región que comprende entre la falla del Valle del Rift hasta Narok, Loita Hills, Loita Plains, Loita Forest, Masai Mara hasta casi llegar al lago Victoria en Kenya, y en Tanzania todo el Serengeti, el Área de Conservación de Ngorongoro, los alrededores de Arusha, la zona del lago Natron y las Estepas Masai. Tras la llegada del hombre blanco y la colonización inglesa y alemana, perdieron parte de sus tierras, como los montes y bosques Mau (arrasados y convertidos en huertos kikuyu).

Paseando por Loita Hills. Agosto de 2005. Kenya

Ngorongoro, “El Arca de Noé” (III)

La diligencia en Ngorongoro. Tanzania, marzo de 2002
EL ARCA DE NOÉ: El cráter de Ngorongoro es una gigantesca Arca de Noé encallada en las praderas de Ndutu y Serengeti, al borde del Valle del Rift. La cantidad de animales que alberga es realmente espectacular. Desde el anillo, antes de descender, un barrido con los prismáticos descubrirá una infinidad de grupos y manadas de animales por cualquier lugar del cráter. Además, alberga los cinco grandes: león, leopardo, búfalo, elefante y rinoceronte.

Los elefantes que hay en el Ngorongoro son viejos machos de enormes colmillos en su mayoría. Muchos de ellos pasan aquí sus últimos años y mueren en el cráter, por lo que no es difícil encontrar sus restos. Curiosamente es muy difícil que entren las hembras, pues probablemente lo escarpado de la pendiente de las faldas del cráter hace que no sea un camino demasiado seguro para las crías. Esta es además la razón de que no haya jirafas dentro del cráter.

Se dice que hay seis clanes de leones en todo el cráter. La mayoría de ellos nacen y mueren aquí dentro, pues es tanta la abundancia de comida y agua durante todo el año que hace del Ngorongoro un lugar ideal para ellos. Abundan también los guepardos, que suelen encontrarse más en las zonas de llanura, el lugar ideal para sus cacerías. Uno de los atractivos del cráter es que al ser un área proporcionalmente pequeña y que se domina tan bien en un día claro, ofrece relativamente más oportunidades de observar cacerías de grandes felinos que otros grandes Parques. Los leopardos suelen verse en el bosque de Lerai, colgados de las ramas de alguna acacia de fiebre amarilla.

En el cráter se estima que en la actualidad hay unos 20 rinocerontes negros. Una población que, pese a ser reducida, parece estabilizada y en aumento. Suelen estar en unas praderas junto al bosque de Lerai y es una zona más protegida por la que no abundan pistas, por ello es fácil poder verlos pero a una cierta distancia. En cuanto a búfalos, hay gigantescos ejemplares de viejísimos búfalos, que suelen ir en solitario o en grupos de cinco o seis ejemplares. También el cráter alberga una gran manada.

Además de los cinco grandes, numerosos ñúes barba blanca, facocheros, hienas, chacales dorados, chacales de lomo negro, gacelas de Thomson, de Grandt, cebras, elan occidental, waterbuck, bushbuck, kongonis (hartebeest), babuinos, monos vervet, muchos hipopótamos en las charcas, y un largo etcétera completan los mamíferos de esta enorme Arca, en una densidad realmente asombrosa. Contrariamente a lo que la gente piensa, los animales entran y salen del cráter. El flujo de animales que entran y salen del cráter es casi constante e incluso se ve afectada por las migraciones. Si no pudieran salir del cráter, en años de sequía habrían muerto y no quedaría un solo animal dentro.

En cuanto a avifauna el Ngorongoro es otro paraíso. Su gran lago central suele estar repleto de flamencos, tanto mayores como menores, pelícanos, gansos del Nilo, cigüeñuelas y una gran variedad de aves acuáticas. Es frecuente ver bandadas de las preciosas grullas coronadas.

Grullas coronadas en Ngorongoro. Tanzania, abril de 2004

PRESENTE PREOCUPANTE: Loïc Sintes me contaba que hace unos 15 años, cuando era cazador profesional en Tanzania, llevaba a sus clientes a visitar el cráter. Lo hacían en el coche de caza, un pick up 4×4 abierto, e incluso le permitían bajar con las armas de caza dentro. Daban algún paseo dentro del cráter y era muy raro cruzarse con algún otro coche. Eso es impensable en la actualidad. Hoy en día el cráter sufre el boom del turismo en Tanzania y especialmente en los meses de julio y agosto está sobre explotado. Curiosamente coincide con la peor época para visitarlo. En el 2003, llevando un grupo de turistas, tuvimos la suerte de ver como una leona cazaba una cebra a tan solo unos 40 metros de nosotros. Una hora más tarde, cuando ya estaban comiendo, ¡conté 44 coches alrededor! ¡Qué locura! El año pasado supe que había en temporada alta unos 120 coches por día. Pese a que los animales realmente están muy acostumbrados a los coches y la presencia humana, estos números suponen una presión excesiva. Está completamente prohibido bajarse del vehículo salvo en unas letrinas instaladas en el bosque de Lerai y una zona de picnic en los manantiales de Ngoitokitok, dónde los babuinos son capaces de robar bolsos y cámaras y los milanos arrancar un sandwich de los dedos de un turista.

 

Otro de los problemas del cráter está relacionado con los masai, ya que el aluvión turístico les ha afectado directamente y reciben muchísimos dólares por las fotos y visitas de los turistas a sus poblados. Dinero que, siguiendo su mentalidad ancestral, invierten en ganado. Esto ha hecho que la cabaña masai haya aumentado tan considerablemente que hay una seria competencia con los animales salvajes por los pastos.

A partir del 2006 se han instaurado medidas para evitar en parte estos problemas. Desde este año la visita al cráter está limitada a medio día, para así intentar reducir a la mitad el número de coches. Eso si, las tarifas han aumentado hasta 50 $ por persona y día (caben hasta seis por vehículo), más la tasa del chófer, más 120 $ por vehículo… hagan números.

Sin embargo, pese a esto, hay que quedarse con el paraíso que es el Ngorongoro, un lugar imprescindible para los amantes de África y de la Naturaleza y un paisaje que uno no se cansa de ver y de visitar. Un lugar donde aún permanece esa huella intacta de las tierras altas de África. Eso si, mejor hacerlo fuera de temporada alta y como siempre, con una agencia especializada.

Ngorongoro. Tanzania. Abril de 2004

2 últimas fotos: Pedro Fernández

Ngorongoro, “El Arca de Noé” (II)

 

Elefante en Ngorongoro. Tanzania, abril de 2006

EL ÁREA DE CONSERVACIÓN DE NGORONGORO. Situado al Norte de Tanzania, el cráter está emplazado en la llamada Área de Conservación de Ngorongoro, una reserva de más de 800.000 hectáreas situada al Sur del Parque Nacional de Serengeti, y muy cerca del Parque Nacional del Lago Manyara. El Ngorongoro no es, ni mucho menos, el único tesoro de esta reserva, sino que además contiene las llanuras de Ndutu, la garganta de Oldupai, los bosques de la Reserva de las Tierras Altas del Norte, el pico Oldoinyo Loolmalassin, etc.

Leonas cazando en Ngorongoro. Tanzania. Abril de 2006

Otra ruta imprescindible en esta Reserva y que muy pocos visitantes hacen es la ruta de los cráteres. Se parte del anillo del Ngorongoro, por una pista hacia el Norte, desde la cual no tardaremos en llegar a unos valles impresionantes que tan solo albergan dos o tres kraals (poblados) masais. En Nainokanoka dejamos el coche y acompañados de un ranger ascenderemos las empinadas faldas del cráter Olmuti, hasta llegar a los 3.000 metros de altura, la vista desde el anillo del Olmuti es impresionante. Tras descender, seguiremos en 4×4 por una pista infernal, pero gozando de uno de los paisajes más bellos del Este de África: La depresión Bulbul, que en determinadas épocas está repleta de animales. La etapa más dura de esta ruta es el ascenso al cráter de Empakai, pues la pista se hace cada vez más y más complicada según se va internando en los frondosos bosques de sus faldas, prácticamente selváticos. El Empakai contiene un gran lago repleto de flamencos en su interior, y desde su anillo se puede contemplar los volcanes: el Ol Donyo Lengai (la montaña sagrada de los masai), el Oldoinyo Kerimasi y si el día está claro, el Monte Kilimanjaro. Hice por primera vez esta etapa en 2002 con mis amigos Topo Pañeda y el doctor Mauricio Llodio y lo recuerdo como una de las jornada más memorables que he vivido en África.

Vista del cráter de Ngorongoro

UN POCO DE HISTORIA: El cráter de Ngorongoro se formó hace unos dos millones de años. Respecto a su nombre no se acaban de poner de acuerdo sobre el origen. Entre otras teorías, se cree que era el apelativo de un clan masai; otras dicen que es la palabra que en maa se daba a la piedra para moler el grano, y que tiene forma de cráter.

Fue descubierto por el hombre blanco en 1911 por el alemán Kattwindel. Siempre que visito Ngorongoro pienso en la cara que debió poner el científico alemán cuando subió lo que podría parecer una sierra y se encontró con esta enorme caldera. Tradicionalmente formaba parte del territorio datota y desde hace unos doscientos años pertenece al pueblo masai. Desde tiempos ancestrales, y aún en la actualidad, los masais bajan diariamente al cráter para que paste su ganado. Pocos años después, los hermanos alemanes Siedentop dividieron el cráter e intentaron establecer dos granjas. No tardaron en desistir, ya que entre los animales salvajes y los masais no se lo pusieron fácil. Aún hoy quedan restos de sus granjas.

Búfalos en Ngorongoro. Tanzania. Abril de 2006

El primer cazador profesional en llegar al cráter fue el mítico John Hunter. En uno de sus libros lo recuerda: “era como las llanuras africanas debieron ser antes de la llegada del hombre blanco”. En los años cincuenta la zona y el cráter pasó a ser una Reserva y se prohibió la caza. Otros muchos autores han dejado escrito sobre el cráter. Para Alan Morehead en “No hay espacio en el Arca” el Ngorongoro constituye “la esencia de África”. El profesor Bernard Grzimiek, autor de “Serengeti no debe morir”, decía que “es imposible dar una exacta descripción del tamaño y la belleza del cráter, porque no hay nada con lo que pueda ser comparado. Es una de las maravillas del Mundo

Rinoceronte negro en Ngorongoro. Abril de 2006. Tanzania

Fotos: Ignacio Güell

Ngorongoro, “El Arca de Noé” (I)

 

Vista del cráter de Ngorongoro

Hay algunos lugares únicos en la Tierra que todo amante de la Naturaleza, como en una peregrinación, debería visitar al menos una vez en la vida. Los cursis ya se han encargado de clasificarlos con títulos como “Las 7 Maravillas Naturales del Mundo”. Estos lugares son únicos por paisaje, por su flora y fauna, por sus saltos de agua y suelen ser lugares que sobrecogen cada vez que se contemplan. Sería muy difícil clasificar cuál es el más impresionante de todos, pero sin miedo a equivocarme me atrevería a decir que el cráter de Ngorongoro, en Tanzania, es uno de los tres paraísos Naturales de mayor belleza del Mundo.

NGORONGORO: El cráter es un lugar prácticamente único en el mundo, ya que sin ser el más grande de los cráteres terrestres, si es incomparable en cuanto a la flora y cantidad de fauna que alberga. El cráter es un coloso de casi 20 km de diámetro en su punto más ancho que ocupa una superficie de cerca de 400 km2. El anillo del cráter tiene una altura media de 2.300 metros sobre el nivel del mar, teniendo unos 1.700 metros dentro de la caldera. Desde dentro, estos 600 metros de desnivel producen un efecto impresionante. Algo imprescindible para el visitante es, desde el centro de la caldera, mirar a su alrededor 360º y darse cuenta de que efectivamente está dentro de un cráter, y además intentar imaginar el tamaño que tenía la montaña antes de explotar (los vulcanólogos afirman que tendría una altura mayor que el Kilimanjaro). Pero además lo increíble de este lugar es que en una superficie relativamente pequeña, podemos encontrar distintos biotopos que hacen que su fauna sea aún más rica: desde los bosques primarios de sus faldas, el clima de montaña del anillo, y ya dentro del cráter la sabana boscosa del bosque de Lerai, las charcas de Gorigor, los manantiales de Ngoitokitok , las llanuras de Ilturot Lorkereyan, el Lago Magadi, las colinas de Ndoinyo Olkaria, arroyos, riachuelos…

Vista del cráter de Ngorongoro

La primera visión del cráter es inolvidable. La primera vez que visité el cráter tuve la suerte de llegar desde la vecina reserva de caza de Loliondo. Era marzo y todas esas llanuras de Loliondo y Ang’ata Ilkarian estaban repletas de ñúes y cebras que peregrinaban en su migración. El ascenso desde Ndutu es espectacular, por unos valles que por aquél entonces estaban repletos de flores, cigüeñas y jirafas, y además según se iba subiendo aumentaba la perspectiva de la inmensidad del Sur de Serengeti. La antesala al cráter son unos valles gigantescos coronados por el Lemakarot (3.133m), y en los que hay unas preciosas bomas masai. Y entonces aparece: una visión que estremece y te encoje, y sientes ese tipo de emociones que tan sólo África es capaz de transmitirte. Cada vez que vuelvo y veo de nuevo esa vista, pienso que no puede haber un lugar o un paisaje más hermoso que éste.

Vista del cráter de Ngorongoro

Tras los pasos de la Gran Migración (I)

Nyumbu na Punda Milia Mingi. (Muchos ñúes y cebras)

Tras los pasos de La Gran Migración

 

La Diligencia rodeada de ñúes. Masai Mara, Kenya, septiembre de 2006

África ha cambiado, África no es lo que era. El crecimiento demográfico y el desarrollo de la población han ido reduciendo los espacios abiertos y cambiando la imagen tradicional de tierra virgen e inexplorada repleta de fauna salvaje. Las vallas han aflorado en muchos países, delimitando Parques y Reservas para preservar la fauna y reintroducir especies que, en muchas ocasiones, han sobrevivido gracias a esta iniciativa. Pero, ¿todo África? Afortunadamente, no. Aún quedan vastas regiones que mantienen esas grandes concentraciones de animales con las que todos hemos soñado al leer las narraciones de los safaris más clásicos. Sin duda la del ecosistema Serengeti – Mara es la mayor de ellas, un enorme trozo de África de aproximadamente unos 30.000 km².

Enormes, gigantescas manadas de ñúes y cebras extendiéndose kilómetros y kilómetros por grandes praderas, buscando los brotes más frescos y llenando la sabana del sonido de su bramido y de un rastro de muerte, de los miles que no completarán el ciclo pero que a su vez sirven de alimento a depredadores y carroñeros. Se trata ni más ni menos que de la mayor concentración de mamíferos del mundo, el ecosistema de La Gran Migración de ñúes y cebras, que se desplazan anualmente entre Kenya y Tanzania.

LA GRAN RUTA: La Gran Migración es un ciclo anual que no para ni descansa, cada ñu comienza una peregrinación constante al nacer que no se ve interrumpida hasta su muerte. Comprende alguno de los Parques y Reservas más célebres de ambos países: Parque Nacional de Serengeti, Reserva de Animales de Masai Mara, Áreas controladas de Ikorondo y Loliondo y Área de Conservación de Ngorongoro.

 

Topo Pañeda en la Migración. Masai Mara, Kenya, septiembre de 2006

La ancestral ruta sigue las agujas del reloj. Empieza a entrar en Kenya, por el Este de Masai Mara entre finales de junio y principios de julio y se queda en la sabana keniana hasta octubre, llegando no solo de Tanzania sino también de zonas adyacentes como Transmara o mis memorables colinas de Loita; de allí baja hacia la zona de Lobo, en el Norte de Serengeti, y va bordeando el Parque, internándose en la Reserva de Loliondo, por donde transcurre, repartida entre la zona Este de Serengeti y el Oeste de Loliondo hasta llegar en enero al Área de Conservación de Ngorongoro, concretamente a las célebres llanuras de Ndutu, que abandona a finales de marzo para empezar a regresar al Norte, hacia el corazón de Serengeti: Seronera, famoso por su gran concentración de grandes felinos; luego sigue el cauce del río Mbalageti para adentrarse a finales de mayo en el corredor Oeste del Parque, su conexión natural con el Nyanza, el mítico Lago Victoria, tras el cual volverá a la zona Norte, a los bosques de la Reserva de Ikorondo y Lobo, para llegar a cruzar el Sand River y entrar en Kenya de nuevo.

Tras los pasos de la Gran Migración (II)

 

Ñues a punto de cruzar el Mara. Kenya, septiembre de 2005

 

 

LOS ORIGENES Y HÁBITOS: Las grandes manadas que componen la Gran Migración comprenden aproximadamente 1,7 millones de ñúes de barba blanca, unas 300.000 cebras de Burchell y cerca de medio millón de gacelas de Thomson. Se sabe que esta ruta es realmente ancestral, y probablemente pudo ser observada por los primeros homínidos, los más antiguos del planeta, como fueron los restos de australopithecus afarensis encontrados por los Leaky, familia de célebres antropólogos, en la garganta de Olduvai, situada en plenas llanuras de Ndutu, donde se han encontrado las primeras huellas del Hombre sobre la Tierra.

 

Tan ancestral es la ruta de estos animales que no se detuvo cuando a principios de los años 60 el gobierno de Tanzania, en su ánimo de “desarrollar” la agricultura y ganadería del país, plantó una enorme valla de alambre de espino para intentar evitar que los ñúes se adentraran en el área de Ngorongoro. Tal y como Myles Turner, Guarda Mayor del Parque de Serengeti, contaba a Peter Matthesian en su imprescindible “El árbol del que nació el hombre”: – “Intentaron interferir con algo que millones de animales han seguido durante miles de años, fue maravilloso ver como esos animales la aplastaron y siguieron su camino, yo uso ahora los postes como leña” -.

 

 

Abriendo paso. Kenya, septiembre de 2005

Sin embargo no fue hasta finales de los años 50, ya en el siglo XX, cuando se empezaron a hacer estudios de las poblaciones, rutas y periodicidades del ecosistema Serengeti – Mara. En 1957 el profesor Bernhard Grzimek, Presidente de la Sociedad Zoológica de Frankfurt, y su hijo Michael, llegaron a Tanzania, compraron una avioneta pintada con rayas de cebra y comenzaron una investigación que además de concluir con la descripción de las pautas de un patrón definido en los movimientos migratorios y su importancia en la conservación de cientos de especies con las que conviven, se resumió en la película documental ganadora de un oscar “Serengeti no debe morir”, que supuso un gran éxito de audiencia, puso en conocimiento del gran público el nombre de Serengeti y fue una bandera para conservacionistas. El mismo Grzimek en su programa de televisión “A Place for Wild Animals” animó a los germanos a fletar vuelos charters e ir a ver por sí mismos las maravillas de este gran Parque, iniciando así un nuevo interés por los safaris fotográficos. Además coincidió con que, tras benignos años de lluvias y superar enfermedades, la población de ñúes aumentó del cuarto de millón al aproximadamente más de millón y medio que hay en la actualidad. Michael Grzimek murió en un accidente de aviación al año y medio de comenzar la filmación, su padre falleció en 1987; ambos están enterrados en pleno anillo del cráter de Ngorongoro, y sus tumbas son visitadas diariamente por muchos turistas que siguen los pasos de aquellos que animaron a visitar y conocer estas tierras.

 

La realidad es que los movimientos de la Gran Migración están condicionados por el clima. Las enormes praderas de Serengeti (que en lengua masai, máa, significa “llanura sin fin”) reciben agua tan solo en la época de lluvias, lo que es insuficiente para mantener una provisión de comida tan grande como para abastecer a poblaciones tan enormes durante todo el año. La zona más húmeda de este ecosistema es Masai Mara (en máa, “tierra moteada”), bendecida por numerosas lluvias desde noviembre hasta junio y con numerosas tormentas en la seca, a lo que se suma la fuente permanente de agua que suponen los ríos Mara y Talek, y es por lo tanto una fuente de pastos frescos para los grandes rebaños cuando empiezan a escasear en Serengeti tras la estación húmeda.

 

Los ñúes avanzan en pacífica coexistencia con las cebras, las cuales pese a no ser animales de rebaño, sino más bien de grupos encabezados por un semental, se sienten protegidas en la manada de sus compañeros de barba blanca. Ni siquiera sufren competencia en las épocas de escasez de pastos, ya que mientras las cebras prefieren los tallos y brotes altos, los ñúes son gourmets de la hierba corta. Los ñúes avanzan en la mayor parte de la travesía en grupos de hembras con crías por un lado y en grupos de machos por otro, y viven en constante alerta, pues se saben en la base de la pirámide alimenticia de la sabana.

Tras los pasos de la Gran Migración (III)

 

La gran migración y un hipo! Masai Mara. Septiembre de 2005

LA GRAN PARIDERA: Tras la estación corta de lluvias, los animales llegan a las abundantes praderas de las llanuras de Ndutu, en el Área de Conservación de Ngorongoro. Es precisamente aquí, entre diciembre y enero cuando nacen las crías de las cebras, y en febrero cuando tiene lugar uno de los espectáculos más insólitos de la Naturaleza, la gran paridera de los ñúes, el nacimiento en poco más de dos semanas de cerca de medio millón de crías de ñúes, muchas de las cuales son presas de hienas, chacales y demás alimañas al poco tiempo de nacer, ya que la Gran Migración siempre arrastra tras de sí una gran cantidad de carroñeros y depredadores. Los supervivientes tendrán poco tiempo para coger fuerzas y emprender el largo camino hacia el corredor Oeste. Para los masais, dueños por derecho de estas tierras, los rebaños de animales salvajes son una gran competencia para sus vacas, y siempre culpan a los ñúes de las enfermedades y de envenenar las aguas con sus placentas. Cuando uno cruza Ndutu durante el invierno, camino de Seronera, le parece increíble que esa llanura desértica en la que apenas queda una gacela entre las nubes de polvo pueda albergar semejante espectáculo lleno de vida.

 

El precioso corredor Oeste de Serengeti es una zona boscosa, la migración se desliza entre los bosques, evitando además las zonas más húmedas, ya que el suelo en esta zona es del llamado “black cotton soil” (barro de algodón negro), un auténtico engrudo para las finas patas de estos cortacéspedes cuadrúpedos, y marchan formando kilométricas columnas. Al cruzar el río Grumeti tienen los primeros contactos con los hambrientos cocodrilos, que llevan un año esperando para saciar su hambre.

 

LAS FAUCES DE MARA: El mejor momento para visitar Masai Mara es sin duda de julio a octubre. Las suaves colinas de la Reserva están repletas de animales, los animales están completamente hastiados, abunda la comida, tanto para los herbívoros como para los carnívoros. Leones, guepardos, leopardos, hienas, chacales, servales y otros muchos duermen con las panzas llenas. Los buitres llenan el cielo sin saber bien a qué cadáver atender primero. Tan solo los elefantes prefieren irse a zonas más tranquilas, molestos por la gran multitud. Cuando los rebaños se han saciado en la zona Este, desde Sand River al Talek, se enfrentan al mayor reto en su largo viaje, y sin duda a una de las más famosas estampas de la Gran Migración: el peligroso cruce del río Mara, repleto de gigantescos cocodrilos.

 

Buitre sobre ñú. Mara river. Kenya. Septiembre de 2005

 

La misión de vadear el río se les antoja peligrosa y arriesgada a los ñúes, que parecen alterarse y mostrar un cierto estado de nervios y de ansiedad. Se van concentrando en las riberas del río Mara, que en esa época, gracias a las lluvias de las montañas Mau, donde nace el río, y a su afluente Talek, baja con un generoso caudal. El nerviosismo y el ansia por cruzar se apodera de la manada, y van recorriendo la orilla Este buscando un punto adecuado para cruzar. Las querencias naturales establecen numerosos puntos de cruce, fácilmente identificables por la erosión de las laderas del cauce, sendas de los animales, rastros de hipopótamo y ausencia de vegetación. Sin embargo inexplicablemente a veces se lanzan por cuencas más empinadas y abocados al desastre son arrastrados por la corriente, demostrando lo gregarios que llegan a ser estos animales, y siembran de cadáveres los meandros del Mara, que sirven de despensa a los cocodrilos, buitres, marabúes y otros carroñeros.

 

Cuando se reúnen en un punto de cruce, excitados y ansiosos braman hasta que uno de ellos asume el liderazgo, se aproxima al borde intentando atisbar algún peligro y decidido se lanza al agua, animando al resto de indecisos compañeros que se lanzan tras él en fila india, iniciando una frenética carrera que en ocasiones acaba con numerosos individuos pisoteados hasta morir. En muchas ocasiones, estos cruces son observados de cerca por enormes cocodrilos, algunos de más de seis metros de largo, que año tras año han sabido perfeccionar su técnica y con suma facilidad arrancan ñúes a la columna y no tardan en devorarlos entre sus gigantescas fauces. Si durante el cruce, tan solo uno de los ñúes duda y da marcha atrás sobre sus pasos, el resto, histérico, emprenderá una deshonrosa retirada, mientras los miembros de la manada que han conseguido cruzar les animan bramando desde el otro lado del río, y no reemprenderán el camino hasta que los restantes se hayan atrevido a cruzar. Las cebras, a su vez, cruzan mimetizadas en la columna de ñúes, aprovechando el cruce de los barbudos para aumentar sus posibilidades de supervivencia.

 

Una vez superado el mal trago de cruzar el río, pastarán por las verdes colinas de Mara Oeste, salpicadas de acacias “paraguas”, que forman la imagen de la sabana más clásica. Sin embargo estos viajeros no estarán seguros del todo, ya que tanto durante la noche como por el día los rebaños son atacados por clanes de leones, grupos de hienas, parejas de guepardos y otros depredadores que ven cómo en esta época tienen la despensa a rebosar. En octubre, antes de regresar a Tanzania, volverán a cruzar el Mara en dirección opuesta, tiñendo sus aguas de barro y sangre.

 

Por todo esto, por ser uno de los mayores espectáculos que la Naturaleza ofrece en el Mundo, por ver la abundancia en su máxima expresión, por ver además de los ñúes y cebras, las gacelas, cientos de leones, miles de búfalos, jirafas, elefantes, impalas, facocheros, leopardos, guepardos, e incluso rinos, además de más de 500 especies de aves, merece sin duda la pena darse una vuelta, aunque sea con el rifle enfundado, por las zonas más míticas de las Tierras Altas de África.

 

Guepardo con presa. Sand River. Frontera Kenya y Tanzania. Septiembre de 2006


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