Archive for the 'Relatos' Category

Diario de safari: Mashariki safari. Día 2

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15-9-08. El país de los elefantes

Nos levantamos prácticamente al amanecer. Antes de desayunar y clandestinamente fuimos a dar un paseo por los alrededores del campamento. Esto es algo que nunca, y bajo ningún concepto debéis hacer sin estar acompañados de vuestros guías pues es realmente muy peligroso. Apenas nos alejamos unos pocos centenares de metros, pero era impresionante la cantidad de rastros de elefantes e hipopótamos que encontramos por todas partes, algunos de ellos prácticamente dentro del campamento. Es inevitable tener algún escalofrío y andar con mucha cautela por si algún  hipopótamo rezagado se encuentra aún fuera del agua o hay algún elefante tras la espesa vegetación de la ribera. Estuvimos un rato caminando por la orilla arenosa, analizando las huellas de lo que se había acercado esa noche a beber al río. Prácticamente todas eran de elefantes, en un número elevadísimo, y todas siguiendo un recorrido en U, llegando al agua y sin quedarse mucho tiempo por los alrededores volvían a emprender camino de regreso al interior de la sabana. Parecía que los elefantes no se sentían muy seguros en espacios tan abiertos.

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Después del desayuno salimos de game drive. Durante un buen rato Topo descansó de tantos kilómetros y estuve conduciendo yo. La mañana estaba preciosa, con sol y un cielo prácticamente despejado. Desde que salimos del campamento no paramos de ver rastro de elefante fresco por todas partes. Las huellas cruzando la carretera eran de esa misma noche y las había por todas partes, correspondiendo a pequeños grupos que iban y venían del río. Efectivamente no tardamos en ver a los primeros elefantes, que brillaban rojizos a la suave luz de la mañana. Todos los grupos siempre alerta y todos camino del interior del Parque. Alternaban los grupos de elefantes dik dik fugaces que cruzaban el camino como rayos, algún grupete de impalas, algún waterbuck o nos distraíamos observando grupos de hipopótamos tomando el sol en alguna isleta del Galana.

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En toda la mañana de game drive nos cruzamos con dos mini buses de turistas, que venían de Malindi. Visitar este parque es una gozada, sin turistas y con una sensación extra por lo salvaje y auténtico del paisaje y su fauna. Así estuvimos varias horas, avanzando despacio y sin dejar de asombrarnos por tanto rastro y rastro de elefantes. Un grupo aquí, otro allá, un macho por ahí, otra familia más allá… Una de las escenas más bonitas fue ver un grupo grande, unos estaban aún bebiendo en pleno cauce del río y otros fuera del agua, en la otra orilla del Galana y subidos caprichosamente a unas grajdes rocas. Dos enormes matriarcas tomaban las decisiones y cuando nos vieron bajarnos del vehículo levantaron las trompas, y al tomarnos el aire resoplaron y se dieron la vuelta, avanzando hacia la meseta de Yatta.

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Diario de safari: Kaskazini safari. Días 5 y 6

Dik Dik

10-9-08. Rallye de Kenya

He dormido fenomenal en mi enorme cama. Abrí un ojo hacia las 3 de la mañana y estuve un rato oyendo rugir a los leones. Desayunamos tranquilamente en Saruni Samburu y el manager nos enseñó todas las habitaciones y detalles del lodge. Detrás de la zona del comedor, no lejos hay una tienda de lona grande que le sirve de oficina provisional. Junto a la tienda vimos huellas frescas de leopardo. Nos dijo que son muy abundantes en la zona ya que estas montañas son muy querenciosas, y que en ocasiones les ha visto alrededor del campamento e incluso en la piscina del lodge. Alrededor del lodge está lleno de dik diks. Es increíble lo rápido que se acostumbran los animales a la presencia del hombre, ya que el lodge no lleva ni tres meses abierto. Nos estuvo enseñando las obras de una gran presa que están construyendo. Venir aquí en noviembre, con todo verde y la presa llena debe ser una pasada…

Con tristeza cargamos el coche y partimos. Afortunadamente nos habían limpiado el interior y no había tanto polvo como el día anterior. La etapa que teníamos por delante era terminar de atravesar el territorio Samburu, hacia Wamba y Maralal, y desviarnos hacia la meseta de Laikipia.

Monte Ololokwe, la montaña sagrada de los Samburu

Para ello primero deshicimos camino hasta la polvorienta carretera principal, y después de unos 7 kilómetros nos desviamos hacia Wamba, pasando a los piés del monte Ololokwe, la montaña sagrada de los Samburu. El camino hacia Wamba fue espectacular. Sabana árida pura y dura, la pista en buen estado y Topo pilotando la Diligencia II, prácticamente volando bajo. Cruzamos varios poblados Samburu y vimos estampas preciosas, como cuando al cruzar el Ewaso Ngiro vimos el río llenos de Samburus, unos bañándose, los niños jugando y las mujeres lavando la ropa. Parecía una escena sacada de “La masai blanca“, que no en vano se desarrollaba en Barsaloi, no muy lejos de aquí. Desde Wamba, fuimos internándonos en unos preciosos valles rodeados de montañas, y fuimos ascendiendo poco a poco hacia Laikipia. En estos parajes se desarrolló un mes antes la famosa Rhino Charge, una competición de trial 4×4 muy popular en Kenya. Fue un camino precioso, realmente inolvidable.

Según ascendíamos el paisaje cambió totalmente. Poco a poco iba verdeando y los arbustos espinosos daban paso a verdes matorrales y otro tipo de acacias. Un valle y una garganta preciosas dieron paso a la meseta de Laikipia y su paisaje caracteristico. Después de tantos días de polvo seco, la tierra roja estaba húmeda y mojada, y había charcos de tormenta, probablemente del día anterior. Es increible como Topo se orienta. Le vale una pequeña aldea, o un monte y su instinto para identificar el camino y dar con la pista correcta (a veces te cruzas con muchos caminos y todos parecen iguales). Empezamos a ver fauna de nuevo: cebras, impalas y un par de orix. Bajamos por una pista infernal y encontramos la valla del famoso rancho de Loisaba. Laikipia es la provincia de los grandes ranchos y fincas privadas, muchas de las cuales además de tener explotaciones ganaderas tienen santuarios para la fauna.

A toda pastilla

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Diario de safari: Kaskazini safari. Día 4

Hyrax en el kopje de Elsa, Meru

9-9-08. Todo el polvo de África… y más

Nos despertamos pronto y tras un opíparo desayuno en Elsa’s, nos lo tomamos con algo de tranquilidad. Aunque parezca mentira, en un lugar tan remoto como este pudímos conectarnos a internet con la conexión 3g de Safaricom de Topo, y estuvimos respondiendo emails. Después estuvimos visitando todas las habitaciones del lodge, y eligiendo alguna para nuestros próximos grupos. El lodge es espectacular, increibles algunas habitaciones como la “family room” o las de “honeymooners” (lunas de Miel)

Nos despedimos, cargamos el Mercedes, y llevamos a Simon, un camarero del lodge que iba hacia Meru a ver a su padre enfermo. Nuestra intención era ir a Shaba directamente por una pista infernal, comer en Joy’s Camp y tirar de allí a Samburu, pero tanto los rangers como la gente de Elsa’s nos lo desaconsejaron. Hicimos un pequeño game drive hacia la puerta del Parque, viendo algunos elefantes y búfalos, pero ni rastro de los rinocerontes (entramos en su santuario). Junto a la valla del santuario era curioso ver grandes campos de miraá al otro lado del Parque. Una hora más tarde estábamos en el asfalto, volando hasta Meru. Dejamos a Simon y le deseamos suerte. De allí fácil hasta Isiolo y tomamos una de las pistas más polvorientas de Kenya, la que llega hasta Maralal, y de allí hasta el Norte… En estos lugares tan secos recuerdo las palabras de Mattiessen, que en uno de sus viajes compartió ruta con un camionero sudafricano que llamaba a este paisaje MMBF (miles and miles of bloody Africa, millas y millas de maldita África).

Subiendo por las paredes

Sin embargo tras haber estado en lugares tan verdes y frescos como Meru, reconozco que este paisaje árido me fascina, en su combinación de tonos rojos, marrones y grises que hacen de toda aparición de verde, una pura estravaganza… La carretera no es más que una pista polvorienta, al estar en buen estado se va a bastante velocidad y se forman enormes nubes de polvo blanco. Los chinos están construyendo una buena carretera y en un año o así debería tener asfalto al menos hasta los Parques. Al tener bastante tráfico y cruzarte con muchos vehículos, en ocasiones te quedas sin visibilidad y tienes que estar todo el rato subiendo y bajando las ventanillas del coche. Pasamos el cruce hacia Buffalo Springs y Samburu, y unos kilómetros después el cruce de Shaba. Tan solo vimos un par de cebras cubiertas de polvo y una solitaria gacela grandt. La ribera del Ewaso Ngiro se antojaba un oasis verde ante tanta desolación. Seguimos varios kilómetros hasta llegar a la desviación de la reserva de Kalama, una reserva enorme gestionada por los Samburu. El askari nos dijo que llegar a Saruni (nuestro lodge) era fácil: no había más que seguir las señales.

Samburu Saruni lleva abierto desde junio y es el lodge más moderno de Kenya. Teníamos ganas de conocerlo y por eso ibamos hacia allá. A los pocos kilómetros de la barrera, ya lejos del tráfico y del polvo blanco (ahora era una enorme nube roja lo que dejaba nuestro 4×4 a nuestro paso), paramos para beber agua, sacudirnos el polvo y comer los sandwiches que nos habían preparado en Elsa. Estabamos cerca del lodge pero era ya casi las 3 de la tarde y teníamos hambre.

Cubierto por el polvo africano…

En ese terreno tan solo había dik diks por todas partes, algún rebaño de vacas samburu y ni rastro de los carteles. Dudamos del camino y Topo dió muestras del gran pisteador que es. Fijándose en las rodadas e intuyendo dónde debía estar el lodge, fuimos avanzando por esa sabana seca y árida hasta subir a una pequeña sierra, donde por fin apareció el primer cartel. Subimos y subimos por un paraje espectacular, parecía imposible que hubiera allí un lodge de lujo… trepamos literalmente por una roca y apareció: El Kalama Samburu Saruni Lodge.

Saruni Samburu – Kalama

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Diario de safari: Kaskazini safari. Día 3

Gerenuk o antílope jirafa

8-9-08. El Parque perdido

Nos despertamos muy temprano, y tras un desayuno en el hotel de Maua al amanecer, llenamos el tanque de gasóleo y nos dirigimos, atravesando huertos y campos de miraa hacia el Parque Nacional de Meru. El Mercedes, tras la avería, iba como la seda en dos ruedas motrices. En menos de una hora estábamos en Murera Gate, donde un simpático joven ranger del KWS (Kenya Wildlife Service) nos daba la bienvenida y cumplimentábamos la entrada al Parque. Tras una charla con el ranger y ofrecernos para llevar el correo al puesto del KWS cercano a Elsa’s, nos internamos en el Parque bajo una intensa luz de la mañana.

El Parque Nacional de Meru es una joya de Kenya. Con 87.000 hectáreas (870km2) no es de los más grandes, pero tiene un paisaje rico y variado. Es un gran desconocido dentro de la red de Parques de Kenya y no está incluido en las rutas turísticas convencionales. El no aparecer en los catálogos de grandes touroperadores lo hace, ya de por si, un lugar interesante. Situado en el Norte del País, al Noreste del Monte Kenya y al Norte del Parque de Kora (separado por el río Tana), Meru es un fértil punto estratégico que recibe bastantes precipitaciones al año y tiene gran abundancia de agua. Sus diferentes biotopos son un oasis en la zona, ya que al Norte no hay más que una gigantesca extensión seca hasta la frontera con Somalia. El paisaje es bastante verde y variado, muy atractivo, y el tener regatos de agua clara cruzando su territorio hace que respire vida. El no tener un acceso cercano a Nairobi y apenas oferta hotelera, hace que Meru sea muy poco visitado. Nos encontramos entre territorio de las tribus Meru y Borana.

Kudu menor

Meru se hizo famoso por ser uno de los lugares donde George y Joy Adamson se inspiraron para su libro y rodaron más tarde la famosa película Elsa, Nacida libre. Sin embargo Meru fue muy castigado en los años 80, durante la gran sequía y el furtivismo que nació entonces. Al estar alejado y tan cerca de Somalia lo convirtió en territorio de nadie, donde los bandidos shiftas campaban a sus anchas e hicieron tremendos destrozos ante la impotencia y casi pasividad del Servicio de la Naturaleza, anterior al KWS. El Parque fue testigo en los años 80 de tremendas guerras entre furtivos y rangers, que culminó con el asesinato del malogrado conservacionista George Adamson

Los jefes de Meru

Las zonas que rodean a Meru eran antiguamente bloques de caza. Al prohibirse la caza perdieron valor y las autoridades keniananas no pueden vigilar tanto territorio, así que la fauna se vio reducida por el ganado borana y las matanzas de los shiftas. Sin embargo entre 2000 y 2005 el The International Fund for Animal Welfare (IFAW) dio un impulso de varios millones de dólares para recuperar Meru. Se valló una zona para crear un santuario de rino negro, se crearon infraestructuras y se restauraron las infraestructuras del Parque. Se introdujeron animales de otros lugares y se recuperó una de las maravillas de Kenya. Hoy en día es un Parque bien protegido y con un potencial tremendo. Será uno de los Parques fundamentales de Kenya en unos 10 años, cuando su proceso de recuperación culmine en un proceso de crecimiento y expansión.

Para mi gusto Meru lo tiene todo para disfrutar, y tuvimos un game drive delicioso durante la mañana, en la cual tan solo nos cruzamos con un vehículo. Paramos en unas bandas (cabañas) del KWS enfocadas al turismo local, y estuvimos jugando con una preciosa jirafa reticulada que tras quedar huérfana buscó cobijo aquí y está acostumbrada a la gente. “Le encanta seguir a la gente” – me dijo el cuidador del camping – y doy fe de ello.

Topo ante una amistosa jirafa reticulada

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Los leones devoradores de hombres de Tsavo – El puente de Patterson

Ese sencillo puente que se ve en la foto superior, bien podría pasar completamente desapercibido. Probablemente quien vea esta foto se fije más en el tramo del rio Tsavo, o en el gran baobab de la derecha que localiza el paisaje indudablemente en África. Sin embargo en este mismo lugar pero 110 años atrás, esta tierra se empapó de sangre en unos acontecimientos en los que la realidad ha superado con creces la ficción. Este es el puente del ferrocarril sobre el río Tsavo diseñado y construido por el Coronel  Henry Patterson, que costó la vida de aproximadamente 145 hombres que murieron devorados por una pareja de jóvenes leones, que pasaron a la Historia con el nombre de Ghost and Darkness (Fantasma y Oscuridad), los leones devoradores de hombres de Tsavo (Man-eaters of Tsavo).

Una cebra cruza sobre la vía del célebre “Tren Lunático” a excasos kilómetros del puente

110 años después, el lugar, como he indicado antes, pasa desapercibido en la inmensidad de los dos grandes Parques (Tsavo Este y Tsavo Oeste), la tierra roja del lugar, el verdor y frescor de la ribera del Tsavo y la espesa maraña de matorral espinoso y acacias bajas del paisaje, salpicado aquí y allá de baobabs. La carretera Nairobi – Mombasa pasa a excasos 300 metros del puente y el bullicio del intenso tráfico de camiones que distribuyen contenedores desde el puerto de Mombasa a todo el Este de África parece engullir este lugar mítico y legendario. Sin embargo en la magia de África es fina la tenue línea que cruza lo real de lo irreal, y en este caso más que en otro la leyenda es una cruda realidad. Cuando uno piensa que ese solitario baobab fue testigo mudo de aquella matanza y del más ancestral miedo que debieron pasar aquellos hombres, es imposible retener un escalofrío.

Ni los 110 años transcurridos, ni el asfalto ni los camiones, ni el viejo recorrido del “Tren Lunático” puede borrar las vibraciones que transmite este lugar.

La primera vez que oí hablar de la historia de los devoradores de hombres de Tsavo fue cuando era un niño. Mi padre me contó por encima la historia mientras buscaba un viejo libro en la biblioteca de casa. En la portada había una espeluznante ilustración de dos leones de demoníaca mirada y un cazador pertrechado con salacot y rifle express les miraba aterrorizado acompañado por un par de indús. No recuerdo cuantos años tendría, pero si recuerdo el terror que me provocó la historia al leer las palabras de Patterson. Años más tarde, y en el lugar de la matanza uno intenta imaginarse la escena, el campamento y ese Tsavo aún más inmenso sin carretera ni tren y absolutamente repleto de elefantes, rinos, búfalos… y uno cree escudriñar entre la hierba alta y los matorrales espinosos la silueta tenebrosa de aquellos gigantescos leones machos sin melena…Los leones de Tsavo.

Venir a este lugar y reflexionar y sentir aquella historia, es ya de por si suficiente razón para ir al Gran Tsavo, sin duda un lugar de leyenda, esencia misma de África… y esa tierra roja que le recuerda a uno que esta es tierra dura, de vida, muerte, y por supuesto sangre.

Topo Pañeda y el punte de Patterson detrás

Diario de safari: Kaskazini Safari. Días 1 y 2

Entrando en Boxes… avería en Nanyuki

6 / 9 / 08 – Twende Safari!

¡Por fin de nuevo en marcha! Después de cuatro días en Nairobi, ya estamos preparados para ir al bush. Emprendemos un nuevo safari, un safari corto y algo atípico pero que nos llevará por zonas algo inusuales, muchas desconocidas para mi y a las que les tengo muchas ganas, como es el Parque de Meru. En esta ocasión iremos Topo y yo solos, y el vehículo será su “nueva” Diligencia II: El Mercedes 300GD 4×4 del año 1986 que Topo acaba de restaurar, un vehículo ligero y eficaz, ideal para dos personas y por las pistas que vamos a recorrer. El safari durará tan solo cinco días y haremos muchos kilómetros. Pondremos rumbo Norte, por eso Kaskazini Safari (safari al Norte). Nuestros destinos: Nanyuki, Parques de Meru, Shaba, Samburu, Reserva de Kalama-Samburu y Laikipia. Nos alojaríamos en algunos de los mejores lodges de Kenya. Casi nada!

Salimos tarde de Nairobi y el tráfico era espantoso. Típico de un sábado. Increíble la de coches que salían y entraban en Nairobi, por lo que el camino hacia Nanyuki fue lento y pesado, y más por tener que hacer la mitad de noche. Llegamos a Nanyuki a tiempo para cenar y nos quedamos en casa de Bern, un buen amigo alemán que tiene una pequeña granja a pocos kilómetros de la capital de Laikipia,y vive allí con su familia .Hacía varios años que no venía a su casa, y su prole ha crecido mucho desde entonces! Dimos buena cuenta de una rica fondeu y vimos el partido de Nadal en el US OPEN (pedía con Murray, suspendido por lluvia). Topo tuvo un inesperado reencuentro con su viejo botijo!

Aeropuerto de Nanyuki

7 / 9 /08 – pero pole pole!

No madrugamos demasiado y tras dar una vuelta por la granja (no se veía el Monte Kenya, estaba tapado por las nubes), salimos poco antes de las diez de la mañana. Hicimos una pequeña parada en Tropic Air (el coqueto aeropuerto de Nanyuki), con bastante actividad local al ser domingo y estar unos cuantos British Army de maniobras con helicópteros. No llevábamos recorrido ni un kilómetro desde el aeropuerto cuando Topo soltó una maldición y sono un fuerte CLACK proveniente del motor… claclacla y Topo detuvo el coche… avería… y de las gordas! Tras parar comprobamos que no era de motor, todo parecía intacto pero sin duda era el eje o algo relacionado con las ruedas. Llamamos a Bern (estabamos a unos 5 kilómetros de su casa) y entre Topo y él dictaminaron que era el diferencial del eje delantero. Conseguimos llegar a la granja avanzando a 10 por hora y con un ruido espantoso. Afortunadamente Bern tiene una empresa de construcción de infraestructuras, y varios de sus mecánicos estaban trabajando ese día en su taller. ¡Menuda suerte!, dos horas más tarde nos habría pillado en mitad de la nada…

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Chishakwe, Save Valley – Zimbabwe. Respirando África

La noche del 11 de mayo, entre la 1 y las 5 de la mañana me encontraba junto al fuego del campamento, tomando recio ron jacamaicano con coca cola, mano a mano con Spike Claassen, uno de los mejores cazadores profesionales de Zimbabwe, al Norte de Save Valley, en Zimbabwe. Estábamos concretamente en el coqueto campamento de Chishakwe, y a unos 500 metros un gran león rugía a una noche estrellada, coronada por una gran media luna de tono rojizo, que bailaba sobre los baobabs y mopanes. Cada vez que el león rugía sonreíamos borrachos en silencio, escuchando lo que nos tenía que decir. Cuando callaba brindábamos emocionados, y Spike, un gran tipo, zimbabwés y africano hasta la médula decía:

Por cosas así estamos en África. Puede que la gente no lo entienda en sus lujosos apartamentos en las grandes ciudades. Pero mientras ese león nos siga hablando así, todo tiene sentido en esta locura que es África.

Y es que si algo se respira en este rincón del sureste de Zimbabwe, muy pegado a Mozambique es un África pura, salvaje, coqueta, pasional y dramáticamente hermosa y amenazadora.

No en vano el Save Valley Conservancy Area es un gigantesco trozo de la madre África de más de 350.000 hectáreas, que es un ejemplo de un África que se fue para afortunadamente volver. Toda esta zona, tras la llegada del hombre blanco y la creación de Rhodesia del Sur, el sueño de Cecil Rhodes, el estrafalario magnate de los diamantes que soñó con hacer del cono Sur de África la Tierra soñada por el hombre blanco; fue convirtiéndose poco a poco en gigantescos ranchos ganaderos. Durante la primera mitad del sXX y con el afán de ganar terreno a las fieras y a las enfermedades, prácticamente se acabó con la fauna autóctona de esta zona, para librarla de peste bobina y ser pasto para gigantescas explotaciones ganaderas. El alambre de espino fue delineando las grandes fincas (originariamente todo el Save Valley se dividía en tan solo cuatro mega ranchos), y vacas y cebúes pastaban a sus anchas. Sin embargo hacia el último cuarto del siglo pasado estas explotaciones dejaron de ser rentables. Se empezaba a hablar entonces del uso sostenible de la fauna salvaje como mejor negocio, explotar tierras para eco turismo, ya fuese cinegético o turismo convencional. Poco a poco el ganado fue dando paso a la fauna. Entre 1986 y 1991 un total de 33 rinos negros fueron trasladados a la zona, habitat ideal para este esquivo y amenazado dinosaurio, con el consentimiento de los rancheros. Hoy en día la población ha crecido y es de las más estables del país.

Pocos recordaréis las devastadoras inundaciones de 1991. Con ellas se fueron las vallas. Nacía entonces el Save Valley Conservancy Area. Las fincas desaparecieron y la zona se dividió en numerosas concesiones. En 1992 se llevó acabo una iniciativa sin precedentes. 600 elefantes procedentes del Parque de Gonarezhou, donde estaban a punto de desfallecer de hambre por carecer de comida, fueron trasladados a Save Valley. Era la primera vez que se trasladaban núcleos familiares enteros de elefantes y afortunadamente la experiencia fue un éxito. Esa población actualmente no solo se ha mantenido sino que se ha incrementado considerablemente. Actualmente hay más de 1.000 elefantes en el área. Otras especies fueron reintroducidas y otras simplemente fueron llegando o creciendo sus reducidas poblaciones.

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Volver a Kenia once años después

 

La Diligencia en Masai Mara. Kenya. Septiembre de 2007
Foto: Elena Pañeda

Es un lujazo para este blog contar con un “primer espada” como es Fernando Reinlein, quien con su magistral pluma nos relata el safari por Kenya que acaba de realizar:

 

Fue en 1996 cuando hicimos nuestro último viaje a Kenia. Desde 1985 y hasta esa fecha, todos los años volvíamos para decir: “Jambo, rafiki, a esa gente maravillosa que sabe lo que es el servicio en el Sector turístico sin ser serviles; o “sopa” en la lengua “maa” a los orgullosos masais. Es decir. Volvíamos para decir simplemente ¡Hola! a unos amigos, o así los considerábamos a todos al paso de los años.

 

Niños masai. Kenya. Septiembre de 2007

La vida cortó los viajes y, once años después, la suerte me hizo aterrizar en Nairobi donde, mi sobrina un amigo y yo, comenzamos un viaje – un safari – de catorce días en el que, a pesar del conocimiento adquirido años antes, la sorpresa y la satisfacción no nos abandonaron. Fuimos de la mano de Topo Pañeda, el director de TOPO Safaris, la única agencia local en Kenia reconocida como tal y dirigida por españoles. Ese fue uno de los lujos, que fuese “el Topo” el tour líder de la expedición.

Leopardo. Masai Mara, Kenya, septiembre de 2007

 

El aterrizaje en Masai Mara, al oeste del Parque, tuvo lugar a las 16 horas y con Diëter al volante, tomamos en camino hacia Kilima, el Camp desde el que puede gozar de una de las vistas más impresionantes de la reserva, con los meandros del Mara a pie de la inmensa pintura que aparece a la vista.

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Masindi

No siempre hay q ir o estar en sitios grandiosos para vivir momentos grandiosos. Igual q los pequeños detalles son los que marcan la diferencia, a veces sitios inesperados son los que nos muestran la esencia misma de los lugares…

Un viaje ha de ser una aventura que comience con un subidón, luego se mantenga para volver a subir, y tras descansar dar un subidón final. Mi máxima a la hora de organizar o hacer un safari es que hay que ir con animo de explorar, no de visitar, y los exploradores somos curiosos e inquietos. En un safari a veces lo de menos son los paisajes, o los animales. En un safari lo importante es África, sentirla, vivirla, asimilarla y con suerte y si se toman los pasos adecuados lo más dificil de todo: comprenderla. Los que la amamos y la llevamos dentro tenemos allí el corazón. Lugares como Masindi son los que de verdad te enamoran y te cautivan, y hacen que la experiencia africana alcance su máxima expresión…

Masindi no es más q un pequeño pueblo de Uganda, a unas 4 horas de la capital, Kampala, y muy cerca del Parque Nacional de Murchinson Falls, una de las sabanas más bellas de África. Es una región exuberante, un auténtico vergel, por algo Uganda siempre fue la Perla del Este de África. Es una tierra salpicada por el río Nilo, que fluye alegre y limpio a tan solo unos cien kilómetros de su nacimiento, en el mismo corazón de África: El Nyanza, el mítico Lago Victoria.

Fue en verano de 2003. Iba con T aprendiendo el oficio, ayudandole a llevar un grupo de 15 en un safari en camión de 26 días, una ruta preciosa por Kenya, Uganda y Tanzania con meta final en Zanzíbar. Llevábamos unos 10 días de safari y estabamos algo cansados, tras una última etapa muy emocionante, acampados dos días en la orilla del Nilo y disfrutando de los rápidos de las Bujangali Falls. T decidió tomar una tarde de descanso y antes de comer paramos en este pueblecito, y plantamos el campamento. Lo hicimos a las afueras del pueblo, junto a la escuela, por lo que no tardamos de estar rodeados de niños, que curiosos se acercaban a ver que hacían estos muzungus (blancos). No paraban de llegar, con lo que al poco rato estabamos con unos 50 o 70 niños, jugando con ellos, unos al futbol, otros corriendo, organizando juegos, otros dibujando… eran unos niños educadísimos, muy simpáticos, muy sanos y muy guapos. Era muy gracioso verlos callados alrededor nuestro, muy elegantes con sus uniformes azules y verdes, fascinados con cualquier cosa que hacíamos y riendo y cuchicheando entre ellos. A mi me encanta hacerles fotos para enseñarselas a través de la pantallita de la cámara, ver su reacción, sus grandes ojos sorprendidos y su carcajada al verse en una foto, en la mayoría de los casos por primera vez.

Apareció un personaje un poco repelente pero bastante habitual en África. El clásico pelota, que ve a unos blancos y le encanta acercarse para hacerse el importante. Era un tipo muy gracioso, elegantemente vestido de safari y con un libro de primeros auxilios bajo el brazo. Se llamaba Benjamin. Se presentó como el coordinador (puesto muy habitual en África) de los Boy Scouts de Masindi, nos daba la bienvenida y se ponía a nuestra disposición. T, guasón, le dijo que estabamos explorando Uganda, y que yo era el q dirigía la expedición ya que me llamaba Paco Speke, y era descendiente del Gran Speke, el explorador blanco que primero pisó estas tierras y tiene el honor de ser el descubridor de las fuentes del Nilo. Benjamin se mostró impresionado mientras yo asintía solemnemente y decidimos ir a echar un vistazo al pueblo y abastecernos de vituallas y provisiones. Allá fuimos, Benjamin, T y el descendiente de Speke y parte del grupo, mientras el resto se quedó en el campamento jugando con los niños.


Masindi es un pueblo típico de esta zona del Este de África. Parece un pueblo del Oeste. Sus calles no están asfaltadas salvo la carretera que lo cruza y pese a ser un sitio pequeño bulle actividad. Era curioso ver las tiendas, los comercios, la carpintería, la sastrería (con sus viejas máquinas Singer), los talleres de motos, y por supuesto el mercado. Pocas cosas hay tan fascinantes como un mercado africano, y de este de Masindi guardo un recuerdo muy especial: un auténtico espectáculo de color: en la esplanada las mamas sentadas en el suelo delante de su género, vestidas con kangas de muchísimos colores y un pañuelo a juego en la cabeza. Bananas, bananas y bananas (hasta 40 tipos diferentes hay en Uganda), lechugas, tomates, cebollas, enormes mazorcas de maiz… enormes mangos, papayas, cassis… una maravilla!!! Se partían de risa mientras atendían a los muzungus, y compramos muchas vituallas para el safari.

Luego puestos de madera bajo una techumbre, por todos lados olía a clavo. Puestos de especias, inciensos, carbón, carnicerías, cacharrerías… En todos puestos charlando y riendo con la gente, tan amistosa y encantada de atendernos, preguntandonos cosas, respondiendo a nuestras preguntas y siempre haciéndonos un regalo. Conseguimos hasta el mortero que T estaba buscando desde Nairobi para poder moler su famoso té somalí…

Rematamos esa deliciosa tarde en el bar local, regentado por una chica guapísima con la que estuve tonteando un buen rato.El bar tenía el sugerente nombre de “Traveller’s Corner“. Las Nile Special iban cayendo y nos pillamos un pedo graciosísimo. Pocas veces me he reido tanto con T como esa tarde en la terraza del bar, bebiendo los grandes botellones de cerveza y riendonos con la chica guapa. Volvimos al campamento a tiempo de disfrutar de un atardecer espectacular, realmente memorable.

Cuando volvíamos, el fiel Benjamin nos informó que había tantos niños pq estaban celebrando algo así como la convención anual de los Boy Scouts de Uganda, y que eramos invitados de honor. Como no le hacíamos mucho caso (realmente era un pelma), no nos enteramos muy bien de que pasaba, pero al lado del campamento habían instalado una gigantesca pira de madera. Cenamos solos. Nick el cocinero se había superado esa noche, y nos tumbamos alrededor de la hoguera.. entonces empezamos a oir unos tambores y una música que se iba acercando… Vimos unas antorchas y aparecieron unos 300 niños!!! todos cantando y bailando, precedidos de unos 10 tamborileros. encendieron la enorme pira y se formó un enorme circulo alrededor, al cual fuimos invitados a unirnos. Acercamos los colchones y nos tumbamos, mirando fascinados…
el espectáculo fue increible, mezclaban canciones tradicionales e internacionales de los boy scouts (a los cuales siempre había odiado, la verdad), con canciones tradicionales ugandesas, en varios dialectas. Pero todo era presentado como en una especie de rito pagano. Uno llevaba la voz cantante, y de pronto gritaba (en inglés): – He visto al demonio!!!! (a lo que todos replicaban: UUUUHHH) He visto al demonio!!! UUUUUHHH he visto al demonio!!!!! UHHH!!!el demonio eres tuuuuuu!!!!!! UUUUHHHHH UUUHHH UUUUUHHHH!!!!!! – Y el que señalaba empezaba a cantar la siguiente canción.

Todos mirabamos el epectáculo con la boca abierta, que pasada!!! todos los niños cantando y bailando bajo una noche africana de millones de estrellas!!! Algunos caian dormidos con el ritmo. T, aun medio pedo bromeaba diciendole a los turistas que aprovecharan y tomaran fotos, que el espectáculo le había costado una pasta… No se cuanto tiempo estuvimos así, yo hubo un momento en que me retiré unos metros y me senté a contemplar la escena desde la escalerilla del camión, disfrutando de los sonidos, de las estrellas, y de una luna de agosto completamente llena muy especial, una luna cómplice que me miraba y sonreía, y entonces aún me impregné más aún de África, y supe que tenía que luchar por mi sueño y que no podía perderme estas experiencias…

En África cada día es especial, incluso el que se plantea para descansar y que aparentemente no tiene mucho que ofrecer… Por eso para mi, el África más auténtica, el África que amo tiene muchos nombres, pero sin duda Masindi es uno de ellos…

9 de abril de 2006

Los 6 magníficos

Hacía un día precioso. Era el primero que pasabamos en Mara después de casi una semana de safari por Loita Forest y Loita Hills, con toda la tropa de guerreros masai, vagabundeando por allí como si fuera nuestra casa (de hecho, lo es), habiendo conquistado algún Bicon fronterizo y haber vivido más de una aventurilla (esa cobra escupidora al lado de Ilkerin fue un pasote)…

Masai Mara me emociona. He estado ya muchísimas veces allí, pero cada vez que llego, que veo esas suaves colinas, esa praderas y desde Narok veo a lo lejos la entrada del parque, o bien desde Loita, por esos bosques de acacias de fiebre amarilla repletos de elefantes, y la emoción de cruzar el mítico Sand River y llegar a Ololaimutia Gate, me entra una alegría por dentro que no sabría comparar y se me pone una sonrisa en la cara que no se me quita hasta que volvemos a Nairobi.

Esa noche ya habíamos acampado a orillas del Sand River, en el Sur de la Reserva y a unos 100 metros de la frontera con Tanzania. Estabamos a 500m del puesto de los Rangers, pero en un sitio completamente salvaje y totalmente solos. Vimos huellas de león en el camino, justo en la Puerta, y los estuvimos oyendo toda la noche, a las 4 de la mañana sonaron tan cerca que me despertaron y, en la írónica protección de la fina tela de mi pequeña tienda, no pude evitar un escalofrío, y cada ruido a mi alrededor era fascinantemente estremecedor. La tarde anterior había sido la llegada, la primera de N en Mara, y le recibió como nunca lo he visto, repleto de migración, apenas se veía el verde de las praderas entre tantísimo ñu. Vimos los primeros elefantes, los primeros leones… elegimos el sitio más alucinante para acampar, y esa noche con T y con N, con el fiel Pak, poniendo el campamento, flipando con el cruce de cientos de ñues saltando el río a tan solo 50m de dónde estabamos… Es dificil olvidar una noche africana, pero aquella con mis amigos en un sitio tan increible nunca la podré olvidar.

El día estaba precioso, Mara es mucho Mara y ya nos había ofrecido varias sorpresas. Veníamos desde el Oeste, casi llegando a Olololo, y habíamos comido en la cantina para conductores de Keekorok y tomado la primera birra fría en muchos días. Pusimos gasolina a la sedienta Dili, que aunque tenía un problema en el arranque nos había sido como siempre eficaz desde la reparación de campo que le hicimos a la suspensión en Loita. Recien salimos de Keekorok hacia el Sur, es una zona de suaves colinas y praderas amplias, muy despejadas y apenas sin acacias. Algun matorral aquí y allá… Al poco de salir, completamente solos vi agazapado entre las matas un pequeño steenbok. Es un antílope que no abunda en Mara, había visto pocos allí y lo tomé como una buena señal de lo que nos depararía la tarde… Al poco nos cruzamos con un camión de safari conducido por una rubia guapísima!!!! A parte de la emoción de ver las primeras chicas guapas en más de una semana… una chica bonita conductora de camiones para safari? la chica de mi vida????!!!!!… Esto tenía que ser otra señal…

No me equivoqué… seguimos camino y al poco la vi. Duma!!! Chetaah!, una hembra de guepardo estaba a punto de cruzar el camino. Llegamos junto a ella, nos miraba desconfiada, y miraba insistentemente hacia atrás. Sin embargo no veía hermanos , y era una hembra adulta, y parecía hambrienta… De pronto cruzó lentamente el polvoriento camino. Con el motor de La Diligencia apagado solo se oía el replicar de un millón de ñues a nuestro alrededor.

Y de repente, aparicieron…

Al principio no daba crédito y pensé que se trataba de un honey badger… pero no!! 6 pequeñas crías de guepardo. 6!!!! apenas debían tener un mes y atropeladamente cruzaron siguiendo los pasos de su madre. Preciosos!!! impresionantes!!! iban uno tras otro con aire altanero, con las bandas blancas que tienen en esta etapa. Les seguimos y la madre se paró. La tropilla se juntó junto a ella, unos jugaban entre ellos, lanzàndose zarpazos, otros remoloneaban entorno a su protectora… 6 cachorros!!!! Menuda campeona!!!! es inusual que nazcan tantos. Estaban todos fuertes y sanos. Se les oía chillar y jugar. Menuda gozada!!! estuvimos un rato flipando, y la madre decidió que ya era hora de comer algo y se puso en movimiento, trotando y pronto corriendo, para dejar atrás la prole mientras salía a cazar. Los cachorros la siguieron unos metros hasta que comprendieron que mami tenía cosas importantes que hacer, así que junto a una mata algo tupida se juntaron los 6 y se quedaron en silencio. Es increible el instinto de superviviencia que pueden tener siendo tan pequeños… Nos quedamos inmoviles contemplando la escena… No tardó en volver la madre, siempre en todo momento pendiente de nosotros… con las fauces vacías… Había varias gacelas thomson alreedor…

Con pena decidimos seguir camino, sin duda estaba nerviosa por nuestra presencia y era mejor dejarla cazar tranquila… Nos alejamos con una sonrisa enorme en el rostro, y mirandonos, sin decir nada, compartiendo ese momento… Mara es mucho Mara…

Han pasado ya 5 meses de aquello. Me pregunto que habrá sido de esos 6 pequeñajos. Los que hayan sobrevivido probablemente saldrán ya adelante. Lo normal es que tan solo 3 hayan conseguido pasar la temporada corta de lluvias. Si 4 lo han hecho, sería genial… 5 o 6 y a la madre habría que hacerle un monumento… Esos días me estrmecía al ver chacales o hienas, y no quería pensar que pasaría si se topasen con ellos, o un babuino, o un león, o un leopardo, o prácticamente cualquier bicho que tuviera pico o colmillos… Afortunadamente en esa época Mara es una orgía de carroñeros saciados de tantos cadaveres que siembran de muerte y vida las praderas…

Echo de menos esos atardeceres en nuestro campamento, en el Campi ya Upepo, viendo como aquellos 4 viejos búfalos se retiraban siguiendo la ribera del Sand River. Echo de menos esos atardeceres de gamas rojas, lilas y naranjas, y el sonido de los ñues, y del leopardo, y del león del clan del río. Pienso en la suerte de aquellos 6 magníficos y su lucha por sobrevivir, por la metáfora y lección que nos da Mara sobre la vida, pienso en Pedrito, ya sano y fuerte…

9 de febrero de 2006

.. y tengo tanta morriña africana que necesito volver pronto…


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