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Charla con el Ministro de Turismo de Kenya

Ayer, 27 de enero y calentando motores para FITUR o9, la Oficina de Turismo de Kenya en España organizó un desayuno para la prensa y rueda de prensa con el Ministro de Turismo de Kenya, el Honorable Najib Balala.

El Ministro estuvo exponiendo la situación actual del Turismo en Kenya, que tras la crisis de 2008 está deseando recuperar el buen camino y el récord histórico de visitantes en 2007. El país sigue tranquilo y deseoso de recibir turistas. También expuso su voluntad de reforzar el turismo proveniente de España e informó de sus negociaciones con varias líneas aéreas para lograr poner un vuelo directo Madrid – Nairobi.

Antes de su carrera política, Balala trabajó como touroperador, por lo que está bien sensibilizado con el sector.

Le hice un par de preguntas y luego estuve charlando con el, y me gustó su predisposición y que esté determinado a negociar con Tanzania para abrir la frontera de Sand River Gate entre Masai Mara y Serengeti y crear un visado único para el Este de África entre otras medidas.

Espero que estas premisas se cumplen!!

Impiripiri Camp, o el sueño de África hecho realidad

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Ríos de tinta se han derramado sobre «el sueño de África, la llamada de África, o el mal de África». Yo mismo he escrito sobre ello como tantos otros. Pero hoy no es el día de filosofar sobre el tema, sino de hablar sueños tangibles y sueños cumplidos, y no de aquellos que se quedan en el Limbo o  flotan sobre nubes.

Impiripiri es un sueño que tiene muchos nombres propios, pero especialmente el de un hombre que tras viajar y volar por el Mundo durante muchos años, se apuntó con unos amigos a un viaje a Kenya en octubre de 2004. Inmediatamente se enamoró de esa tierra y comenzó a soñar, soñaba con Masai Mara, soñaba con los Masais y pronto esos sueños fueron dando forma a una idea: Conseguir un pedazo de tierra y construir allí un campamento, pero no un simple campamento sino El Campamento, un campamento de lujo africano y con un cierto toque español. Ese hombre es Pepe Serrano, y a ese primer viaje le sucedieron rápidamente otros para empezar a moldear su sueño y dar los primeros pasos.

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Pepe contó entonces con los mejores consultores posibles, como Topo Pañeda, Milton Siloma (en los primeros tiempos, hoy en día desvinculados del proyecto) y Dixon ole Tura entre otros, quienes les aconsejaron con el dónde, cómo, con qué diseñador, etc.. El primer paso, gracias a los buenos contactos en la comunidad masai, fue conseguir la concesión de un terreno en Mara Este. Recuerdo reunirme con Pepe en mi despacho y hablar del proyecto,  sacar el mapa de Mara y señalar ese punto como el ideal para hacer un nuevo alojamiento, y soñar con la idea que entonces parecía dificil y lejana. Pues precisamente allí, en un lugar privilegiado y sin otros alojamientos alrededor, al borde del Mara, casi con Tanzania y no  lejos de la puerta de Ololamuitia, se consiguió firmar la concesión de Impiripiri. El sitio era idílico, tenía agua, tenía árboles con sombra, tenía una colina con una vista espectacular… Y el sueño ya tenía suelo y nombre.

Pepe contagió su entusiasmo y su idea a su hijo Jose, quien al finalizar sus estudios se trasladó a vivir a Kenya y comenzó  en 2006 entonces la larga, farragosa, lenta y frustrante tarea de enfrentarse a la burocracia africana, y conseguir todos los permisos pertinentes, la colaboración de la comunidad masai, empezar a formar a los empleados y comenzar los proyectos de diseño y construcción del campamento. Desde ese punto cero, cualquier cosa suponía un problema, desde el agua para consumo humano, la electricidad, los caminos… Pero los Serrano no cejaron en su empeño, fueron sorteando obstaculos, invirtieron con convicción y no escatimaron en ningún detalle. Para tener un alojamiento de lujo en la sabana, operativo y que funcione hay que cuidar miles de detalles, desde el servicio a los sistemas de agua caliente, desde la cocina hasta los vehículos… una auténtica locura.

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Diario de safari: Mashariki safari. Día 4

DSCF6405.JPGChe Shale

17-9-08. Echando de menos África

Desayunamos temprano en Che Shale. Antes de terminar de cerrar la maleta me di un relajante masaje… Nos despedimos de Justin, su playa, sus cabañas y su palmeral y tras una corta reunión en Malindi, pasamos a dar una vuelta a Watamu, una bahía espectacular a unos 20 minutos de Malindi. El camino es espectacular, bordeando el bosque santuario de Arabuko – Sokoke. Continuamos hacia Mombasa, bordeando el Índico, pasando por campos de piñas, girasoles y sisal, y viendo los últimos baobabs. Pasamos el precioso estuario de Kilifi, y almorzamos en las playas del Norte de Mombasa, que aunque son preciosas, para mi no tienen comparación con las del Sur.

DSCF6433.JPGWatamu Bay

Entramos en el bullicio de Mombasa, y tras una parada para organizar el equipaje y una ducha en la casa de Urko, Topo me dejó en el aeropuerto…

Allí nos despedimos… En la puerta de embarque, ante 3 vuelos y unas 16 horas de viaje por delante, no podía dejar de echar de menos el camino recorrido… y ya echaba de menos Kenya…

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Diario de safari: Mashariki safari. Día 3

DSCF6300.JPGAmanecer sobre el río Galana

16-9-08. Elefantes y acacias, cangrejos y palmeras

Noche espectacular, el brillo de la Luna iluminaba las aguas del Galana. Uno casi quería esforzarse por no dormir y escudriñar con los prismáticos las sombras de la ribera, e intentar identificar a todos esos visitantes. El sueño me podía pero dormí a saltos, levantandome de vez en cuando para echar un vistazo y escuchar los sonidos de la sabana. A eso de las 5 de la mañana, cuando ya casi se intuía los primeros rayos de sol, el indiscutible sonido de un león, de un león de Tsavo, quién sabe si descendiente de aquellos leones devoradores de hombres… otro macho le respondía. Estarían a 3 kilómetros del campamento, como mucho…

14Martín Pescador

No tardé mucho más en despertarme, salíamos muy temprano. A poco que empezó a clarear cargamos el coche con una enorme y exagerada nevera de camping y nos fuimos de nuevo al Galana Ranch con nuestro guía. El amanecer sobre el Galana era precioso, y la temperatura perfecta, apenas un poquito de fresco. Al llegar al punto donde cruzamos el río, un gran grupo de waterbucks se alejó sobresaltado. Yo quería haber tirado hacia la pista de aterrizaje, en dirección dónde apenas una hora antes había escuchado rugir a esos leones, pero al guía no le pareció muy buena idea y por desgracia no nos sobraba el tiempo, ya que habíamos quedado con Urko a comer en Malindi. Un pequeño lillac brested roller nos daba la bienvenida desde la punta de un matorral. Gerenuks, impalas, gacelas de Grandt…

DSCF6219.JPGGerenuk, antílope jirafa

El Galana Ranch fue en origen varios bloques de caza, en un lugar que es prácticamente una prolongación del Tsavo. Cuando llegó la independencia de Kenya y se prohibió la caza, los ánimos de progreso y prosperidad del gobierno, empujaron a querer convertir este Galana Ranch de aproximadamente unas 800.000 hectáreas (para que os hagáis una idea, la mayor finca de España tiene unas 14.000…) en la cabaña vacuna del país. Se intentó acabar con casi toda la fauna local, en especial grandes predadores, elefantes y búfalos para introducir miles de cabezas de ganado. No recuerdo el nº exácto pero era una barbaridad. Aún así nunca pudieron acabar con la abundante fauna. Años después el gobierno se convenció de que la idea no funcionaba (este habitat es muy seco y árido en la época seca) y el rancho fue una completa ruina. Entonces, como ha ocurrido en otros tantos lugares como el Área de Conservación de Ngorongoro en Tanzania o Save Valley en Zimbabwe, se volvió a la idea original, reducir el ganado y dar prioridad a la Conservación de la Naturaleza. Desde luego en esa barbaridad de terreno debería haber espacio para todo!

De hecho hoy en día la población de elefantes del Galana Rancha asciende aproximadamente a unos 1.335 ejemplares (según datos de 2005 del Grupo Especialista del Elefante de la UICN), lo cual es una cifra más que considerable (aproximadamente la misma que el Parque Nacional de Amboseli, aunque este es mucho menor).

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Avanzamos en dirección Norte, y tras atravesar el pueblo de guardas, empleados y maquinaria, nos adentramos de nuevo en una sabana cerrada, de matorral espinoso de color ceniza en contraste con el rojo del suelo. Avanzamos deprisa por una buena pista y vimos varios grupos de elefantes, muchísimos dik diks que cruzaban el carril como rayos. El paisaje entró en una cierta monotonía pero con una belleza especial acentuada por los brillos tempranos de la mañana. De vez en cuando se abría un poco el matorral y aparecía algún pozo y bebederos. En uno de ellos vimos un gran bando de gallinas de guinea.

Llegamos a una gran charca completamente seca a estas alturas del año, donde en temporada organizan tiradas de caza menor (la única modalidad permitida en Kenya). De hecho en el rato que estuvimos allí vimos pasar numerosas gangas y por las inmediaciones algunos francolines y codornices. Desayunamos allí, deseando tener más tiempo y llegar a unas colinas cercanas desde donde hacer un buen paseo y ver una buena panorámica del gigantesco Galana Ranch.

DSCF6330.JPGLos elefantes que asustaron al lechero…

Durante el camino de vuelta a Kulalu Camp, tuvimos una pequeña anécdota que resume un poco lo que es esta tierra. En mitad de la nada, en ese mar de arbustos espinosos, había un hombre haciéndonos señas. 300 metros más adelante había una bicicleta correctamente aparcada. Era un lechero. Nos dijo que había un par de enormes elefantes con malas pulgas al lado del camino y que no se atrevía a pasar. Le llevamos a su bicicleta y usamos el coche como escudo ante los dos colosos que no nos quitaban ojo. Que preciosidad el contraste de esas moles rojas (cubiertas de polvo) entre ese paisaje «en blanco y negro»… El lechero pedaleaba con fuerza y estuvimos un rato quitos, marcando al elefante y dándole una ventaja prudente al intrépido ciclista. Por supuesto no nos cruzamos con ningún turista.

DSCF6331.JPGEl lechero huyendo de los elefantes…

Dejamos con tristeza el precioso Kulalu, dejando atrás el gran Tsavo y el Galana Ranch, mirando con nostalgia la falla del Yatta Plateau y tanta sabana por explorar… Seguimos nuestro rumbo Este, hacia la costa, con destino a Malindi. Las dos horas y pico de camino fueron preciosas, cambiando ese paisaje árido por unas tierras fértiles y verdes, campos de piñas, cultivos, eucaliptus y un bosque gigantesco de cedros. Poco a poco se sentía la humedad de la costa y cuando aún teníamos los elefantes del Galana en la retina, de pronto llegamos al bullicioso caos bullanguero de Malindi, y aturdidos nos incorporamos al tráfico, a las tiendas, y a los muzungus italianos que pululaban de un lado a otro…Y finalmente el Índico, con una quietud amable y un azul acogedor…

DSCF6178.JPGTienda en Kulalu Camp

Tras comer con Urko en una terraza, Nos dirigimos al Norte, en un breve viaje en el cual volvimos a cruzar el Galana en su desembocadura… Y antes de darnos cuenta el coche avanzaba por la arena fina y bajo las palmeras que nos conducían a Che Shale. Increible pasar del polvo rojo de la sabana árida a estas enormes palmeras y a la arena blanca y fina de esta preciosa playa. Afortunadamente al ser una playa privada, está fuera del alcance de beach boys y buscavidas que no dejan de dar la lata al visitante. Una ducha meteórica en nuestra simple pero deliciosa cabaña y ya estabamos traje de baño puesto y kikoy en mano, dispuestos a remojarnos en el Índico. En la playa estaban dando una clase teórica de Kite surf, pero yo me fije más en una tumbona que parecía ser el no va más para una siesta. Tras bañarnos en el Índico y dar un paseo por el palmeral y las dunas, nos alucinó el atardecer.

DSCF6362.JPGChe Shale… se sale!

Antes de cenar estuvimos tomando una Tusker con Justin Aniere, quien además de tener origen español, se ha criado en el Galana Ranch. Justin nos dijo que tras criarse en esta sabana dura, entre Tsavo, Galana, y la costa de Malindi a Kiwayu, no quiere ni oir hablar de Masai Mara, donde hace 20 años que no va. Además es pionero en Kenya de Kite Surf, y ha fundado esta escuela, ya que además su playa reune las mejores condiciones para practicar este nuevo deporte naútico.

DSCF6403.JPGLa tumbona del sXXI

Tras una fantástica cena estuvimos un rato charlando en la playa, junto al fuego, y bajo una Luna que acababa de empezar a decrecer e iluminaba el mar y la costa, formando sombra a las palmeras en la arena… Una visión para recordar, colofón en un día en el que aunque parezca subrealista, comencé oyendo leones, pude ver elefantes, gerenuks y me bañé en el Indico en una playa paradisiaca… Esto solo puede pasar en Kenya.

DSCF6384.JPGAtardecer en Che Shale

Diario de safari: Mashariki safari. Día 2

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15-9-08. El país de los elefantes

Nos levantamos prácticamente al amanecer. Antes de desayunar y clandestinamente fuimos a dar un paseo por los alrededores del campamento. Esto es algo que nunca, y bajo ningún concepto debéis hacer sin estar acompañados de vuestros guías pues es realmente muy peligroso. Apenas nos alejamos unos pocos centenares de metros, pero era impresionante la cantidad de rastros de elefantes e hipopótamos que encontramos por todas partes, algunos de ellos prácticamente dentro del campamento. Es inevitable tener algún escalofrío y andar con mucha cautela por si algún  hipopótamo rezagado se encuentra aún fuera del agua o hay algún elefante tras la espesa vegetación de la ribera. Estuvimos un rato caminando por la orilla arenosa, analizando las huellas de lo que se había acercado esa noche a beber al río. Prácticamente todas eran de elefantes, en un número elevadísimo, y todas siguiendo un recorrido en U, llegando al agua y sin quedarse mucho tiempo por los alrededores volvían a emprender camino de regreso al interior de la sabana. Parecía que los elefantes no se sentían muy seguros en espacios tan abiertos.

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Después del desayuno salimos de game drive. Durante un buen rato Topo descansó de tantos kilómetros y estuve conduciendo yo. La mañana estaba preciosa, con sol y un cielo prácticamente despejado. Desde que salimos del campamento no paramos de ver rastro de elefante fresco por todas partes. Las huellas cruzando la carretera eran de esa misma noche y las había por todas partes, correspondiendo a pequeños grupos que iban y venían del río. Efectivamente no tardamos en ver a los primeros elefantes, que brillaban rojizos a la suave luz de la mañana. Todos los grupos siempre alerta y todos camino del interior del Parque. Alternaban los grupos de elefantes dik dik fugaces que cruzaban el camino como rayos, algún grupete de impalas, algún waterbuck o nos distraíamos observando grupos de hipopótamos tomando el sol en alguna isleta del Galana.

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En toda la mañana de game drive nos cruzamos con dos mini buses de turistas, que venían de Malindi. Visitar este parque es una gozada, sin turistas y con una sensación extra por lo salvaje y auténtico del paisaje y su fauna. Así estuvimos varias horas, avanzando despacio y sin dejar de asombrarnos por tanto rastro y rastro de elefantes. Un grupo aquí, otro allá, un macho por ahí, otra familia más allá… Una de las escenas más bonitas fue ver un grupo grande, unos estaban aún bebiendo en pleno cauce del río y otros fuera del agua, en la otra orilla del Galana y subidos caprichosamente a unas grajdes rocas. Dos enormes matriarcas tomaban las decisiones y cuando nos vieron bajarnos del vehículo levantaron las trompas, y al tomarnos el aire resoplaron y se dieron la vuelta, avanzando hacia la meseta de Yatta.

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Diario de safari: Mashariki safari. Día 1

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14-9-08. Rumbo Este! Destino «un lugar de matanza»

Tras unos días en Nairobi volvemos a ponernos en marcha tras nuestro «Kaskazini Safari«, en este caso íbamos a poner rumbo Este (Mashariki) hacia la costa. En los días de descanso en Nairobi el Mercedes pasó por boxes, y aunque sigue sin diferencial y por tanto con el 4×4 inutilizable, el coche iba como una seda. Salimos bastante temprano de un Nairobi nublado y amenazante de lluvia pero completamente calmo  y desierto, muy distinto de los bulliciosos y caóticos días del resto de la semana, y no encontramos tráfico hasta llegar a las obras de la carretera de Mombasa. Hicimos una pequeña parada en Athi River, donde vimos a la hermana de Shukri. Tras la breve parada continuamos camino alegremente y con buena música.

Durante la ruta por la carretera de Mombasa, que aunque está casi peremnemente en obras y nunca terminada del todo, está por lo general bastante bien (salvo la salida/entrada a la capital keniata), uno se da cuenta de los peligros de estas carreteras, sobre todo por el enorme tráfico de camiones (Mombasa es el mayor puerto del Este de África, al que llegan diariamente cientos de contenedores que luego son repartidos por el continente). Cada pocos kilómetros se suele ver un camión que se ha salido de la carretera o ha hecho la tijera y ha esparcido su carga por todos lados. Sin embargo el camino es bonito, y antes de llegar a Mtito Andrei vimos numerosas gacelas a ambos lados de la carretera: gacelas Thomson, hartebeest y algún ñú, en tierra de nadie y completamente fuera de Parques.

En Mtito Andrei paramos a picar algo y a llenar el tanque de gasóleo (no veríamos muchas más gasolineras hasta Malindi». Continuamos camino y el paisaje se iba volviendo completamente estilo Tsavo, a la derecha de la carretera quedaba el Tsavo Oeste, a la izquierda el Tsavo Este. La siguiente parada fue en el Puente de Patersson, el lugar donde los famosos «Leones devoradores de hombre de Tsavo» mataron y se comieron a unos 140 trabajadores del ferrocarril, el llamado tren lunático. Poco más adelante estaba la puerta de Manyani, donde entramos en el Parque Nacional de Tsavo Este. Tras registrarnos (para evitar un escándaloso caso de corrupción en el Kenya Wildlife Service, hay que llevar las entradas prepagadas en una tarjeta electrónica), entramos en el Parque y nada más cruzar la barrera vimos la primera escena insólita: dos grandes marabúes se peleaban furiosamente ante la atenta mirada de otros tres congeneres. La zona ajardinada de recepción del Parque era el ring, y el combate lo seguían muy de cerca. Parecían recordarnos el significado de Tsavo en maa (lengua masai): «Lugar de matanza»

DSCF5829.JPGEl Parque Nacional de Tsavo Este, junto a su gemelo vecino de Tsavo Oeste, forman una zona de protección y conservación de la Naturaleza más grande que el Parque de Serengeti en Tanzania y prácticamente igual de grande que el célebre Parque Kruger de Sudáfrica. En total son más de 18.000 k² de inmensidad, que entre otros tesoros albergan la mayor población de elefantes de Kenya censada en aproximadamente 9.100 ejemplares (según datos de 2005 del Grupo Especialista del Elefante de la UICN); una barbaridad si tenemos en cuenta que en todo Kenya hay censados algo menos de 25.000 elefantes.

Durante finales de los 70, la zona de Tsavo contaba con una cierta superpoblación de elefantes, que se puede ver reflejada en las famosas fotos aéreas de Peter Beard; unos años de terrible sequía diezmaron la población de elefantes, muriendo decenas de miles, y lo que es peor creando un comercio ilegal de marfil (los bandidos shiftas solo tenían que ir de cadaver en cadaver y recolectar los colmillos), que desembocó en un tráfico ilegal mafioso, ya que cuando esas sequías cesaron, el mercado estaba creado y comenzó la caza furtiva para obtener el marfil. A este episodio negro de la Historia de Kenya se le llamo «la crisis del marfíl», y por desgracia estuvieron implicados numerosos altos cargos de Medio Ambiente.

Hoy en día la población de elefantes goza de buena salud y constante crecimiento. Sin embargo, al explorar el Tsavo se encuentran elefantes con peor genio que en otros Parques como Mara o Amboseli, ya que los mayores aún se acuerdan de los malos tiempos y las matanzas, y probablemente vieran a congeneres morir a manos de furtivos, por lo que siguen recelando del hombre. Si hoy en día es increible comprobar la gran densidad de elefantes que hay, ya no solo por los que se pueden ver sino por encontrar rastros de ellos en cualquier rincón al que se mire (huellas, ramas rotas, excrementos…), no logro imaginarme lo que debió ser hace 30 años!! No se debería poder dar un paso sin toparse con alguno!

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Diario de safari: Kaskazini safari. Días 5 y 6

Dik Dik

10-9-08. Rallye de Kenya

He dormido fenomenal en mi enorme cama. Abrí un ojo hacia las 3 de la mañana y estuve un rato oyendo rugir a los leones. Desayunamos tranquilamente en Saruni Samburu y el manager nos enseñó todas las habitaciones y detalles del lodge. Detrás de la zona del comedor, no lejos hay una tienda de lona grande que le sirve de oficina provisional. Junto a la tienda vimos huellas frescas de leopardo. Nos dijo que son muy abundantes en la zona ya que estas montañas son muy querenciosas, y que en ocasiones les ha visto alrededor del campamento e incluso en la piscina del lodge. Alrededor del lodge está lleno de dik diks. Es increíble lo rápido que se acostumbran los animales a la presencia del hombre, ya que el lodge no lleva ni tres meses abierto. Nos estuvo enseñando las obras de una gran presa que están construyendo. Venir aquí en noviembre, con todo verde y la presa llena debe ser una pasada…

Con tristeza cargamos el coche y partimos. Afortunadamente nos habían limpiado el interior y no había tanto polvo como el día anterior. La etapa que teníamos por delante era terminar de atravesar el territorio Samburu, hacia Wamba y Maralal, y desviarnos hacia la meseta de Laikipia.

Monte Ololokwe, la montaña sagrada de los Samburu

Para ello primero deshicimos camino hasta la polvorienta carretera principal, y después de unos 7 kilómetros nos desviamos hacia Wamba, pasando a los piés del monte Ololokwe, la montaña sagrada de los Samburu. El camino hacia Wamba fue espectacular. Sabana árida pura y dura, la pista en buen estado y Topo pilotando la Diligencia II, prácticamente volando bajo. Cruzamos varios poblados Samburu y vimos estampas preciosas, como cuando al cruzar el Ewaso Ngiro vimos el río llenos de Samburus, unos bañándose, los niños jugando y las mujeres lavando la ropa. Parecía una escena sacada de «La masai blanca«, que no en vano se desarrollaba en Barsaloi, no muy lejos de aquí. Desde Wamba, fuimos internándonos en unos preciosos valles rodeados de montañas, y fuimos ascendiendo poco a poco hacia Laikipia. En estos parajes se desarrolló un mes antes la famosa Rhino Charge, una competición de trial 4×4 muy popular en Kenya. Fue un camino precioso, realmente inolvidable.

Según ascendíamos el paisaje cambió totalmente. Poco a poco iba verdeando y los arbustos espinosos daban paso a verdes matorrales y otro tipo de acacias. Un valle y una garganta preciosas dieron paso a la meseta de Laikipia y su paisaje caracteristico. Después de tantos días de polvo seco, la tierra roja estaba húmeda y mojada, y había charcos de tormenta, probablemente del día anterior. Es increible como Topo se orienta. Le vale una pequeña aldea, o un monte y su instinto para identificar el camino y dar con la pista correcta (a veces te cruzas con muchos caminos y todos parecen iguales). Empezamos a ver fauna de nuevo: cebras, impalas y un par de orix. Bajamos por una pista infernal y encontramos la valla del famoso rancho de Loisaba. Laikipia es la provincia de los grandes ranchos y fincas privadas, muchas de las cuales además de tener explotaciones ganaderas tienen santuarios para la fauna.

A toda pastilla

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Diario de safari: Kaskazini safari. Día 4

Hyrax en el kopje de Elsa, Meru

9-9-08. Todo el polvo de África… y más

Nos despertamos pronto y tras un opíparo desayuno en Elsa’s, nos lo tomamos con algo de tranquilidad. Aunque parezca mentira, en un lugar tan remoto como este pudímos conectarnos a internet con la conexión 3g de Safaricom de Topo, y estuvimos respondiendo emails. Después estuvimos visitando todas las habitaciones del lodge, y eligiendo alguna para nuestros próximos grupos. El lodge es espectacular, increibles algunas habitaciones como la «family room» o las de «honeymooners» (lunas de Miel)

Nos despedimos, cargamos el Mercedes, y llevamos a Simon, un camarero del lodge que iba hacia Meru a ver a su padre enfermo. Nuestra intención era ir a Shaba directamente por una pista infernal, comer en Joy’s Camp y tirar de allí a Samburu, pero tanto los rangers como la gente de Elsa’s nos lo desaconsejaron. Hicimos un pequeño game drive hacia la puerta del Parque, viendo algunos elefantes y búfalos, pero ni rastro de los rinocerontes (entramos en su santuario). Junto a la valla del santuario era curioso ver grandes campos de miraá al otro lado del Parque. Una hora más tarde estábamos en el asfalto, volando hasta Meru. Dejamos a Simon y le deseamos suerte. De allí fácil hasta Isiolo y tomamos una de las pistas más polvorientas de Kenya, la que llega hasta Maralal, y de allí hasta el Norte… En estos lugares tan secos recuerdo las palabras de Mattiessen, que en uno de sus viajes compartió ruta con un camionero sudafricano que llamaba a este paisaje MMBF (miles and miles of bloody Africa, millas y millas de maldita África).

Subiendo por las paredes

Sin embargo tras haber estado en lugares tan verdes y frescos como Meru, reconozco que este paisaje árido me fascina, en su combinación de tonos rojos, marrones y grises que hacen de toda aparición de verde, una pura estravaganza… La carretera no es más que una pista polvorienta, al estar en buen estado se va a bastante velocidad y se forman enormes nubes de polvo blanco. Los chinos están construyendo una buena carretera y en un año o así debería tener asfalto al menos hasta los Parques. Al tener bastante tráfico y cruzarte con muchos vehículos, en ocasiones te quedas sin visibilidad y tienes que estar todo el rato subiendo y bajando las ventanillas del coche. Pasamos el cruce hacia Buffalo Springs y Samburu, y unos kilómetros después el cruce de Shaba. Tan solo vimos un par de cebras cubiertas de polvo y una solitaria gacela grandt. La ribera del Ewaso Ngiro se antojaba un oasis verde ante tanta desolación. Seguimos varios kilómetros hasta llegar a la desviación de la reserva de Kalama, una reserva enorme gestionada por los Samburu. El askari nos dijo que llegar a Saruni (nuestro lodge) era fácil: no había más que seguir las señales.

Samburu Saruni lleva abierto desde junio y es el lodge más moderno de Kenya. Teníamos ganas de conocerlo y por eso ibamos hacia allá. A los pocos kilómetros de la barrera, ya lejos del tráfico y del polvo blanco (ahora era una enorme nube roja lo que dejaba nuestro 4×4 a nuestro paso), paramos para beber agua, sacudirnos el polvo y comer los sandwiches que nos habían preparado en Elsa. Estabamos cerca del lodge pero era ya casi las 3 de la tarde y teníamos hambre.

Cubierto por el polvo africano…

En ese terreno tan solo había dik diks por todas partes, algún rebaño de vacas samburu y ni rastro de los carteles. Dudamos del camino y Topo dió muestras del gran pisteador que es. Fijándose en las rodadas e intuyendo dónde debía estar el lodge, fuimos avanzando por esa sabana seca y árida hasta subir a una pequeña sierra, donde por fin apareció el primer cartel. Subimos y subimos por un paraje espectacular, parecía imposible que hubiera allí un lodge de lujo… trepamos literalmente por una roca y apareció: El Kalama Samburu Saruni Lodge.

Saruni Samburu – Kalama

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Diario de safari: Kaskazini safari. Día 3

Gerenuk o antílope jirafa

8-9-08. El Parque perdido

Nos despertamos muy temprano, y tras un desayuno en el hotel de Maua al amanecer, llenamos el tanque de gasóleo y nos dirigimos, atravesando huertos y campos de miraa hacia el Parque Nacional de Meru. El Mercedes, tras la avería, iba como la seda en dos ruedas motrices. En menos de una hora estábamos en Murera Gate, donde un simpático joven ranger del KWS (Kenya Wildlife Service) nos daba la bienvenida y cumplimentábamos la entrada al Parque. Tras una charla con el ranger y ofrecernos para llevar el correo al puesto del KWS cercano a Elsa’s, nos internamos en el Parque bajo una intensa luz de la mañana.

El Parque Nacional de Meru es una joya de Kenya. Con 87.000 hectáreas (870km2) no es de los más grandes, pero tiene un paisaje rico y variado. Es un gran desconocido dentro de la red de Parques de Kenya y no está incluido en las rutas turísticas convencionales. El no aparecer en los catálogos de grandes touroperadores lo hace, ya de por si, un lugar interesante. Situado en el Norte del País, al Noreste del Monte Kenya y al Norte del Parque de Kora (separado por el río Tana), Meru es un fértil punto estratégico que recibe bastantes precipitaciones al año y tiene gran abundancia de agua. Sus diferentes biotopos son un oasis en la zona, ya que al Norte no hay más que una gigantesca extensión seca hasta la frontera con Somalia. El paisaje es bastante verde y variado, muy atractivo, y el tener regatos de agua clara cruzando su territorio hace que respire vida. El no tener un acceso cercano a Nairobi y apenas oferta hotelera, hace que Meru sea muy poco visitado. Nos encontramos entre territorio de las tribus Meru y Borana.

Kudu menor

Meru se hizo famoso por ser uno de los lugares donde George y Joy Adamson se inspiraron para su libro y rodaron más tarde la famosa película Elsa, Nacida libre. Sin embargo Meru fue muy castigado en los años 80, durante la gran sequía y el furtivismo que nació entonces. Al estar alejado y tan cerca de Somalia lo convirtió en territorio de nadie, donde los bandidos shiftas campaban a sus anchas e hicieron tremendos destrozos ante la impotencia y casi pasividad del Servicio de la Naturaleza, anterior al KWS. El Parque fue testigo en los años 80 de tremendas guerras entre furtivos y rangers, que culminó con el asesinato del malogrado conservacionista George Adamson

Los jefes de Meru

Las zonas que rodean a Meru eran antiguamente bloques de caza. Al prohibirse la caza perdieron valor y las autoridades keniananas no pueden vigilar tanto territorio, así que la fauna se vio reducida por el ganado borana y las matanzas de los shiftas. Sin embargo entre 2000 y 2005 el The International Fund for Animal Welfare (IFAW) dio un impulso de varios millones de dólares para recuperar Meru. Se valló una zona para crear un santuario de rino negro, se crearon infraestructuras y se restauraron las infraestructuras del Parque. Se introdujeron animales de otros lugares y se recuperó una de las maravillas de Kenya. Hoy en día es un Parque bien protegido y con un potencial tremendo. Será uno de los Parques fundamentales de Kenya en unos 10 años, cuando su proceso de recuperación culmine en un proceso de crecimiento y expansión.

Para mi gusto Meru lo tiene todo para disfrutar, y tuvimos un game drive delicioso durante la mañana, en la cual tan solo nos cruzamos con un vehículo. Paramos en unas bandas (cabañas) del KWS enfocadas al turismo local, y estuvimos jugando con una preciosa jirafa reticulada que tras quedar huérfana buscó cobijo aquí y está acostumbrada a la gente. «Le encanta seguir a la gente» – me dijo el cuidador del camping – y doy fe de ello.

Topo ante una amistosa jirafa reticulada

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Los leones devoradores de hombres de Tsavo – El puente de Patterson

Ese sencillo puente que se ve en la foto superior, bien podría pasar completamente desapercibido. Probablemente quien vea esta foto se fije más en el tramo del rio Tsavo, o en el gran baobab de la derecha que localiza el paisaje indudablemente en África. Sin embargo en este mismo lugar pero 110 años atrás, esta tierra se empapó de sangre en unos acontecimientos en los que la realidad ha superado con creces la ficción. Este es el puente del ferrocarril sobre el río Tsavo diseñado y construido por el Coronel  Henry Patterson, que costó la vida de aproximadamente 145 hombres que murieron devorados por una pareja de jóvenes leones, que pasaron a la Historia con el nombre de Ghost and Darkness (Fantasma y Oscuridad), los leones devoradores de hombres de Tsavo (Man-eaters of Tsavo).

Una cebra cruza sobre la vía del célebre «Tren Lunático» a excasos kilómetros del puente

110 años después, el lugar, como he indicado antes, pasa desapercibido en la inmensidad de los dos grandes Parques (Tsavo Este y Tsavo Oeste), la tierra roja del lugar, el verdor y frescor de la ribera del Tsavo y la espesa maraña de matorral espinoso y acacias bajas del paisaje, salpicado aquí y allá de baobabs. La carretera Nairobi – Mombasa pasa a excasos 300 metros del puente y el bullicio del intenso tráfico de camiones que distribuyen contenedores desde el puerto de Mombasa a todo el Este de África parece engullir este lugar mítico y legendario. Sin embargo en la magia de África es fina la tenue línea que cruza lo real de lo irreal, y en este caso más que en otro la leyenda es una cruda realidad. Cuando uno piensa que ese solitario baobab fue testigo mudo de aquella matanza y del más ancestral miedo que debieron pasar aquellos hombres, es imposible retener un escalofrío.

Ni los 110 años transcurridos, ni el asfalto ni los camiones, ni el viejo recorrido del «Tren Lunático» puede borrar las vibraciones que transmite este lugar.

La primera vez que oí hablar de la historia de los devoradores de hombres de Tsavo fue cuando era un niño. Mi padre me contó por encima la historia mientras buscaba un viejo libro en la biblioteca de casa. En la portada había una espeluznante ilustración de dos leones de demoníaca mirada y un cazador pertrechado con salacot y rifle express les miraba aterrorizado acompañado por un par de indús. No recuerdo cuantos años tendría, pero si recuerdo el terror que me provocó la historia al leer las palabras de Patterson. Años más tarde, y en el lugar de la matanza uno intenta imaginarse la escena, el campamento y ese Tsavo aún más inmenso sin carretera ni tren y absolutamente repleto de elefantes, rinos, búfalos… y uno cree escudriñar entre la hierba alta y los matorrales espinosos la silueta tenebrosa de aquellos gigantescos leones machos sin melena…Los leones de Tsavo.

Venir a este lugar y reflexionar y sentir aquella historia, es ya de por si suficiente razón para ir al Gran Tsavo, sin duda un lugar de leyenda, esencia misma de África… y esa tierra roja que le recuerda a uno que esta es tierra dura, de vida, muerte, y por supuesto sangre.

Topo Pañeda y el punte de Patterson detrás


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