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Ngambo – La orilla opuesta

113-1359_imgAmanecer en Serengeti, Tanzania, agosto de 2003

“Los objetivos posibles o cercanos, pero por otra parte casi inaccesibles, despiertan en nosotros un vehemente deseo, una incontenible apetencia. Esto lo saben bien los cazadores, cuya fantasía puebla de innumerables piezas o de colosales trofeos los montes que soñaron. ¿No tenemos una natural tendencia a imaginar la orilla opuesta del río mejor o más querenciosa? ¿No pensamos siempre que la otra vertiente de la montaña tendrá más caza? Tal vez sea éste un instinto primario en la especie humana, un impulso que la empuja hacia los descubrimientos, a la aventura y al progreso. Sin él no hubiera llegado Colón a América, ni los astronautas a la Luna, no se hubieran poblado muchos rincones de la Tierra ni se hubieran inventado las máquinas, las herramientas o los artilugios que nos trasportan. La curiosidad y la imaginación fueron poderosas palancas para el progreso.

Existe una palabreja en swahili – la lingua franca del África oriental – que significa “la otra orilla” o “la orilla opuesta, y suena más o menos ngambo. ¡Cuántas veces cerca de un caudaloso río o de uno de esos maravillosos lagos africanos se concibe la esperanza de encontrar ngambo – en la orilla opuesta – el inalcanzable elefante de más de cien libras de marfíl por colmillo, el león de melena negra, ese duende llamado leopardo u otra preciada pieza que hasta entonces no se consiguio!

Pues bien, yo he cazado en la otra orilla, nimewindea ngambo, sería la expresión en correcto swahili, a la orilla opuesta de ese mar que nos separa del Continente Oscuro, tan cercano, que llegan a divisarse sus montañas desde nuestras costas meridionales, pero tan inalcanzable y misterioso. Bien es verdad que esos picos que se ven desde el sur de España no se elevan en las tierras pobladas por elefantes y leones, para llegar a las cuales hay que atravesar el gran desierto, pero están amarrados a ese gigantesco navío del mapa de África…

… mi mayor deseo sería conseguir interesar asimismo a un sector más amplio que guste de viajes exóticos y sienta curiosidad por la orilla opuesta.”

Alfonso de Urquijo.
“La orilla opuesta”
Editorial Labor. Barcelona – 1972

Ernesto “el sabio” dixit…

Ernest Hemingway escribiendo en su campamento de safari

Esto no es mío (ojalá!), copy & paste…

 

“Siempre hay tierras míticas que pertenecen a nuestra infancia. Las solemos recordar y visitar algunas veces cuando estamos dormidos y soñamos. De noche son tan fascinantes como cuando éramos niños. Pero si alguna vez regresas para verlas, ya no están allí. Pero por la noche, si tienes la suerte de soñar con ellas, son tan maravillosas como lo fueron siempre.

 

En África cuando vivíamos en la pequeña llanura a la sombra de los grandes espinos, cerca del río, al borde del pantano al pie de la montaña, teníamos esas tierras. Ya no éramos niños, en sentido estricto, pero estoy completamente seguro de que en muchos sentidos lo éramos. Infantil se ha convertido en un termino despectivo.

 

– No seas infantil, querida.
– Confío en Dios que lo sea. No seas infantil tu.

 

Es posible sentirse agradecido de que nadie con quien te relaciones voluntariamente diga: “Se maduro. Se equilibrado. Se ponderado”.

 

África, siendo tan ancestral como es, transforma a todo el mundo, salvo a los invasores y expoliadores profesionales, en niños. Nadie le dice a nadie en África: “Por qué no creces?”. Todos los hombres y animales suman un año mas de edad cada año y algunos adquieren un año más de conocimiento. Los animales que mueren más pronto aprenden mas deprisa. Una gacela joven es madura, equilibrada e integrada a la edad de dos años. Esta bien equilibrada e integrada a la edad de cuatro semanas. Los hombres saben que en relación con la tierra son niños y que, como en los ejércitos, madurez y senilidad cabalgan muy juntas. Pero tener corazón de niño no es una desgracia. Es un honor. Un hombre debe comportarse como un hombre. Debe luchar siempre preferiblemente y sensatamente con la ventaja a su favor, pero si es necesario también en inferioridad de condiciones y sin pensar en el resultado. Ha de respetar las leyes y costumbres de su tribu tanto como le sea posible y aceptar la disciplina tribal cuando no lo haga. Pero nunca será un reproche decir que ha conservado un corazón de niño, la sinceridad de un niño, la frescura y la nobleza de un niño.”

 

“Al Romper el Alba”
Ernest Hemingway
1952
Foto: Sin datos de la procedencia


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