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En la inmensidad de Los Llanos – Venezuela

Un “rayador” a ras de agua

Cuando se piensa en un viaje a Venezuela, probablemente le viene a uno a la cabeza el Mar Caribe. Paraísos de playa como Los Roques, Morrocoy, Isla Margarita, etc. Sin embargo este país ofrece un vasto interior no demasiado conocido con una importante variedad de ecosistemas y excelentes destinos para los amantes de la Naturaleza: Los Andes, Canaima con sus selvas y enormes montañas Tepuis (y el impresionante Salto de Ángel), el Delta del Orinoco, etc.

Nada más aterrizar en La Guaira y recorrer el camino hacia Caracas uno se da cuenta de la impresionante naturaleza de este país. Desde prácticamente cualquier rincón de la caótica capital se puede ver el impresionante telón de fondo que es el Parque Nacional El Ávila, con sus casi 3.000 metros de altura y sus cerca de 90.000 hectáreas, dominando todo el valle de Caracas, su masa urbana y sus colinas repletas de ranchitos.

Chigüires

LOS LLANOS. Sin embargo, uno de los tesoros naturales de Venezuela es sin duda la región de Los Llanos, una amplia extensión que va desde el extremo occidental del estado de Apure hasta el extremo oriental del estado de Monagas. Esta extensión corresponde prácticamente a una tercera parte del territorio del país. A su vez, por su enorme superficie, se puede dividir en Llanos occidentales, centrales y orientales. Al Oeste, los llanos bajos suelen tener una altura media de 100 metros sobre el nivel del mar, y se inundan durante la época de lluvias (invierno). Los centrales tienen en la mitad norte una serie de pequeñas montañas llamadas galeras y los ríos son menos abundantes y caudalosos que los que nacen de los Andes. Los orientales se caracterizan por la existencia de mesetas que llegan a alcanzar, como la Mesa de Guanipa, 400 metros de altura.

Probablemente sean los occidentales los más característicos. Reciben los ríos que nacen directamente de los Andes, formando numerosos cauces paralelos entre sí y que cambian de curso frecuentemente por la acción de las dunas movidas por los vientos durante la sequía. El río principal de esta región es el Apure. Este ecosistema está marcado por las lluvias estacionales, formando en la época de lluvias un humedal realmente espectacular. La temperatura media anual es de 27ºC, con los valores máximos y mínimos anuales de 33ºC y 22ºC, respectivamente. Los llanos tienen un clima intertropical lluvioso de sabana con una estación de lluvias muy acentuada en el sur (Apure) y con una sequía muy marcada en el norte del estado Guárico. En el norte del estado Anzoátegui el clima es más árido.

Nacho López Gil, Ricardo Monet, Carlos Adan, el autor y un llanero con una anaconda no muy grande

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En las aguas del Pantanal (V)

El Pantanal desde el aire

Río Negro

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En las aguas del Pantanal (IV)

Yacaré a punto de almorzarse uno de nuestros pocús

Pecari

Tatú, armadillo

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En las aguas del Pantanal (III)

Zorrito cangrejero

Lamentablemente no contaba con una buena cámara en la época en que hice mi exploratoria al Pantanal. Para hacer fotos a la fauna y avifauna de este maravilloso humedal es conveniente llevar un equipo dotado de un tele o un zoom bastante potente, y yo solo contaba con mi modesta Canon S50 compacta, con zoom optico de 3x. Sin embargo el Pantanal es de tal beleça que algunos buenos momentos pude capturar. Aquí va una entrega. Todas las fotos son de diciembre de 2005:

La “piranha y el yacarezinho”

Un gran galápago

Capibara en remojo

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En las aguas del Pantanal (II) – Las fauces de las aguas oscuras

Yacaré

FAUNA: Uno de los muchos factores que hacen único al Pantanal es su sorprendente y variada fauna. En lo largo y ancho del mundo hay animales que, aunque puede que no hayamos visto nunca, nos son muy familiares como los elefantes, los leones, las jirafas, los tigres o los rinocerontes. Sin embargo hay una fauna más desconocida y misteriosa para la mayoría de los amantes de la Naturaleza, y esa es precisamente la fauna que habita el Pantanal.

El animal más representativo de este gran humedal es sin duda el jaguar (pantera onca palustris), conocido en Brasil como onça pintada. Alguna de sus subespecies llegan a alcanzar los 135 kg, lo que le convierte en el tercer felino más grande del mundo tras el tigre y el león, y por encima del leopardo en cuanto a tamaño. Es prácticamente imposible dar una estimación aproximada de la población actual del jaguar tanto en el Pantanal como en toda Sudamérica, pues censarlos, como en el caso del leopardo, es extremadamente difícil y por tanto poco fiable. Sabemos que en estas tierras la población de jaguar va en aumento tras una época en que se le presionó demasiado. Prácticamente cada fazenda tenía una persona encargada de cazarlos para evitar bajas entre el ganado. Pese a la prohibición de su caza, la realidad es que algunos pantaneiros y fazenderos los siguen cazando. Sin embargo, hoy por hoy, hay programas de compensación por muertes de ganado causadas por los depredadores. Algunas fazendas estiman estas perdidas en 4 cabezas al mes. En algunas zonas del Pantanal también se encuentra el puma, llamado onça parda en Brasil, y los ocelotes son los más conocidos entre los felinos menores.

Los osos hormigueros abundan, siendo en mi opinión una de las especies más fascinantes que se pueden encontrar aquí. Hay dos variedades. La mayor de ellas es el oso hormiguero gigante (myrmecophasa tridactyla), llamado en Brasil tamanduá bandeira, que casi alcanza los dos metros de envergadura desde el extremo de su hocico a la punta de su curiosa cola de largos pelos que parecen plumas, y que tiene unas largas y afiladas garras que le sirven tanto para excavar hormigueros como para defenderse de posibles enemigos, a los cuales les da un mortífero y potente abrazo. Más pequeño es el oso hormiguero del Sur (tamandua tetradactyla), que suele refugiarse en los árboles.

Mauri con un tatú

Entre otros mamíferos caben destacar los armadillos (tatús en Brasil), tanto el amarillo como el de nueve anillos, coaties (nasua nasua), zorros cangrejeros (cerdocyon thous), monos capuchinos, macacos, y monos aulladores negros entre las especies de simios, y sobre todo las capybaras (hydrochaeris hydrochaeris), enormes roedores, en concreto los mayores del mundo, llegando a pesar hasta 70kg, que se encuentran por doquier y son fáciles de ver a las orillas de las lagunas y ríos o escondidos entre los nenúfares. Más escasa es la espectacular nutria gigante, que rondan las orillas de ríos y lagunas especialmente durante la época seca, alimentándose de los abundantes peces de esta agua. Pero sin duda las dos mayores de las grandes rarezas del Pantanal son el tapir, el animal terrestre más grande de Sudamérica, que llegan a alcanzar los 250 kg y que son excelentes nadadores, y el aguarazú o lobo de crin, un extrañísimo zorro con largas patas y esmirriado aspecto que es el mayor de los cánidos sudamericanos.

En cuanto a los cérvidos, la especie más común es el ciervo (cervo en portugués) de los pantanos (blastocerus dichotomus), que habita en zonas pantanosas y tiene especial habilidad para andar y correr entre la vegetación acuática y por el fango. También es fácil poder ver al ciervo de la Pampa (ozoteros bezoarticus) en las praderas y zonas de hierba fresca y abundante en la época seca. La corzuela parda (mazama americana), es más propia de zonas boscosas y gusta especialmente de los tupidos bosques de galería.

La única especie autóctona que se puede cazar en el Pantanal son los pecaris, tanto el de collar (tayassu tajacu) como el de labio blanco (tayassu pecari). Este último es el más grande de ambas especies, y suele formar grandes piaras, algunas de hasta 100 o más individuos, y tienen fama de ser bastante agresivos y no dudar en atacar en grupo ante un posible peligro. Sin embargo la realidad es que hoy en día no hay mucha tradición de caza en Brasil y no se puede decir que estén bien organizados ni den facilidades a los cazadores.

El búfalo de agua ha sido introducido en la zona, y hoy en día es muy abundante en ciertas zonas del Pantanal. También se permite su caza.

Ñandú o añá

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En las aguas del Pantanal (I) – El Reino del Jaguar

El pantanal desde el aire muestra todo su esplendor y dimensión

Todo amante de la Naturaleza suele tener predilección por algún ecosistema en concreto. Hay amantes de la alta montaña, de las costas y mares, de las selvas y bosques primarios. Los hay enamorados de las vastas sabanas y estepas, de los hielos árticos y antárticos, de los desiertos yermos… y por supuesto, hay auténticos fanáticos de los humedales, que sin duda son uno de los habitats más espectaculares por su abundancia de fauna y avifauna. Uno de los humedales más importantes del mundo es también uno de los más desconocidos. Se trata de un lugar asombroso donde conviven jaguares, pumas, ocelotes, osos hormigueros, millones de caimanes, capibaras, venados de los pantanos, búfalos de agua, tucanes, jabirúes, guacamayos y un incontable número de especies. Este lugar se encuentra en Brasil, un país que aunque parezca mentira es un paraíso aún prácticamente inédito para el turismo, y que solemos relacionar tan solo con sus carnavales, su música, sus futbolistas y en todo caso con las selvas y riberas del Amazonas. Ese lugar es el Gran Pantanal de Mato Grosso.

EL GRAN HUMEDAL: Situado al Sur de Brasil, en los estados de Mato Grosso y Mato Grosso do Sul, el Pantanal es un gigantesco humedal que abarca más de 200.000 km2, extendiéndose por la cuenca del alto Paraguay, río al cual abastece anualmente de agua desde su emplazamiento en las confluencias de Brasil con Paraguay y Bolivia. Con esta extensión, cercana a la mitad de la superficie total de España, es uno de los humedales más grandes de la Tierra.

El Pantanal en sí no es más que una enorme planicie que se inunda en la época de lluvias y se retira hacia el río Paraguay al llegar la estación seca, formando incontables lagunas, algunas dulces y otras saladas, en torno a las cuales hay una vida salvaje abundantísima y muy importante por su riqueza y variedad.

El ciclo aluvial del Pantanal comienza hacia finales de octubre, cuando la lluvia empapa el suelo y el nivel de las aguas aumenta hasta lograr desbordar el río Paraguay y sus principales afluentes, inundando gradualmente las tierras adyacentes hasta que hacia febrero o marzo, final de esa época húmeda o cheia, tan solo unas pocas colinas y los tupidos bosques de galería quedan por encima de la superficie del agua. Los pantaneiros, nombre que reciben los cowboys locales, crean diques y montones de tierra para usarlos de caminos durante la época húmeda. Más tarde, durante la estación seca, entre mayo y septiembre, el agua se retira hacia sus cauces habituales dejando tan solo lagunas y todo el territorio anteriormente inundado se transforma en ricas praderas por donde pasta el ganado hasta las próximas inundaciones.

Capibara, el roedor más grande de Sudamérica

EL PANTANAL Y EL GANADO: Por todo esto, hace falta mucha tierra para criar el ganado, ya que más de la mitad del territorio permanece inundado varios meses al año, así que desde finales del s. XIX el Pantanal ha estado dividido en enormes fincas llamadas fazendas, algunas de las cuales alcanzaron en el pasado superficies de hasta 250.000 hectáreas. Estas fazendas han sido tradicionalmente ganaderas, adaptando esta actividad al ciclo anual del agua.

Es precisamente este ciclo tan radical y extremo, esta forma tradicional de entender la ganadería sumado a la gigantesca extensión del Pantanal y sus fazendas lo que ha protegido al pantanal y lo ha mantenido prácticamente intacto, alejado de la presión del progreso, la agricultura extensiva y las industrias que a lo largo y ancho del planeta han acabado con humedales de importancia, ya que estos ecosistemas tienen una belleza tan enorme como su fragilidad. De esta degradación no hay mejor ejemplo que nuestro país, cuyos humedales, probablemente los más importantes de Europa, han sufrido un acoso y una destrucción progresiva ante la pasividad y la ineptitud de los sucesivos gobiernos y responsables de política medioambiental. La caza se ha visto perjudicada tan de primera mano que los relatos legendarios de cacerías de aves acuáticas como los del Lucio del Cangrejo, la Laguna de El Taray y otros tantos lugares, pertenecen al pasado y parecen imposibles en los tiempos actuales.

Sin embargo el Pantanal ha tenido la suerte de ser un territorio casi inaccesible, en el cual durante la época húmeda es imposible avanzar y durante todo el año sus caminos permanecen prácticamente impracticables.

En diciembre de 2005, acompañando a mi amigo y maestro el doctor Mauricio Llodio, tuve el gran privilegio de hacer una interesantísima exploratoria al Pantanal Matogrossense. El abuelo de Mauricio emigró desde el País Vasco al Mato Grosso a principios del siglo pasado, con lo que tiene en Brasil y especialmente en Mato Grosso una gran familia que nos recibió de una manera tan cariñosa que comprendí inmediatamente la saudade (nostalgia) brasileña que tan frecuentemente le entra a mi amigo. Nuestro anfitrión fue su primo Marco Antonio de Moraes, amante de su tierra, y el propósito del viaje era hacer una prospección para empezar a organizar viajes turísticos al Pantanal e identificar proyectos de Conservación del Medio Ambiente para la Fundación Coopera, que preside Mauricio.

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Chobe, el jardín de los elefantes (I)

Elefante macho joven, literalmente “poniendose chulito”

Cuando pienso en elefantes hay varios lugares y momentos que se pasan por mi mente. Uno de los más especiales, sin ninguna duda, es el precioso Chobe. Abundancia de agua y de comida hacen de este Parque un auténtico paraíso para el mayor mamífero terrestre del mundo.

Los elefantes del cono Sur de África son los mayores de África, siendo más de un cuarto más grandes y pesados que sus primos del Este de África. Mientras que los típicos elefantes de Kenya, Uganda o Tanzania, o incluso Mozambique son característicos por sus colmillos finos y largos, que casi llegan a cruzarse, los elefantes de esta región del continente tienen los colmillos algo más cortos pero mucho más gruesos.

El Parque Nacional de Chobe es el segundo más grande de Botswana, cubriendo una gigantesca extensión de 10.500 kilómetros cuadrados. Este parque se enorgullece de tener la mayor población fija de elefantes de toda África, la cifra está entorno a los 120.000 paquidermos, lo cual no deja de ser una barbaridad y el ecosistema de Chobe lo empieza a notar en su flora, cada vez más castigada.

Típica imagen de Serondela

El Gran Chobe está dividido en cuatro zonas, que forman cuatro ecosistemas diferentes:

Serondela, que no es más que la ribera del río Chobe. Es la más visitada y tiene a la pequeña ciudad de Kasane como referencia. El paseo más espectacular se hace en lanchas, siguiendo la ribera del río y viendo los animales en las orillas, dentro del agua o, en temporada muy seca, dentro de las islas del río. En esta zona el río Chobe hace de frontera entre Namibia (en la franja de Caprivi) y Botswana. En estos boat rides se pueden ver muchos elefantes, cocodrilos, hipopótamos, impalas, kudus, búfalos y algún otro mamífero que se acerca a beber al río. También se pueden recorrer en 4×4, teniendo una perspectiva preciosa del río. Sin duda lo más espectacular son los elefantes dentro del agua.

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El safari de Obama – Una jornada entre masais y fieras

Reproduzco aquí un interesante capítulo del libro “Los sueños de mi padre”, escrito por el candidato a la Presidencia de los EEUU, y espero de corazón que sea el futuro Presidente, Mr. Barrack Obama. Obama es medio kenyata por parte de padre, perteneciente a la etnia luo. Por lo tanto es un hombre que conoce de primera mano los problemas de esta parte de África y que, como vais a ver en este artículo, también ha disfrutado de las maravillas que ofrece un safari en Kenya.

Barrack Obama en Masai Mara“Hacia el final de mi segunda semana en Kenia, Auma y yo fuimos de safari. En principio, a ella no le gustó mucho la idea. Cuando le enseñé el folleto, movió la cabeza con gesto incrédulo. Como la mayoría de los kenianos, relacionaba las reservas naturales con el colonialismo. “¿Cuántos kenianos crees que pueden permitirse ir de safari?”, me preguntó. “¿Por qué no se puede cultivar todo ese terreno que se dedica a los turistas? Esos wazungu se preocupan más por la muerte de un elefante que por la suerte de cien niños negros”.

Durante varios días eludimos el asunto. Le dije que estaba dejando que la actitud de otras personas le impidiese conocer su propio país. Ella me respondió que no quería tirar el dinero. Finalmente cedió, no por mi poder de persuasión, sino porque se apiadó de mí. (…)

Así que a las siete de la mañana de un martes vimos cómo un fornido conductor kikuyu llamado Francis cargaba nuestro equipaje en la baca de un minibús blanco. Con nosotros viajaban un cocinero alto y delgado llamado Rafael, un italiano de cabello moreno que respondía al nombre de Mauro, y una pareja inglesa de cuarentones, los Wilkerson.

Salimos lentamente de Nairobi, pero pronto estuvimos en campo abierto cruzando verdes colinas, caminos de tierra roja y pequeñas shambas (aldea en suajili) rodeadas de parcelas cultivadas de ralas y agostadas mazorcas de maíz. (…)

Más adelante, unos cuantos kilómetros al norte, dejamos la carretera principal y nos adentramos en otra de grava. La marcha se hizo más lenta: en algunos lugares los baches ocupaban todo el ancho de la vía y, de cuando en cuando, los camiones que circulaban en dirección opuesta obligaban a Francis a conducir por la cuneta. (…) El árido paisaje estaba salpicado de matorrales, frágiles acacias espinosas y piedras negras de aspecto extraordinariamente duro. Dejamos atrás pequeños rebaños de gacelas; un solitario ñu que comía en la base de un árbol; cebras y una jirafa apenas visible en la distancia. Por espacio de casi una hora no vimos persona alguna, hasta que en la distancia apareció un solitario pastor masai guiando un rebaño de bueyes a través de la llanura, su cuerpo era tan enjuto y recto como el bastón que llevaba.

En Nairobi no había conocido a ningún masai, aunque había leído bastante sobre ellos. Sabía que su estilo de pastoreo y su valor en la guerra les habían valido la admiración de los ingleses y, aunque los acuerdos alcanzados no se respetaron y los masai se vieron obligados a vivir en reservas, la tribu, pese a la derrota, alcanzó la categoría de mito, como los cherokis o los apaches. El buen salvaje de las tarjetas postales y los libros ilustrados con encuadernación de lujo. También sabía que esta especie de pasión occidental por los masais enfurecía a otros kenianos, que hacía que se avergonzasen de sus tradiciones y que se les viera como usurpadores que ansiaban la tierra de los masai. El Gobierno había tratado de escolarizar obligatoriamente a los niños masai e impulsar un sistema de leyes para que los adultos pudieran detentar la propiedad de la tierra. El gran reto del hombre negro, según explicaban funcionarios gubernamentales: civilizar a nuestros hermanos menos afortunados.

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Yo tenía un cráter en África… (II)

 

Crater Lake. Ndabibi. Kenya, septiembre de 2006

HABITANTES EN TORNO AL LAGO. El lago está rodeado de enormes acacias de fiebre amarilla que albergan a cuatro familias de los habitantes más curiosos del pequeño cráter: los colobos blanquinegros. Estos espectaculares monos son para mí los primates más bonitos de África del Este, realmente espectaculares con sus largas colas culminadas con larguísimos pelos blancos que parecen una pluma. Los colobos emiten un sonido gutural parecido al motor de una vieja motocicleta. Una de estas cuatro familias habita en las acacias del campamento, con lo que es muy fácil verlos entre las tiendas, cuando bajan a comer de las vides de las plantas ipomoeas, y es muy habitual escucharles rondar sobre el tejado o jugando con las hamacas y causando todo tipo de problemas a los camareros al intentar robar comida. Una de las particularidades de los colobos es que son tremendamente celosos, y se pasan gran parte de su tiempo vigilando a las hembras. En el cráter hay un total de 6 familias que suponen alrededor de 80 ejemplares, con lo que es probablemente la mayor colonia del Rift Valley y la zona de Conservación del Lago Nakuru. Además de los colobos, alrededor del campamento se suelen ver monos verdes.

Las faldas del cráter son muy abundantes en vegetación. Estos bosques son perfectos para bushbucks y red duiker y por supuesto para leopardos. Hay un leopardo residente en el cráter al cual no es difícil escuchar por la noche o ver sus huellas en la orilla del lago e incluso si se tiene un poco de suerte no es muy complicado llegar a ver. La parte de la caldera que no está ocupada por el lago es un bosque menos frondoso en el que abundan los imponentes waterbucks defassa, que en muchas ocasiones son vistos pastando pegados al campamento.

Crater Lake. Ndabibi. Kenya, septiembre de 2006

En cuanto a la avifauna, sin duda el mayor protagonista son los flamencos, presentes en sus dos variedades, mayor y menor, y que suelen llegar al atardecer desde el Lago Naivasha y pasar en el lago del cráter la noche, la cual llenan con su ronroneo. La abundancia de spirulina garantiza su presencia, la cual aún así es algo irregular dependiendo de la temporada y la población en los lagos vecinos. Se han llegado a ver concentraciones de hasta 5.000 flamencos en el pequeño lago. Esta zona del Rift es un paraíso ornitológico, llegando a observarse más de 300 especies distintas de aves. En el lago es muy habitual ver gansos del Nilo, águila pescadora africana, y marabúes que acuden a carroñear flamencos muertos.

En el santuario de Ndibibi abundan los elan orientales, cebras de Burchell, jirafas masai, gacelas de Thomson y de Grandt, impalas y siempre que voy me llama la atención la abundancia por doquier de los pequeños dik diks, el antílope más pequeño de esta parte de África. Más raros de ver pero presentes en ocasiones son guepardos, hienas y chacales (que suelen bajar al lago del cráter en busca de flamencos muertos), búfalos e incluso hipopótamos, que llegan a pastar por aquí provenientes del Lago Naivasha. En una ocasión llegué a ver rastros de excrementos de hipopótamo en pleno anillo del cráter, lo que me pareció bastante insólito.

LEYENDAS AFRICANAS: La historia en torno a este cráter comenzó hace unos 30 millones de años, cuando una serie de violentas erupciones formaron el gigantesco Valle del Rift. Entonces el Crater Lake era uno más de los numerosos volcanes de esta zona. Hace unos 10.000 años, varios de los lagos del Rift que conocemos ahora, como el Nakuru, el Naivasha o el Elmenteita, estaban unidos formando un enorme lago llamado Gamblian, que tenía más de 1.200 km2. En este momento el Crater Lake debía ser mucho más grande y formaría una isla en el gran Lago. Alrededor del año 3.700 a.C. este gran lago fue disminuyendo de nivel y se formaron los lagos actuales. Por restos arqueológicos encontrados, esta zona estuvo habitada desde el principio de los tiempos. Y ya en una historia más reciente, hace unos siglos fue ocupada por el pueblo masai. El explorador Joseph Thomson fue el primer blanco en ver el lago Naivasha en 1880, que en 1900 se convirtió en los cuarteles de la Provincia del Este de Uganda, bajo el Imperio Británico.

 

 

Crater Lake. Ndabibi. Kenya, septiembre de 2006

Pero la historia más famosa en torno al cráter es sin duda la de Lady Diana Delamere, quien se solía citar en Ndabibi con su amante Lord Erroll. Erroll fue misteriosamente asesinado en Nairobi a principios de 1941, en un crimen aún sin resolver y que fue un auténtico revuelo en la época. Pronto el marido de Lady Diana, Lord Delves Broughton, estuvo bajo sospecha, iniciando una célebre trama llena de amoríos, espías, alcohol y lujo que se llamó “Happy Valley”, que daría para varias novelas rosas. Finalmente Broughton huyó a Inglaterra y Lady Diana volvió repetidamente a Ndabibi hasta que se casó con su entonces propietario, Gilbert Colvile, con quien pasó allí el resto de su vida. Con el paso de los años, las investigaciones apuntan a que Erroll fue asesinado por el Servicio Secreto Británico por ser un miembro activo de movimiento fascista británico, y estar tras una oscura conspiración para apoyar a Hitler.

Tras los Colvile, Ndabibi pasó a ser propiedad de John Lury y su mujer Yvonne, quien fue figura fundamental para crear el santuario que hoy protege el cráter. Yvonne fundó unos peculiares safaris en viejos carromatos réplicas de unos del siglo XIX, tirados por bueyes que fueron bastante populares en los años 80. Años más tarde, su hija Lynn construyó el campamento del cráter.

UN LUGAR ÚNICO: En definitiva, Crater Lake es un lugar único, desconocido completamente para la masa turística y es un sitio idóneo para d escansar en mitad de un safari por Kenya o tan solo retirarse allí unos días y relajarse en una atmósfera muy especial. Siempre que voy y me siento a contemplar el lago desde el campamento, me acuerdo del dueño del cráter, yerno de los Lury, el recientemente fallecido John Goldson, quien sin duda habría empezado sus memorias escribiendo: “Yo tenía un cráter en África, al pié del Lago Naivasha…”, y qué puedo decir, ¡a mi sinceramente un cráter me impresiona mucho más que una granja!

Crater Lake. Ndabibi. Kenya, septiembre de 2006

NOTA: John Goldson fue asesinado en Ndabibi en agosto de 2004, en circustancias algo extrañas, en el parking del anillo de Crater Lodge. Parece ser que fue por robo, de manos de un turkana. Esa misma mañana se despedía cordialmente de uno de mis grupos, que habían pasado un par de días. Ese grupo, al volver de safari me comentaba que Crater Lake había sido el sitio más sorprendentesy que John una de las personas más entrañables que habían conocido en su viaje. La verdad, no tuve valor de decirle lo que había pasado tan solo unas horas después de su partida… Esta fue una de las páginas más tristes de la historia de Ndabibi, y sin duda una gran perdida, pues John era realmente un gran tipo.

Las dos fotos centrales son de Luis Miranda 

Yo tenía un cráter en África… (I)

Yo tenía un cráter en África… Crater Lake, el cráter perdido.

Crater Lake. Ndabibi. Kenya, septiembre de 2006

Yo tenía una granja en África al pié de las colinas de Ngong…” – Así comenzaba Karen Blixen su célebre novela “Memorias de África”, firmada con el seudónimo de Isaak Dinesen y que Sydney Pollack inmortalizó en el cine en 1985 con su película ganadora de siete Oscars, protagonizada por Meryl Streep y Robert Redford. Y esa es la frase que me viene a la cabeza cada vez que aterrizo en Nairobi y al salir del aeropuerto me saludan desde lejos las picudas colinas de Ngong, la primera frase inmortal de una preciosa historia sobre el África más clásica y que emociona a todos los que la leen.

Sin embargo hay muchas otras historias de la vieja África que son muy desconocidas para el gran público, historias que bien podrían ser merecedoras de novelas de éxito o de grandes producciones de Hollywood, historias de personas que vivieron aventuras en lugares increíbles y secretos. Y precisamente sobre un lugar increíble, secreto y con una particular historia voy a escribir hoy, y espero no arrepentirme, pues cuanto más viaja uno más tiene la sensación de que para no estropear estos sitios únicos es conveniente no hablar de ellos, y eso para alguien que se gana el pan organizando viajes, es una gran controversia.

Este lugar es un pequeño cráter privado situado en pleno Valle del Rift, en territorio masai, en Kenya y es uno de los lugares más especiales que he visto en África: la finca y Santuario Privado de Ndabibi, que alberga el Crater Lake.

EL CRÁTER PERDIDO: Ndabibi se encuentra en las inmediaciones del Lago Naivasha, uno de los famosos lagos del Rift, no lejano a la ciudad de Nairobi. A pocos kilómetros al Sur se encuentra el Parque Nacional de Hell’s Gate, y al Norte, el Parque Nacional del Lago Nakuru. Originalmente Ndabibi tenía unas 24.500 hectáreas, comprendiendo las vastas praderas y bosques de esta zona. El paso del tiempo y sobre todo el enorme crecimiento de la población (no olvidemos que desde su independencia en 1963, la población de Kenya ha aumentado de algo más de 3 millones a los 33 actuales) han ido arrinconando algunas zonas que tradicionalmente han sido auténticos paraísos para la vida salvaje. Ndabibi se ha visto afectado por este hecho y actualmente mantiene una extensión de unas 12.000 hectáreas de las cuales cerca de 5.000 son un Santuario protegido para la fauna.

Crater Lake. Ndabibi. Kenya, septiembre de 2006

Dentro de este santuario está Crater Lake, un cráter relativamente pequeño de unas 87 hectáreas en total, de las cuales cerca de 15 están ocupadas por un precioso lago. El desnivel entre el anillo del cráter y la caldera ronda los ochenta metros. El lago tiene unos ocho metros de profundidad máxima y es altamente alcalino, por lo que carece de peces pero es muy rico en alga spirulina, una planta de color verde azulado altamente rica en nutrientes y  que da al lago unos ratios de fotosíntesis muy elevados. Este alga contiene muchas proteínas y vitamina B12 y es una auténtica golosina para los flamencos. Los masais afirman que estas aguas verdes tienen propiedades curativas y tradicionalmente usaban el agua del lago para tratar a su ganado con parásitos y problemas intestinales.

Al borde del lago hay un pequeño y coqueto campamento de tan solo 8 tiendas de campaña coloniales, amuebladas siguiendo un estilo clásico, con camas con dosel y cuarto de baño integrado. Cada tienda tiene una preciosa veranda con vistas al lago y elegantes muebles de la costa swahili. El campamento fue levantado en 1995 y en este momento está en pleno proceso de necesaria renovación, ya que pese a que ir a un lugar tan único y excepcional merece siempre la pena, era una lastima que el alojamiento se hubiera quedado algo descuidado, no siendo así sus servicios. Aún así es un destino más que recomendable, alejado de las rutas de turistas habituales y con mucha privacidad.

 

Crater Lake. Ndabibi. Kenya, septiembre de 2006


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