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En la inmensidad de Los Llanos – Venezuela

Un “rayador” a ras de agua

Cuando se piensa en un viaje a Venezuela, probablemente le viene a uno a la cabeza el Mar Caribe. Paraísos de playa como Los Roques, Morrocoy, Isla Margarita, etc. Sin embargo este país ofrece un vasto interior no demasiado conocido con una importante variedad de ecosistemas y excelentes destinos para los amantes de la Naturaleza: Los Andes, Canaima con sus selvas y enormes montañas Tepuis (y el impresionante Salto de Ángel), el Delta del Orinoco, etc.

Nada más aterrizar en La Guaira y recorrer el camino hacia Caracas uno se da cuenta de la impresionante naturaleza de este país. Desde prácticamente cualquier rincón de la caótica capital se puede ver el impresionante telón de fondo que es el Parque Nacional El Ávila, con sus casi 3.000 metros de altura y sus cerca de 90.000 hectáreas, dominando todo el valle de Caracas, su masa urbana y sus colinas repletas de ranchitos.

Chigüires

LOS LLANOS. Sin embargo, uno de los tesoros naturales de Venezuela es sin duda la región de Los Llanos, una amplia extensión que va desde el extremo occidental del estado de Apure hasta el extremo oriental del estado de Monagas. Esta extensión corresponde prácticamente a una tercera parte del territorio del país. A su vez, por su enorme superficie, se puede dividir en Llanos occidentales, centrales y orientales. Al Oeste, los llanos bajos suelen tener una altura media de 100 metros sobre el nivel del mar, y se inundan durante la época de lluvias (invierno). Los centrales tienen en la mitad norte una serie de pequeñas montañas llamadas galeras y los ríos son menos abundantes y caudalosos que los que nacen de los Andes. Los orientales se caracterizan por la existencia de mesetas que llegan a alcanzar, como la Mesa de Guanipa, 400 metros de altura.

Probablemente sean los occidentales los más característicos. Reciben los ríos que nacen directamente de los Andes, formando numerosos cauces paralelos entre sí y que cambian de curso frecuentemente por la acción de las dunas movidas por los vientos durante la sequía. El río principal de esta región es el Apure. Este ecosistema está marcado por las lluvias estacionales, formando en la época de lluvias un humedal realmente espectacular. La temperatura media anual es de 27ºC, con los valores máximos y mínimos anuales de 33ºC y 22ºC, respectivamente. Los llanos tienen un clima intertropical lluvioso de sabana con una estación de lluvias muy acentuada en el sur (Apure) y con una sequía muy marcada en el norte del estado Guárico. En el norte del estado Anzoátegui el clima es más árido.

Nacho López Gil, Ricardo Monet, Carlos Adan, el autor y un llanero con una anaconda no muy grande

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En las aguas del Pantanal (V)

El Pantanal desde el aire

Río Negro

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En las aguas del Pantanal (IV)

Yacaré a punto de almorzarse uno de nuestros pocús

Pecari

Tatú, armadillo

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En las aguas del Pantanal (III)

Zorrito cangrejero

Lamentablemente no contaba con una buena cámara en la época en que hice mi exploratoria al Pantanal. Para hacer fotos a la fauna y avifauna de este maravilloso humedal es conveniente llevar un equipo dotado de un tele o un zoom bastante potente, y yo solo contaba con mi modesta Canon S50 compacta, con zoom optico de 3x. Sin embargo el Pantanal es de tal beleça que algunos buenos momentos pude capturar. Aquí va una entrega. Todas las fotos son de diciembre de 2005:

La “piranha y el yacarezinho”

Un gran galápago

Capibara en remojo

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En las aguas del Pantanal (II) – Las fauces de las aguas oscuras

Yacaré

FAUNA: Uno de los muchos factores que hacen único al Pantanal es su sorprendente y variada fauna. En lo largo y ancho del mundo hay animales que, aunque puede que no hayamos visto nunca, nos son muy familiares como los elefantes, los leones, las jirafas, los tigres o los rinocerontes. Sin embargo hay una fauna más desconocida y misteriosa para la mayoría de los amantes de la Naturaleza, y esa es precisamente la fauna que habita el Pantanal.

El animal más representativo de este gran humedal es sin duda el jaguar (pantera onca palustris), conocido en Brasil como onça pintada. Alguna de sus subespecies llegan a alcanzar los 135 kg, lo que le convierte en el tercer felino más grande del mundo tras el tigre y el león, y por encima del leopardo en cuanto a tamaño. Es prácticamente imposible dar una estimación aproximada de la población actual del jaguar tanto en el Pantanal como en toda Sudamérica, pues censarlos, como en el caso del leopardo, es extremadamente difícil y por tanto poco fiable. Sabemos que en estas tierras la población de jaguar va en aumento tras una época en que se le presionó demasiado. Prácticamente cada fazenda tenía una persona encargada de cazarlos para evitar bajas entre el ganado. Pese a la prohibición de su caza, la realidad es que algunos pantaneiros y fazenderos los siguen cazando. Sin embargo, hoy por hoy, hay programas de compensación por muertes de ganado causadas por los depredadores. Algunas fazendas estiman estas perdidas en 4 cabezas al mes. En algunas zonas del Pantanal también se encuentra el puma, llamado onça parda en Brasil, y los ocelotes son los más conocidos entre los felinos menores.

Los osos hormigueros abundan, siendo en mi opinión una de las especies más fascinantes que se pueden encontrar aquí. Hay dos variedades. La mayor de ellas es el oso hormiguero gigante (myrmecophasa tridactyla), llamado en Brasil tamanduá bandeira, que casi alcanza los dos metros de envergadura desde el extremo de su hocico a la punta de su curiosa cola de largos pelos que parecen plumas, y que tiene unas largas y afiladas garras que le sirven tanto para excavar hormigueros como para defenderse de posibles enemigos, a los cuales les da un mortífero y potente abrazo. Más pequeño es el oso hormiguero del Sur (tamandua tetradactyla), que suele refugiarse en los árboles.

Mauri con un tatú

Entre otros mamíferos caben destacar los armadillos (tatús en Brasil), tanto el amarillo como el de nueve anillos, coaties (nasua nasua), zorros cangrejeros (cerdocyon thous), monos capuchinos, macacos, y monos aulladores negros entre las especies de simios, y sobre todo las capybaras (hydrochaeris hydrochaeris), enormes roedores, en concreto los mayores del mundo, llegando a pesar hasta 70kg, que se encuentran por doquier y son fáciles de ver a las orillas de las lagunas y ríos o escondidos entre los nenúfares. Más escasa es la espectacular nutria gigante, que rondan las orillas de ríos y lagunas especialmente durante la época seca, alimentándose de los abundantes peces de esta agua. Pero sin duda las dos mayores de las grandes rarezas del Pantanal son el tapir, el animal terrestre más grande de Sudamérica, que llegan a alcanzar los 250 kg y que son excelentes nadadores, y el aguarazú o lobo de crin, un extrañísimo zorro con largas patas y esmirriado aspecto que es el mayor de los cánidos sudamericanos.

En cuanto a los cérvidos, la especie más común es el ciervo (cervo en portugués) de los pantanos (blastocerus dichotomus), que habita en zonas pantanosas y tiene especial habilidad para andar y correr entre la vegetación acuática y por el fango. También es fácil poder ver al ciervo de la Pampa (ozoteros bezoarticus) en las praderas y zonas de hierba fresca y abundante en la época seca. La corzuela parda (mazama americana), es más propia de zonas boscosas y gusta especialmente de los tupidos bosques de galería.

La única especie autóctona que se puede cazar en el Pantanal son los pecaris, tanto el de collar (tayassu tajacu) como el de labio blanco (tayassu pecari). Este último es el más grande de ambas especies, y suele formar grandes piaras, algunas de hasta 100 o más individuos, y tienen fama de ser bastante agresivos y no dudar en atacar en grupo ante un posible peligro. Sin embargo la realidad es que hoy en día no hay mucha tradición de caza en Brasil y no se puede decir que estén bien organizados ni den facilidades a los cazadores.

El búfalo de agua ha sido introducido en la zona, y hoy en día es muy abundante en ciertas zonas del Pantanal. También se permite su caza.

Ñandú o añá

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En las aguas del Pantanal (I) – El Reino del Jaguar

El pantanal desde el aire muestra todo su esplendor y dimensión

Todo amante de la Naturaleza suele tener predilección por algún ecosistema en concreto. Hay amantes de la alta montaña, de las costas y mares, de las selvas y bosques primarios. Los hay enamorados de las vastas sabanas y estepas, de los hielos árticos y antárticos, de los desiertos yermos… y por supuesto, hay auténticos fanáticos de los humedales, que sin duda son uno de los habitats más espectaculares por su abundancia de fauna y avifauna. Uno de los humedales más importantes del mundo es también uno de los más desconocidos. Se trata de un lugar asombroso donde conviven jaguares, pumas, ocelotes, osos hormigueros, millones de caimanes, capibaras, venados de los pantanos, búfalos de agua, tucanes, jabirúes, guacamayos y un incontable número de especies. Este lugar se encuentra en Brasil, un país que aunque parezca mentira es un paraíso aún prácticamente inédito para el turismo, y que solemos relacionar tan solo con sus carnavales, su música, sus futbolistas y en todo caso con las selvas y riberas del Amazonas. Ese lugar es el Gran Pantanal de Mato Grosso.

EL GRAN HUMEDAL: Situado al Sur de Brasil, en los estados de Mato Grosso y Mato Grosso do Sul, el Pantanal es un gigantesco humedal que abarca más de 200.000 km2, extendiéndose por la cuenca del alto Paraguay, río al cual abastece anualmente de agua desde su emplazamiento en las confluencias de Brasil con Paraguay y Bolivia. Con esta extensión, cercana a la mitad de la superficie total de España, es uno de los humedales más grandes de la Tierra.

El Pantanal en sí no es más que una enorme planicie que se inunda en la época de lluvias y se retira hacia el río Paraguay al llegar la estación seca, formando incontables lagunas, algunas dulces y otras saladas, en torno a las cuales hay una vida salvaje abundantísima y muy importante por su riqueza y variedad.

El ciclo aluvial del Pantanal comienza hacia finales de octubre, cuando la lluvia empapa el suelo y el nivel de las aguas aumenta hasta lograr desbordar el río Paraguay y sus principales afluentes, inundando gradualmente las tierras adyacentes hasta que hacia febrero o marzo, final de esa época húmeda o cheia, tan solo unas pocas colinas y los tupidos bosques de galería quedan por encima de la superficie del agua. Los pantaneiros, nombre que reciben los cowboys locales, crean diques y montones de tierra para usarlos de caminos durante la época húmeda. Más tarde, durante la estación seca, entre mayo y septiembre, el agua se retira hacia sus cauces habituales dejando tan solo lagunas y todo el territorio anteriormente inundado se transforma en ricas praderas por donde pasta el ganado hasta las próximas inundaciones.

Capibara, el roedor más grande de Sudamérica

EL PANTANAL Y EL GANADO: Por todo esto, hace falta mucha tierra para criar el ganado, ya que más de la mitad del territorio permanece inundado varios meses al año, así que desde finales del s. XIX el Pantanal ha estado dividido en enormes fincas llamadas fazendas, algunas de las cuales alcanzaron en el pasado superficies de hasta 250.000 hectáreas. Estas fazendas han sido tradicionalmente ganaderas, adaptando esta actividad al ciclo anual del agua.

Es precisamente este ciclo tan radical y extremo, esta forma tradicional de entender la ganadería sumado a la gigantesca extensión del Pantanal y sus fazendas lo que ha protegido al pantanal y lo ha mantenido prácticamente intacto, alejado de la presión del progreso, la agricultura extensiva y las industrias que a lo largo y ancho del planeta han acabado con humedales de importancia, ya que estos ecosistemas tienen una belleza tan enorme como su fragilidad. De esta degradación no hay mejor ejemplo que nuestro país, cuyos humedales, probablemente los más importantes de Europa, han sufrido un acoso y una destrucción progresiva ante la pasividad y la ineptitud de los sucesivos gobiernos y responsables de política medioambiental. La caza se ha visto perjudicada tan de primera mano que los relatos legendarios de cacerías de aves acuáticas como los del Lucio del Cangrejo, la Laguna de El Taray y otros tantos lugares, pertenecen al pasado y parecen imposibles en los tiempos actuales.

Sin embargo el Pantanal ha tenido la suerte de ser un territorio casi inaccesible, en el cual durante la época húmeda es imposible avanzar y durante todo el año sus caminos permanecen prácticamente impracticables.

En diciembre de 2005, acompañando a mi amigo y maestro el doctor Mauricio Llodio, tuve el gran privilegio de hacer una interesantísima exploratoria al Pantanal Matogrossense. El abuelo de Mauricio emigró desde el País Vasco al Mato Grosso a principios del siglo pasado, con lo que tiene en Brasil y especialmente en Mato Grosso una gran familia que nos recibió de una manera tan cariñosa que comprendí inmediatamente la saudade (nostalgia) brasileña que tan frecuentemente le entra a mi amigo. Nuestro anfitrión fue su primo Marco Antonio de Moraes, amante de su tierra, y el propósito del viaje era hacer una prospección para empezar a organizar viajes turísticos al Pantanal e identificar proyectos de Conservación del Medio Ambiente para la Fundación Coopera, que preside Mauricio.

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Chobe, el jardín de los elefantes (I)

Elefante macho joven, literalmente “poniendose chulito”

Cuando pienso en elefantes hay varios lugares y momentos que se pasan por mi mente. Uno de los más especiales, sin ninguna duda, es el precioso Chobe. Abundancia de agua y de comida hacen de este Parque un auténtico paraíso para el mayor mamífero terrestre del mundo.

Los elefantes del cono Sur de África son los mayores de África, siendo más de un cuarto más grandes y pesados que sus primos del Este de África. Mientras que los típicos elefantes de Kenya, Uganda o Tanzania, o incluso Mozambique son característicos por sus colmillos finos y largos, que casi llegan a cruzarse, los elefantes de esta región del continente tienen los colmillos algo más cortos pero mucho más gruesos.

El Parque Nacional de Chobe es el segundo más grande de Botswana, cubriendo una gigantesca extensión de 10.500 kilómetros cuadrados. Este parque se enorgullece de tener la mayor población fija de elefantes de toda África, la cifra está entorno a los 120.000 paquidermos, lo cual no deja de ser una barbaridad y el ecosistema de Chobe lo empieza a notar en su flora, cada vez más castigada.

Típica imagen de Serondela

El Gran Chobe está dividido en cuatro zonas, que forman cuatro ecosistemas diferentes:

Serondela, que no es más que la ribera del río Chobe. Es la más visitada y tiene a la pequeña ciudad de Kasane como referencia. El paseo más espectacular se hace en lanchas, siguiendo la ribera del río y viendo los animales en las orillas, dentro del agua o, en temporada muy seca, dentro de las islas del río. En esta zona el río Chobe hace de frontera entre Namibia (en la franja de Caprivi) y Botswana. En estos boat rides se pueden ver muchos elefantes, cocodrilos, hipopótamos, impalas, kudus, búfalos y algún otro mamífero que se acerca a beber al río. También se pueden recorrer en 4×4, teniendo una perspectiva preciosa del río. Sin duda lo más espectacular son los elefantes dentro del agua.

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