Archive for the 'Animales' Category

La Gran Migración llega a Masai Mara

Como cada año y en esta ocasión en fecha prevista, la gran migración de los ñues y cebras abandonan el Serengeti (Tanzania) y cruzan a Masai Mara (Kenya), buscando pastos frescos. Aquí se quedarán hasta octubre, dando pistoletazo de salida a la temporada alta de Masai Mara.

Ya están aquí!

Los leones devoradores de hombres de Tsavo – El puente de Patterson

Ese sencillo puente que se ve en la foto superior, bien podría pasar completamente desapercibido. Probablemente quien vea esta foto se fije más en el tramo del rio Tsavo, o en el gran baobab de la derecha que localiza el paisaje indudablemente en África. Sin embargo en este mismo lugar pero 110 años atrás, esta tierra se empapó de sangre en unos acontecimientos en los que la realidad ha superado con creces la ficción. Este es el puente del ferrocarril sobre el río Tsavo diseñado y construido por el Coronel  Henry Patterson, que costó la vida de aproximadamente 145 hombres que murieron devorados por una pareja de jóvenes leones, que pasaron a la Historia con el nombre de Ghost and Darkness (Fantasma y Oscuridad), los leones devoradores de hombres de Tsavo (Man-eaters of Tsavo).

Una cebra cruza sobre la vía del célebre “Tren Lunático” a excasos kilómetros del puente

110 años después, el lugar, como he indicado antes, pasa desapercibido en la inmensidad de los dos grandes Parques (Tsavo Este y Tsavo Oeste), la tierra roja del lugar, el verdor y frescor de la ribera del Tsavo y la espesa maraña de matorral espinoso y acacias bajas del paisaje, salpicado aquí y allá de baobabs. La carretera Nairobi – Mombasa pasa a excasos 300 metros del puente y el bullicio del intenso tráfico de camiones que distribuyen contenedores desde el puerto de Mombasa a todo el Este de África parece engullir este lugar mítico y legendario. Sin embargo en la magia de África es fina la tenue línea que cruza lo real de lo irreal, y en este caso más que en otro la leyenda es una cruda realidad. Cuando uno piensa que ese solitario baobab fue testigo mudo de aquella matanza y del más ancestral miedo que debieron pasar aquellos hombres, es imposible retener un escalofrío.

Ni los 110 años transcurridos, ni el asfalto ni los camiones, ni el viejo recorrido del “Tren Lunático” puede borrar las vibraciones que transmite este lugar.

La primera vez que oí hablar de la historia de los devoradores de hombres de Tsavo fue cuando era un niño. Mi padre me contó por encima la historia mientras buscaba un viejo libro en la biblioteca de casa. En la portada había una espeluznante ilustración de dos leones de demoníaca mirada y un cazador pertrechado con salacot y rifle express les miraba aterrorizado acompañado por un par de indús. No recuerdo cuantos años tendría, pero si recuerdo el terror que me provocó la historia al leer las palabras de Patterson. Años más tarde, y en el lugar de la matanza uno intenta imaginarse la escena, el campamento y ese Tsavo aún más inmenso sin carretera ni tren y absolutamente repleto de elefantes, rinos, búfalos… y uno cree escudriñar entre la hierba alta y los matorrales espinosos la silueta tenebrosa de aquellos gigantescos leones machos sin melena…Los leones de Tsavo.

Venir a este lugar y reflexionar y sentir aquella historia, es ya de por si suficiente razón para ir al Gran Tsavo, sin duda un lugar de leyenda, esencia misma de África… y esa tierra roja que le recuerda a uno que esta es tierra dura, de vida, muerte, y por supuesto sangre.

Topo Pañeda y el punte de Patterson detrás

El ladrón de la sabana

Vervet monkey comiendo caramelos. Masai Mara, Kenya. Septiembre 2007

El turismo, por desgracia, altera la vida y comportamiento de los lugares a los que llega. Desafortunadamente esto también sucede en los safaris. Los animales se han acostumbrado tanto a la presencia del hombre y sus vehículos que  no nos ven ni como presa ni como amenaza. Algunos de ellos incluso han llegado más allá y nos ven como una fuente inagotable de comida que rapiñear. Esto sucede con muchos pájaros y sobre todo con los primates, que se han convertido en los mayores chorizos de la sabana.

Babuinos, colobos, vervet monkeys y demás se acercan a los coches de los turistas con total descaro e impunidad. Hay que tener cierto cuidado porque en ocasiones agarran mochilas y cámaras, salen corriendo y luego comprueban si son comestibles.

En esta ocasión fue un vervet monkey el que aprovechó un descuido nuestro mientras comíamos para entrar en el coche y arramplar con la bolsa de caramelos…  A Iñaki, en pleno enfado (se comio sobre todo los de fresa, sus favoritos), le dio tiempo de sacar esta foto antes de echar al mono, quien en plena huida aún tuvo tiempo de pillar una bolsa de patatas de nuestro picnic…

Foto: Iñaki Gil. Masai Mara, Kenya, septiembre de 2007.

Chui, el mítico leopardo

Es sin duda el más dificil de ver durante un safari… pero cuando se tiene la suerte de verlo tan cerca, la recompensa merece la pena el esfuerzo de su búsqueda!

Filmado en Kenya, Septiembre de 2005

Siestecita en Masai Mara

León macho en Masai Mara. Kenya. Septiembre de 2005

Probablemente cada uno tengamos nuestro animal favorito entre la fauna africana. Para muchos es el leopardo, para otros el elefante… yo no sabría con cual quedarme, pero desde luego tengo una debilidad por los leones… ¡probablemente me tira el apellido! Los leones tienen una presencia, un orgullo y una soberbia únicos, una mirada increible y un empaque digno del Rey de la Selva.

En este caso un gran simba descansa (pasan hasta 18 horas al día durmiendo) en Masai Mara, Kenya, tras darse un buen festín de cebra (los restos estaban detrás, donde el grupo de buitres que se ve detrás. Su harén descansaba un poco más a la derecha, junto a los matorrales.

Una siesta merecida digna del rey del territorio, al cual ni siquiera los cientos de moscas que tenía alrededor consiguieron perturbarle su descanso…

León macho en Masai Mara. Kenya. Septiembre de 2005

León. Masai Mara, Kenya. Septiembre de 2005

León macho en Masai Mara. Kenya. Septiembre de 2005

Un buen ejemplo de una bonita escena que se puede contemplar en un safari fotográfico. Estas fotos se las dedico a Melani, esperando que siga con su espíritu de exploradora y que pronto pueda cumplir su sueño de viajar a África.

Estas fotos las tomé el 10 de septiembre de 2005 en Masai Mara, Kenya, con una Canon S50 digital.

La gran migración llega a Masai Mara

Uno de los grandes objetivos de todo viajero que emprende un safari es llegar a ver la Gran Migración de ñues y cebras. No en vano es la mayor concentración de mamíferos del mundo, estando por encima del millón y medio de cabezas.

En esta época del año están en Masai Mara, Kenya. Y este es tan solo un pequeño ejemplo de lo que se puede esperar ver:

El video lo tomé en Masai Mara, en septiembre de 2005

Tras los pasos de la Gran Migración (I)

Nyumbu na Punda Milia Mingi. (Muchos ñúes y cebras)

Tras los pasos de La Gran Migración

 

La Diligencia rodeada de ñúes. Masai Mara, Kenya, septiembre de 2006

África ha cambiado, África no es lo que era. El crecimiento demográfico y el desarrollo de la población han ido reduciendo los espacios abiertos y cambiando la imagen tradicional de tierra virgen e inexplorada repleta de fauna salvaje. Las vallas han aflorado en muchos países, delimitando Parques y Reservas para preservar la fauna y reintroducir especies que, en muchas ocasiones, han sobrevivido gracias a esta iniciativa. Pero, ¿todo África? Afortunadamente, no. Aún quedan vastas regiones que mantienen esas grandes concentraciones de animales con las que todos hemos soñado al leer las narraciones de los safaris más clásicos. Sin duda la del ecosistema Serengeti – Mara es la mayor de ellas, un enorme trozo de África de aproximadamente unos 30.000 km².

Enormes, gigantescas manadas de ñúes y cebras extendiéndose kilómetros y kilómetros por grandes praderas, buscando los brotes más frescos y llenando la sabana del sonido de su bramido y de un rastro de muerte, de los miles que no completarán el ciclo pero que a su vez sirven de alimento a depredadores y carroñeros. Se trata ni más ni menos que de la mayor concentración de mamíferos del mundo, el ecosistema de La Gran Migración de ñúes y cebras, que se desplazan anualmente entre Kenya y Tanzania.

LA GRAN RUTA: La Gran Migración es un ciclo anual que no para ni descansa, cada ñu comienza una peregrinación constante al nacer que no se ve interrumpida hasta su muerte. Comprende alguno de los Parques y Reservas más célebres de ambos países: Parque Nacional de Serengeti, Reserva de Animales de Masai Mara, Áreas controladas de Ikorondo y Loliondo y Área de Conservación de Ngorongoro.

 

Topo Pañeda en la Migración. Masai Mara, Kenya, septiembre de 2006

La ancestral ruta sigue las agujas del reloj. Empieza a entrar en Kenya, por el Este de Masai Mara entre finales de junio y principios de julio y se queda en la sabana keniana hasta octubre, llegando no solo de Tanzania sino también de zonas adyacentes como Transmara o mis memorables colinas de Loita; de allí baja hacia la zona de Lobo, en el Norte de Serengeti, y va bordeando el Parque, internándose en la Reserva de Loliondo, por donde transcurre, repartida entre la zona Este de Serengeti y el Oeste de Loliondo hasta llegar en enero al Área de Conservación de Ngorongoro, concretamente a las célebres llanuras de Ndutu, que abandona a finales de marzo para empezar a regresar al Norte, hacia el corazón de Serengeti: Seronera, famoso por su gran concentración de grandes felinos; luego sigue el cauce del río Mbalageti para adentrarse a finales de mayo en el corredor Oeste del Parque, su conexión natural con el Nyanza, el mítico Lago Victoria, tras el cual volverá a la zona Norte, a los bosques de la Reserva de Ikorondo y Lobo, para llegar a cruzar el Sand River y entrar en Kenya de nuevo.

Tras los pasos de la Gran Migración (II)

 

Ñues a punto de cruzar el Mara. Kenya, septiembre de 2005

 

 

LOS ORIGENES Y HÁBITOS: Las grandes manadas que componen la Gran Migración comprenden aproximadamente 1,7 millones de ñúes de barba blanca, unas 300.000 cebras de Burchell y cerca de medio millón de gacelas de Thomson. Se sabe que esta ruta es realmente ancestral, y probablemente pudo ser observada por los primeros homínidos, los más antiguos del planeta, como fueron los restos de australopithecus afarensis encontrados por los Leaky, familia de célebres antropólogos, en la garganta de Olduvai, situada en plenas llanuras de Ndutu, donde se han encontrado las primeras huellas del Hombre sobre la Tierra.

 

Tan ancestral es la ruta de estos animales que no se detuvo cuando a principios de los años 60 el gobierno de Tanzania, en su ánimo de “desarrollar” la agricultura y ganadería del país, plantó una enorme valla de alambre de espino para intentar evitar que los ñúes se adentraran en el área de Ngorongoro. Tal y como Myles Turner, Guarda Mayor del Parque de Serengeti, contaba a Peter Matthesian en su imprescindible “El árbol del que nació el hombre”: – “Intentaron interferir con algo que millones de animales han seguido durante miles de años, fue maravilloso ver como esos animales la aplastaron y siguieron su camino, yo uso ahora los postes como leña” -.

 

 

Abriendo paso. Kenya, septiembre de 2005

Sin embargo no fue hasta finales de los años 50, ya en el siglo XX, cuando se empezaron a hacer estudios de las poblaciones, rutas y periodicidades del ecosistema Serengeti – Mara. En 1957 el profesor Bernhard Grzimek, Presidente de la Sociedad Zoológica de Frankfurt, y su hijo Michael, llegaron a Tanzania, compraron una avioneta pintada con rayas de cebra y comenzaron una investigación que además de concluir con la descripción de las pautas de un patrón definido en los movimientos migratorios y su importancia en la conservación de cientos de especies con las que conviven, se resumió en la película documental ganadora de un oscar “Serengeti no debe morir”, que supuso un gran éxito de audiencia, puso en conocimiento del gran público el nombre de Serengeti y fue una bandera para conservacionistas. El mismo Grzimek en su programa de televisión “A Place for Wild Animals” animó a los germanos a fletar vuelos charters e ir a ver por sí mismos las maravillas de este gran Parque, iniciando así un nuevo interés por los safaris fotográficos. Además coincidió con que, tras benignos años de lluvias y superar enfermedades, la población de ñúes aumentó del cuarto de millón al aproximadamente más de millón y medio que hay en la actualidad. Michael Grzimek murió en un accidente de aviación al año y medio de comenzar la filmación, su padre falleció en 1987; ambos están enterrados en pleno anillo del cráter de Ngorongoro, y sus tumbas son visitadas diariamente por muchos turistas que siguen los pasos de aquellos que animaron a visitar y conocer estas tierras.

 

La realidad es que los movimientos de la Gran Migración están condicionados por el clima. Las enormes praderas de Serengeti (que en lengua masai, máa, significa “llanura sin fin”) reciben agua tan solo en la época de lluvias, lo que es insuficiente para mantener una provisión de comida tan grande como para abastecer a poblaciones tan enormes durante todo el año. La zona más húmeda de este ecosistema es Masai Mara (en máa, “tierra moteada”), bendecida por numerosas lluvias desde noviembre hasta junio y con numerosas tormentas en la seca, a lo que se suma la fuente permanente de agua que suponen los ríos Mara y Talek, y es por lo tanto una fuente de pastos frescos para los grandes rebaños cuando empiezan a escasear en Serengeti tras la estación húmeda.

 

Los ñúes avanzan en pacífica coexistencia con las cebras, las cuales pese a no ser animales de rebaño, sino más bien de grupos encabezados por un semental, se sienten protegidas en la manada de sus compañeros de barba blanca. Ni siquiera sufren competencia en las épocas de escasez de pastos, ya que mientras las cebras prefieren los tallos y brotes altos, los ñúes son gourmets de la hierba corta. Los ñúes avanzan en la mayor parte de la travesía en grupos de hembras con crías por un lado y en grupos de machos por otro, y viven en constante alerta, pues se saben en la base de la pirámide alimenticia de la sabana.

Tras los pasos de la Gran Migración (III)

 

La gran migración y un hipo! Masai Mara. Septiembre de 2005

LA GRAN PARIDERA: Tras la estación corta de lluvias, los animales llegan a las abundantes praderas de las llanuras de Ndutu, en el Área de Conservación de Ngorongoro. Es precisamente aquí, entre diciembre y enero cuando nacen las crías de las cebras, y en febrero cuando tiene lugar uno de los espectáculos más insólitos de la Naturaleza, la gran paridera de los ñúes, el nacimiento en poco más de dos semanas de cerca de medio millón de crías de ñúes, muchas de las cuales son presas de hienas, chacales y demás alimañas al poco tiempo de nacer, ya que la Gran Migración siempre arrastra tras de sí una gran cantidad de carroñeros y depredadores. Los supervivientes tendrán poco tiempo para coger fuerzas y emprender el largo camino hacia el corredor Oeste. Para los masais, dueños por derecho de estas tierras, los rebaños de animales salvajes son una gran competencia para sus vacas, y siempre culpan a los ñúes de las enfermedades y de envenenar las aguas con sus placentas. Cuando uno cruza Ndutu durante el invierno, camino de Seronera, le parece increíble que esa llanura desértica en la que apenas queda una gacela entre las nubes de polvo pueda albergar semejante espectáculo lleno de vida.

 

El precioso corredor Oeste de Serengeti es una zona boscosa, la migración se desliza entre los bosques, evitando además las zonas más húmedas, ya que el suelo en esta zona es del llamado “black cotton soil” (barro de algodón negro), un auténtico engrudo para las finas patas de estos cortacéspedes cuadrúpedos, y marchan formando kilométricas columnas. Al cruzar el río Grumeti tienen los primeros contactos con los hambrientos cocodrilos, que llevan un año esperando para saciar su hambre.

 

LAS FAUCES DE MARA: El mejor momento para visitar Masai Mara es sin duda de julio a octubre. Las suaves colinas de la Reserva están repletas de animales, los animales están completamente hastiados, abunda la comida, tanto para los herbívoros como para los carnívoros. Leones, guepardos, leopardos, hienas, chacales, servales y otros muchos duermen con las panzas llenas. Los buitres llenan el cielo sin saber bien a qué cadáver atender primero. Tan solo los elefantes prefieren irse a zonas más tranquilas, molestos por la gran multitud. Cuando los rebaños se han saciado en la zona Este, desde Sand River al Talek, se enfrentan al mayor reto en su largo viaje, y sin duda a una de las más famosas estampas de la Gran Migración: el peligroso cruce del río Mara, repleto de gigantescos cocodrilos.

 

Buitre sobre ñú. Mara river. Kenya. Septiembre de 2005

 

La misión de vadear el río se les antoja peligrosa y arriesgada a los ñúes, que parecen alterarse y mostrar un cierto estado de nervios y de ansiedad. Se van concentrando en las riberas del río Mara, que en esa época, gracias a las lluvias de las montañas Mau, donde nace el río, y a su afluente Talek, baja con un generoso caudal. El nerviosismo y el ansia por cruzar se apodera de la manada, y van recorriendo la orilla Este buscando un punto adecuado para cruzar. Las querencias naturales establecen numerosos puntos de cruce, fácilmente identificables por la erosión de las laderas del cauce, sendas de los animales, rastros de hipopótamo y ausencia de vegetación. Sin embargo inexplicablemente a veces se lanzan por cuencas más empinadas y abocados al desastre son arrastrados por la corriente, demostrando lo gregarios que llegan a ser estos animales, y siembran de cadáveres los meandros del Mara, que sirven de despensa a los cocodrilos, buitres, marabúes y otros carroñeros.

 

Cuando se reúnen en un punto de cruce, excitados y ansiosos braman hasta que uno de ellos asume el liderazgo, se aproxima al borde intentando atisbar algún peligro y decidido se lanza al agua, animando al resto de indecisos compañeros que se lanzan tras él en fila india, iniciando una frenética carrera que en ocasiones acaba con numerosos individuos pisoteados hasta morir. En muchas ocasiones, estos cruces son observados de cerca por enormes cocodrilos, algunos de más de seis metros de largo, que año tras año han sabido perfeccionar su técnica y con suma facilidad arrancan ñúes a la columna y no tardan en devorarlos entre sus gigantescas fauces. Si durante el cruce, tan solo uno de los ñúes duda y da marcha atrás sobre sus pasos, el resto, histérico, emprenderá una deshonrosa retirada, mientras los miembros de la manada que han conseguido cruzar les animan bramando desde el otro lado del río, y no reemprenderán el camino hasta que los restantes se hayan atrevido a cruzar. Las cebras, a su vez, cruzan mimetizadas en la columna de ñúes, aprovechando el cruce de los barbudos para aumentar sus posibilidades de supervivencia.

 

Una vez superado el mal trago de cruzar el río, pastarán por las verdes colinas de Mara Oeste, salpicadas de acacias “paraguas”, que forman la imagen de la sabana más clásica. Sin embargo estos viajeros no estarán seguros del todo, ya que tanto durante la noche como por el día los rebaños son atacados por clanes de leones, grupos de hienas, parejas de guepardos y otros depredadores que ven cómo en esta época tienen la despensa a rebosar. En octubre, antes de regresar a Tanzania, volverán a cruzar el Mara en dirección opuesta, tiñendo sus aguas de barro y sangre.

 

Por todo esto, por ser uno de los mayores espectáculos que la Naturaleza ofrece en el Mundo, por ver la abundancia en su máxima expresión, por ver además de los ñúes y cebras, las gacelas, cientos de leones, miles de búfalos, jirafas, elefantes, impalas, facocheros, leopardos, guepardos, e incluso rinos, además de más de 500 especies de aves, merece sin duda la pena darse una vuelta, aunque sea con el rifle enfundado, por las zonas más míticas de las Tierras Altas de África.

 

Guepardo con presa. Sand River. Frontera Kenya y Tanzania. Septiembre de 2006

Carga de elefante

Tarangire (Tanzania), agosto de 2004. Subiendo una cuesta en este precioso Parque, nos topamos con este elefante joven, camino ya de ser adulto, en medio del carril. No llevaba ninguna intención de apartarse del camino, y así nos lo advirtió agitando las orejas y moviendo la trompa, avisando de quien era el que mandaba. Aguanté hasta que vi que la carga iba en serio, según el “lenguaje” de sus orejas. Entonce le dije grité “twende” (vámonos) a Charles, el conductor. Retrocedimos y pude captar la espectacular escena con una cámara digital Canon s50. Al llegar a la curva, el elefante se apartó y se puso a comer bajo una acacia, demostrando quien “manda en este barrio”.

Puedes ver un vídeo de esta escena haciendo click aquí


LOGOweb

Archivos

© 2007-2016 Paco León. Las fotos y textos aquí publicados son del autor del blog salvo las especificamente citadas. Mis fotos se pueden copiar, distribuir y comunicar públicamente bajo las siguientes condiciones: Citar al autor y blog - No hacer uso Comercial - No modificar ni crear Obra Derivada. Los textos aquí publicados no se pueden copiar, distribuir o utilizar sin previo permiso del autor del blog. Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

De safari:

  • 656.811 huellas

Made on a mac


A %d blogueros les gusta esto: