Mauri, el Dr. Livingstone

El doctor Mauricio Llodio Lechuga. Loita Forest, Kenya. Enero de 2006

En mi fascinación por África, los exploradores y las exploraciones son una de mis predilecciones. Siempre me han atraido sus perfiles y sus historias, desde los míticos Livingstone o Stanley, los aventureros y cazadores como Speke o Thomson, los románticos como Burton o incluso los actuales como Michael Fay.

Pero desde luego, he tenido la suerte de conocer en mis viajes y safaris a otros personajes mucho más anónimos que desde luego siguen portando el espíritu y el ánimo de los exploradores de la época más dorada y añorada de África. De todos estos, de los famosos y de los desconocidos, de los de ayer y de los de hoy, me gustaría escribir en esta sección, Exploradores.

Mauri en apogeo. Catarata en Loita Forest, tras dos días andando. Kenya, enero de 2006

Y de quién mejor para comenzar esta galería de héroes que mi amigo, maestro y segundo padre: el doctor Mauricio Llodio, un doctor Livingstone actual con muchísimos kilómetros a sus espaldas; en viajes, excursiones, exploratorias y safaris de muy diversa índole.

Cuando conocí a Mauri, en esas casualidades y momentos dificiles que nos depara el destino, no paraba de hablar de sus viajes, de sus expediciones y sus rutas por el Mundo, muchas de ellas en viajes de cooperación. No en vano es el Presidente de la Fundación Coopera, entidad de Ayuda al Desarrollo. Recuerdo hablarle de mi fascinación y mis, aún entonces, sueños africanos, y recuerdo que nada más conocerme prometió llevarme a África… y lo cumplió, vaya si lo cumplió!

Un par de años después hicimos la Exploratoria Loita – Coopera 2002. Un safari inolvidable de unas cuantas semanas de duración en el que visitamos numerosos proyectos de cooperación, identificamos nuevos proyectos y del que salió un pozo para los masais en Loita. Ese fue mi primer contacto con África y no pudo ser más auténtico y fascinante.

Caminando con guerreros masais. Loita Hills, Kenya. Marzo de 2002

Y es que viajar con Mauri es una gozada. No hay ruta trazada, no hay plan de viaje, tan solo dejarse llevar a dónde lleve el destino. En un solo día con Mauri en Loita Hills, llegamos a despertar rodeados de guerreros moranis masai, pasear al amanecer y verles cazar una gacela Thomson, preparar un opíparo desayuno, montar una oficina de campaña, recibir a improvisados visitantes tanzanos, preparar propuestas de proyectos de cooperación, operar de urgencia a un niño y salvarle la vida (Mauri es el mejor médico que he conocido nunca), firmar un acuerdo para firmar un pozo, jugar con los guerreros masai, ir a ver una colina desde la cual divisar el Lago Natron y cenar una fabada Litoral en plena sabana, en un campamento rodeado de hienas y chacales.

A ese viaje, además, le debo conocer por primera vez Masai Mara, Serengeti, Loliondo, Ngorongoro, Tarangire, Nairobi y Arusha… y sobre todo a Topo, a Milton, a Dixon, a Daniel, a Shukri, a Kirotie, a Mogue… y tantos otros a los que hoy tengo la suerte de llamar amigos.

Así es Mauri, eléctrico, con mil cosas en la cabeza, hablando su spanglish atropellamente y en tres minutos pasar de hablar de medicina a cómo funciona un paraguas con cualquier paisano que se cruza por su camino. Viajero atípico, le da igual pasar de dormir al raso junto al fuego (se queda frito en 3 segundos) o en cualquier tugurio de Shangai, que disfrutar de los lujos del mejor Lodge que pueda haber en África. Siempre es el primero en levantarse, y en menos que canta un gallo te despierta con su última ocurrencia o con cualquiera de sus cientos de proyectos que lleva en esa cabeza que nunca para.

Preparando el desayuno con Topo y Milton. Loita Hills, Kenya. Marzo de 2002

Oficina de campo en Loita Hills, Kenya. Marzo de 2002

Mauri es un gran viajero que se adapta a las circustancias y te hace el viaje ameno, te lleva de su mano cuando hace falta y te la suelta cuando es necesario dejarte espacio. Disfruta de cada detalle y te contagia su entusiasmo. Su generosidad y empatía hacia los demás está siempre patente en sus viajes. Cada vez que conoce a alguien siempre está maquinando cómo ayudarle o beneficiarle y por despistado que parezca (y que en el fondo, es), tarde o temprano acaba ideando la solución a su problema o la combinación de factores, personas o negocios que puedan ayudar a dicho personaje.

A Mauri le he visto, como he mencionado antes, salvar la vida a un niño masai, negociar con habilidad y regatear hasta la saciedad en los mercados africanos (para sacar adelante sus proyectos de comercio solidario), tratar con jeques, principes, sultanes y mendigos, o en cinco minutos convencer a un artista local, llamado Preto,  que le hiciera un busto en madera (veridico, en Bonito. Brasil).

En el Pantanal de Mato Grosso do Sul. Brasil, diciembre de 2005

Mauri ha recorrido el Mundo casi de cabo a rabo, por tierra, mar y aire. Desde su primera gran exploratoria en los años 70 desde Madrid a la India, en plan hippie, haciendo autoestop y colándose en trenes y cruzando el Afganistan pre-talibán; ha recorrido gran parte de Sudamérica, África, Europa, Norteamérica y más recientemente Asia (aunque hace unos años Japón fue su segunda casa), enamorándose en los últimos años de Birmania. Es además un experimentado buceador, pescador, y como buen vasco que es, un buen marinero.

Además a Mauri le debo el haberme descubierto su otro hogar, que es Brasil, y haberlo hecho con la gran familia que tiene allí, pues su abuelo emigró del País Vasco al Mato Grosso en una aventura que bien merece un libro. Allí, junto a su primo Marco Antonio, hicimos una exploratoria del Pantanal Matogrosense que ha sido uno de los viajes más espectaculares que he hecho nunca.

“Medición de campo” de una piel de pitón. Loita Hills, Kenya. Marzo de 2002

Una vez Mauri me enseñó una lista de títulos de futuros libros que tiene en su mente, pues su cabeza es siempre mucho más rápida que su cuerpo, y de corazón espero que un día los escriba, pues tiene mucho que contar, que decir, y que transmitir.

Yo por mi parte creo que nunca seré capaz de expresar lo agradecido y orgulloso que me siento por este Hombre, digno de mi más profunda Admiración, con mayusculas. En mis recuerdos de viaje más preciados tengo muchos momentos con Mauri, y no hay ni uno solo que no me haga sonreir.

El Doctor Livingstone y el Doctor Livingstone. Londres, marzo de 2002

Tras una operación de campo. Loita Hills, Kenya. Marzo de 2002

Con Mauri, ante el Río Negro. Brasil, diciembre de 2005

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2 Responses to “Mauri, el Dr. Livingstone”


  1. 1 Angel 29 agosto, 2008 en 10:46 am

    ¡FANTÁSTICO!
    Siempre ha sido y es un sueño poder dedicar mi existencia a los viajes. Aún no he descubierto cómo hacerlo pero enhorabuena a los que lo consiguen.


  1. 1 En las aguas del Pantanal (I) - El Reino del Jaguar « Todo sobre Safaris - El blog de Paco León Trackback en 16 octubre, 2008 en 1:58 pm

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