Diario de safari: Ndovu Kubwa Safari. Día 8

Leonas en Serengeti. Tanzania. Agosto de 2007

25/8/07  En el corazón de Serengeti

Noche ruidosa! La fiesta de los del hotel se les fue de las manos y la música retumbó demasiado alta toda la noche. Lo sentí especialmente por el grupo, ya que cuando les despedí a las 4 de la mañana rumbo a su vuelo en globo no habían pegado ojo y les esperaba un día muy largo…

Les recogimos en Seronera seis horas después y según sus palabras se alegraron mucho de vernos. Les encantó la experiencia  aunque les sobraron los “yankis” con los que compartieron el globo y que se abalanzaron sobre el “Freixenet“…  Así pues volvimos a subir al Land Cruiser y nos dispusimos a explorar Seronera, el corazón del Parque Nacional de Serengeti.

Agosto es un gran momento para visitar esta zona, ya que al encontrarnos en lo más duro de la época seca, los grandes felinos y el resto de animales se concentran en esta zona, donde hay acuíferos con abundante agua. También es la zona donde se agolpan los grandes lodges de touropearadores y si se permanece en las pistas principales, hay demasiados coches y un romería de turistas. Por eso es tan importante llevar un buen guía, para que conozca bien el Parque y se esfuerce por salirse de las rutas principales. Serengeti tiene el tamaño de la provincia de Teruel, por lo tanto hay espacio más que suficiente para estar “solo” si se desea. Nosotros llevábamos al mejor, por lo tanto tomamos una pista hacia los goal kopjkes y estuvimos solos toda la mañana.

Para mi, hacer un buen safari es precisamente eso, estar completamente solos y buscar tus propios animales. Nada de avisarse por radio e ir directamente como borregos de acacia en acacia para compartir el león o el guepardo con 50 personas. Además eso va en contra del Medio Ambiente, ya que se le pone demasiada presión a los animales. Los turistas deberían de ser más consecuentes de ello y no permitirlo a sus guías, y estos tan solo buscan buenas propinas si su grupo avista los “big five“. Para mi es un lujo disfrutar de un lugar como Serengeti completamente solo. Luego dependerá de la suerte y de las habilidades del guía el poder ver más o menos animales. Aún así, cuando encuentras un animal interesante y estás solo lo disfrutas el triple.

La hierba alta de esta zona de Seronera ocultaba muchos animales. No vimos muchos, tan solo unos hartebeest, facocheros y unas hienas. Pero como siempre la precisa vista de Hagai localizó un bulto sospechoso en un termitero.  Se trataba de un imponente grupo de leonas.

Leonas en Serengeti. Tanzania. Agosto de 2007


La reina del Serengeti. Una leona vieja enorme y musculada, con una mirada altiva y orgullosa, con tres hijas, ya adultas, y los cachorros de una de ellas. Un cuadro impresionante. Las tres grandes leonas subidas al termitero y los cachorros jugueteando entorno a ellas. Pronto descubrieron que cerca de su abuela no se puede bromear y se ganaron un rugido que les volvió las orejas del revés. A uno de ellos le pudimos contemplar mamando. Estuvimos un buen rato entorno a ellas, a una distancia muy corta, y parecía que posaban para nosotros, ya que se colocaron en una composición que parecía sacada de un libro de National Geographic.  La escena fue de las que te ponen los pelos de punta y te hacen asomar la lagrimita de emoción.

La mañana continuó demasiado tranquila, estuvimos por una zona  ideal para guepardos, ya que eran una de nuestras prioridades aquél día. Reconocí esas riberas por las que en otras ocasiones he visto escenas de caza y numerosos cheethas… sin embargo no hubo suerte y tan solo vimos antílopes, jirafas y algún elefante. Comimos en plena sabana y al grupo se le notaba muy cansado tras el gran madrugón. Pese a ello teníamos pendiente el leopardo, el chui! y teníamos muchas ganas de encontrarlo, así que decidimos dar una vuelta por esos árboles salchicha de Seronera en los cuales se suelen ver a estos tímidos gatos…

 

Cocodrilo en Seronera. Serengeti. Agosto de 2007

Y efectivamente así fue. Por desgracia llegamos un poco tarde y ya había un nutrido grupo de coches. Los guías de touroperadores demostraban su ineptitud dando voces y gritando subidos al techo o al capó de los coches, y permitiendo que sus clientes se subieran a su vez para intentar ver mejor. Consecuencia: los leopardos son felinos extremadamente reservados, odian ser observados y les gusta estar solo, y ante este tipo de shows se tiran del árbol para ocultarse en la hierba. Por desgracia solo conseguimos verlo regular y en el suelo. Aún así fue suficiente para hacer de nuestro safari un “big five safari”.

Así pues nos dirigimos tempranito hacia el campamento, pasando antes por una gran hippo pool en la cual había un hipopótamo muerto medio podrido, además de varios cocodrilos. A unos 3 kilómetros del campamento el motor hizo un ruido extraño y Hagai detuvo el coche. Se había soltado el protector del ventilador del radiador. Afortunadamente no fue nada y su pericia como mecánico hizo que en un cuarto de hora estuvieramos de nuevo de camino y llegaramos prontito al lodge.

Tras una reparadora siestecita y ducha, llenamos la nevera de refrescos y bebidas heladas y nos fuimos a un kopjke cercano para poder disfrutar de la puesta de sol. Una puesta de sol sobre la sabana con un gran sol rojo. La culminación perfecta para un safari inolvidable.

Tras la cena, una última sorpresa.  Entró el personal del hotel cantando y bailando entorno a una tarta. El grupo se pensó que sería el cumpleaños de alguien pero se sorprendieron al ver que la tarta era para ellos y se podía leer kwaheri (adios) en ella. Una tarta, una última sorpresa para celebrar un safari y el deseo de volver a África. Afortunadamente mis protestas y charla con el manager del hotel, Dismas Simba (con quien bromeaba por ser primos, Simba = León, por haber dejado a mis clientes sin dormir. Aún así todo el personal de Mbuzi Mawe estuvo genial estos días, destacando Winny, Ronald, Peter…

Luego fue el grupo quien me dio una gratísima sorpresa a mi. Tuvieron el detallazo de hacerme un regalo, una daga de los warusha, como recuerdo del safari. La verdad es que llevar a gente como los Mancho ha sido un gustazo. He disfrutado mucho de este safari, y da gusto llevar a gente que sabe viajar, valora las pequeñas cosas y no deja de sorprenderse y disfrutar por cada cosa que ve.  Celebramos el safari con unos gin tonics antes de irse a dormir tras una agotadora jornada.

Estuve charlando hasta las tantas con Hagai, y ahora escribo estas líneas, ya muy tarde, escuchando a los hyrax alrededor de la tienda… Mañana volvemos a Arusha. Echaré mucho de menos el Serengeti…

Atardecer en Serengeti. Agosto de 2007

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2 Responses to “Diario de safari: Ndovu Kubwa Safari. Día 8”


  1. 1 Carlos 25 octubre, 2007 en 11:44 am

    Como siempre…impresionante!!

    Gracias por compartir tus experiencias con los demás.

    Saludos!

  2. 2 melany 19 diciembre, 2009 en 8:43 pm

    es muy satisfatorio que la gente todavia piensa i actua de esta manera. me emcanto a esta historia, se pudiera lo haria muchas cosas para cambiar todas las cosas q Africa necesitas.. Um saludo a todos los que hacen algo por AFRICA.


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