Volver a Kenia once años después

 

La Diligencia en Masai Mara. Kenya. Septiembre de 2007
Foto: Elena Pañeda

Es un lujazo para este blog contar con un “primer espada” como es Fernando Reinlein, quien con su magistral pluma nos relata el safari por Kenya que acaba de realizar:

 

Fue en 1996 cuando hicimos nuestro último viaje a Kenia. Desde 1985 y hasta esa fecha, todos los años volvíamos para decir: “Jambo, rafiki, a esa gente maravillosa que sabe lo que es el servicio en el Sector turístico sin ser serviles; o “sopa” en la lengua “maa” a los orgullosos masais. Es decir. Volvíamos para decir simplemente ¡Hola! a unos amigos, o así los considerábamos a todos al paso de los años.

 

Niños masai. Kenya. Septiembre de 2007

La vida cortó los viajes y, once años después, la suerte me hizo aterrizar en Nairobi donde, mi sobrina un amigo y yo, comenzamos un viaje – un safari – de catorce días en el que, a pesar del conocimiento adquirido años antes, la sorpresa y la satisfacción no nos abandonaron. Fuimos de la mano de Topo Pañeda, el director de TOPO Safaris, la única agencia local en Kenia reconocida como tal y dirigida por españoles. Ese fue uno de los lujos, que fuese “el Topo” el tour líder de la expedición.

Leopardo. Masai Mara, Kenya, septiembre de 2007

 

El aterrizaje en Masai Mara, al oeste del Parque, tuvo lugar a las 16 horas y con Diëter al volante, tomamos en camino hacia Kilima, el Camp desde el que puede gozar de una de las vistas más impresionantes de la reserva, con los meandros del Mara a pie de la inmensa pintura que aparece a la vista.

Jirafas masai en el Masai Mara. Kenya. Septiembre de 2007

Para llegar allí cruzamos entre una manada de elefantes. Fue el aperitivo de cinco días inolvidables. Desde Kilima, todos los días, salíamos en busca del Rino. No hubo suerte esta vez, pero leones, leopardos, guepardos, búfalos y un sin fin de animales salvajes se dejaron ver y fotografiar desde el coche de TOPO Safaris, La Diligencia y mil veces acondicionada para recorrer caminos imposibles.

El rústico bar y el fuego por la noche fueron compañía excepcional y la última noche, llegaron otros visitantes que nos deleitaron con su música: Fred a la guitarra y Juan al Saxo, hicieron magia con sus notas. Trasladados al Basecamp, en la entrada del Talek, invadimos la emigración: miles de ñues se agrupaban para el gran momento: cruzar el Mara. Y allí tuvimos el privilegio de estar nosotros.

Cruce de ñues en el r�o Mara. Kenya, septiembre de 2007

Todo lo había visto en los viajes anteriores, todo menos ese momento increíble en el que se agrupan los ñues y cruzan el río a pesar de cocodrilos e hipopótamos. El “hormiguero” se va formando lentamente y se acerca a la orilla. Allí remolonean hasta que un valiente salta al agua y echa a nadar. Cientos le siguen. Un hipopótamo ataca a un ñu que se acerca su cría. Los cocodrilos, ahítos de comer, sestean en la orilla. La marea oscura cruza y sube por las laderas de la orilla opuesta. No se puede describir. Hay que estar allí y tener el privilegio de que quien te lleva sepa acercarse y poder verlo.

Cocodrilo en Masai Mara. Kenya. Septiembre de 2007

 

Naturalmente, además de los safaris diarios para ver animales y disfrutar del alojamiento, tanto en un lugar como en otro, tomamos contactos con los masais, entramos en sus manyatas, conversamos sobre sus costumbres, para salir, en coche hacia el lago Naivasha en el que nos hospedamos en el Country Club, antigua residencia en las que los grandes hacendados ingleses pasaban las primeras horas al llegar a la zona en hidroaviones. El lago es una delicia para los amigos de las flores – floreciente industria keniana – y los pájaros.

Dhow en Lamu. Kenya. Septiembre de 2007Y para finalizar, Lamu, esa pequeña isla en el archipiélago del mismo nombre. Puerto de esclavos, referente para entender el nacimiento de la cultura suahili y para gozar de la paz. Urko, un español, constructor y propietario de Lamu House ha sabido ofrecer un alojamiento extraordinario a pie del puerto. Detalles, atenciones y belleza se juntan con el bullicio diario junto a la barandilla de la lengua de mar que separa la isla de Lamu de la de Manda.

Hablar de Lamu es hablar también de compras, porque la artesanía local es de una gran belleza y colorido, sobre todo en lo referente a las telas. Pero también es hablar de navegar en los dhows, a vela o con un pequeño motor fuera borda y tomar una copa en el Peponi, o caminar por Shela. Y, como no, navegar hasta Manda para introducirse en el misterio de los manglares o simplemente bañarse y descansar en su playa de Aguas calientes y transparente.

La vuelta fue como siempre triste y bajo la promesa firme de volver y hacerlo con los mismos que este año nos organizaron todo, de forma personalizada y a la carta.

Para los miedosos, decirles que me picó una pequeña serpiente. Pero fue en Madrid, una semana después.

FERNANDO REINLEIN

(¡aunque para mi siempre será el tio Chiqui!)

 

Fotos: Luis Miranda (quien también participó en este safari)… y Elena Pañeda!!! La Mensahib de este safari a la que cometí el error de no mencionarla cuando escribí este post! Un besazo guapa!

 

Pajaro secretario. Kenya. Septiembre de 2007

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