Archivos para la Categoría 'Safaris'

Diario de safari: Mashariki safari. Día 4

DSCF6405.JPGChe Shale

17-9-08. Echando de menos África

Desayunamos temprano en Che Shale. Antes de terminar de cerrar la maleta me di un relajante masaje… Nos despedimos de Justin, su playa, sus cabañas y su palmeral y tras una corta reunión en Malindi, pasamos a dar una vuelta a Watamu, una bahía espectacular a unos 20 minutos de Malindi. El camino es espectacular, bordeando el bosque santuario de Arabuko – Sokoke. Continuamos hacia Mombasa, bordeando el Índico, pasando por campos de piñas, girasoles y sisal, y viendo los últimos baobabs. Pasamos el precioso estuario de Kilifi, y almorzamos en las playas del Norte de Mombasa, que aunque son preciosas, para mi no tienen comparación con las del Sur.

DSCF6433.JPGWatamu Bay

Entramos en el bullicio de Mombasa, y tras una parada para organizar el equipaje y una ducha en la casa de Urko, Topo me dejó en el aeropuerto…

Allí nos despedimos… En la puerta de embarque, ante 3 vuelos y unas 16 horas de viaje por delante, no podía dejar de echar de menos el camino recorrido… y ya echaba de menos Kenya…

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Diario de safari: Mashariki safari. Día 3

DSCF6300.JPGAmanecer sobre el río Galana

16-9-08. Elefantes y acacias, cangrejos y palmeras

Noche espectacular, el brillo de la Luna iluminaba las aguas del Galana. Uno casi quería esforzarse por no dormir y escudriñar con los prismáticos las sombras de la ribera, e intentar identificar a todos esos visitantes. El sueño me podía pero dormí a saltos, levantandome de vez en cuando para echar un vistazo y escuchar los sonidos de la sabana. A eso de las 5 de la mañana, cuando ya casi se intuía los primeros rayos de sol, el indiscutible sonido de un león, de un león de Tsavo, quién sabe si descendiente de aquellos leones devoradores de hombres… otro macho le respondía. Estarían a 3 kilómetros del campamento, como mucho…

14Martín Pescador

No tardé mucho más en despertarme, salíamos muy temprano. A poco que empezó a clarear cargamos el coche con una enorme y exagerada nevera de camping y nos fuimos de nuevo al Galana Ranch con nuestro guía. El amanecer sobre el Galana era precioso, y la temperatura perfecta, apenas un poquito de fresco. Al llegar al punto donde cruzamos el río, un gran grupo de waterbucks se alejó sobresaltado. Yo quería haber tirado hacia la pista de aterrizaje, en dirección dónde apenas una hora antes había escuchado rugir a esos leones, pero al guía no le pareció muy buena idea y por desgracia no nos sobraba el tiempo, ya que habíamos quedado con Urko a comer en Malindi. Un pequeño lillac brested roller nos daba la bienvenida desde la punta de un matorral. Gerenuks, impalas, gacelas de Grandt…

DSCF6219.JPGGerenuk, antílope jirafa

El Galana Ranch fue en origen varios bloques de caza, en un lugar que es prácticamente una prolongación del Tsavo. Cuando llegó la independencia de Kenya y se prohibió la caza, los ánimos de progreso y prosperidad del gobierno, empujaron a querer convertir este Galana Ranch de aproximadamente unas 800.000 hectáreas (para que os hagáis una idea, la mayor finca de España tiene unas 14.000…) en la cabaña vacuna del país. Se intentó acabar con casi toda la fauna local, en especial grandes predadores, elefantes y búfalos para introducir miles de cabezas de ganado. No recuerdo el nº exácto pero era una barbaridad. Aún así nunca pudieron acabar con la abundante fauna. Años después el gobierno se convenció de que la idea no funcionaba (este habitat es muy seco y árido en la época seca) y el rancho fue una completa ruina. Entonces, como ha ocurrido en otros tantos lugares como el Área de Conservación de Ngorongoro en Tanzania o Save Valley en Zimbabwe, se volvió a la idea original, reducir el ganado y dar prioridad a la Conservación de la Naturaleza. Desde luego en esa barbaridad de terreno debería haber espacio para todo!

De hecho hoy en día la población de elefantes del Galana Rancha asciende aproximadamente a unos 1.335 ejemplares (según datos de 2005 del Grupo Especialista del Elefante de la UICN), lo cual es una cifra más que considerable (aproximadamente la misma que el Parque Nacional de Amboseli, aunque este es mucho menor).

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Avanzamos en dirección Norte, y tras atravesar el pueblo de guardas, empleados y maquinaria, nos adentramos de nuevo en una sabana cerrada, de matorral espinoso de color ceniza en contraste con el rojo del suelo. Avanzamos deprisa por una buena pista y vimos varios grupos de elefantes, muchísimos dik diks que cruzaban el carril como rayos. El paisaje entró en una cierta monotonía pero con una belleza especial acentuada por los brillos tempranos de la mañana. De vez en cuando se abría un poco el matorral y aparecía algún pozo y bebederos. En uno de ellos vimos un gran bando de gallinas de guinea.

Llegamos a una gran charca completamente seca a estas alturas del año, donde en temporada organizan tiradas de caza menor (la única modalidad permitida en Kenya). De hecho en el rato que estuvimos allí vimos pasar numerosas gangas y por las inmediaciones algunos francolines y codornices. Desayunamos allí, deseando tener más tiempo y llegar a unas colinas cercanas desde donde hacer un buen paseo y ver una buena panorámica del gigantesco Galana Ranch.

DSCF6330.JPGLos elefantes que asustaron al lechero…

Durante el camino de vuelta a Kulalu Camp, tuvimos una pequeña anécdota que resume un poco lo que es esta tierra. En mitad de la nada, en ese mar de arbustos espinosos, había un hombre haciéndonos señas. 300 metros más adelante había una bicicleta correctamente aparcada. Era un lechero. Nos dijo que había un par de enormes elefantes con malas pulgas al lado del camino y que no se atrevía a pasar. Le llevamos a su bicicleta y usamos el coche como escudo ante los dos colosos que no nos quitaban ojo. Que preciosidad el contraste de esas moles rojas (cubiertas de polvo) entre ese paisaje “en blanco y negro”… El lechero pedaleaba con fuerza y estuvimos un rato quitos, marcando al elefante y dándole una ventaja prudente al intrépido ciclista. Por supuesto no nos cruzamos con ningún turista.

DSCF6331.JPGEl lechero huyendo de los elefantes…

Dejamos con tristeza el precioso Kulalu, dejando atrás el gran Tsavo y el Galana Ranch, mirando con nostalgia la falla del Yatta Plateau y tanta sabana por explorar… Seguimos nuestro rumbo Este, hacia la costa, con destino a Malindi. Las dos horas y pico de camino fueron preciosas, cambiando ese paisaje árido por unas tierras fértiles y verdes, campos de piñas, cultivos, eucaliptus y un bosque gigantesco de cedros. Poco a poco se sentía la humedad de la costa y cuando aún teníamos los elefantes del Galana en la retina, de pronto llegamos al bullicioso caos bullanguero de Malindi, y aturdidos nos incorporamos al tráfico, a las tiendas, y a los muzungus italianos que pululaban de un lado a otro…Y finalmente el Índico, con una quietud amable y un azul acogedor…

DSCF6178.JPGTienda en Kulalu Camp

Tras comer con Urko en una terraza, Nos dirigimos al Norte, en un breve viaje en el cual volvimos a cruzar el Galana en su desembocadura… Y antes de darnos cuenta el coche avanzaba por la arena fina y bajo las palmeras que nos conducían a Che Shale. Increible pasar del polvo rojo de la sabana árida a estas enormes palmeras y a la arena blanca y fina de esta preciosa playa. Afortunadamente al ser una playa privada, está fuera del alcance de beach boys y buscavidas que no dejan de dar la lata al visitante. Una ducha meteórica en nuestra simple pero deliciosa cabaña y ya estabamos traje de baño puesto y kikoy en mano, dispuestos a remojarnos en el Índico. En la playa estaban dando una clase teórica de Kite surf, pero yo me fije más en una tumbona que parecía ser el no va más para una siesta. Tras bañarnos en el Índico y dar un paseo por el palmeral y las dunas, nos alucinó el atardecer.

DSCF6362.JPGChe Shale… se sale!

Antes de cenar estuvimos tomando una Tusker con Justin Aniere, quien además de tener origen español, se ha criado en el Galana Ranch. Justin nos dijo que tras criarse en esta sabana dura, entre Tsavo, Galana, y la costa de Malindi a Kiwayu, no quiere ni oir hablar de Masai Mara, donde hace 20 años que no va. Además es pionero en Kenya de Kite Surf, y ha fundado esta escuela, ya que además su playa reune las mejores condiciones para practicar este nuevo deporte naútico.

DSCF6403.JPGLa tumbona del sXXI

Tras una fantástica cena estuvimos un rato charlando en la playa, junto al fuego, y bajo una Luna que acababa de empezar a decrecer e iluminaba el mar y la costa, formando sombra a las palmeras en la arena… Una visión para recordar, colofón en un día en el que aunque parezca subrealista, comencé oyendo leones, pude ver elefantes, gerenuks y me bañé en el Indico en una playa paradisiaca… Esto solo puede pasar en Kenya.

DSCF6384.JPGAtardecer en Che Shale

Diario de safari: Mashariki safari. Día 2

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15-9-08. El país de los elefantes

Nos levantamos prácticamente al amanecer. Antes de desayunar y clandestinamente fuimos a dar un paseo por los alrededores del campamento. Esto es algo que nunca, y bajo ningún concepto debéis hacer sin estar acompañados de vuestros guías pues es realmente muy peligroso. Apenas nos alejamos unos pocos centenares de metros, pero era impresionante la cantidad de rastros de elefantes e hipopótamos que encontramos por todas partes, algunos de ellos prácticamente dentro del campamento. Es inevitable tener algún escalofrío y andar con mucha cautela por si algún  hipopótamo rezagado se encuentra aún fuera del agua o hay algún elefante tras la espesa vegetación de la ribera. Estuvimos un rato caminando por la orilla arenosa, analizando las huellas de lo que se había acercado esa noche a beber al río. Prácticamente todas eran de elefantes, en un número elevadísimo, y todas siguiendo un recorrido en U, llegando al agua y sin quedarse mucho tiempo por los alrededores volvían a emprender camino de regreso al interior de la sabana. Parecía que los elefantes no se sentían muy seguros en espacios tan abiertos.

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Después del desayuno salimos de game drive. Durante un buen rato Topo descansó de tantos kilómetros y estuve conduciendo yo. La mañana estaba preciosa, con sol y un cielo prácticamente despejado. Desde que salimos del campamento no paramos de ver rastro de elefante fresco por todas partes. Las huellas cruzando la carretera eran de esa misma noche y las había por todas partes, correspondiendo a pequeños grupos que iban y venían del río. Efectivamente no tardamos en ver a los primeros elefantes, que brillaban rojizos a la suave luz de la mañana. Todos los grupos siempre alerta y todos camino del interior del Parque. Alternaban los grupos de elefantes dik dik fugaces que cruzaban el camino como rayos, algún grupete de impalas, algún waterbuck o nos distraíamos observando grupos de hipopótamos tomando el sol en alguna isleta del Galana.

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En toda la mañana de game drive nos cruzamos con dos mini buses de turistas, que venían de Malindi. Visitar este parque es una gozada, sin turistas y con una sensación extra por lo salvaje y auténtico del paisaje y su fauna. Así estuvimos varias horas, avanzando despacio y sin dejar de asombrarnos por tanto rastro y rastro de elefantes. Un grupo aquí, otro allá, un macho por ahí, otra familia más allá… Una de las escenas más bonitas fue ver un grupo grande, unos estaban aún bebiendo en pleno cauce del río y otros fuera del agua, en la otra orilla del Galana y subidos caprichosamente a unas grajdes rocas. Dos enormes matriarcas tomaban las decisiones y cuando nos vieron bajarnos del vehículo levantaron las trompas, y al tomarnos el aire resoplaron y se dieron la vuelta, avanzando hacia la meseta de Yatta.

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Diario de safari: Mashariki safari. Día 1

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14-9-08. Rumbo Este! Destino “un lugar de matanza”

Tras unos días en Nairobi volvemos a ponernos en marcha tras nuestro “Kaskazini Safari“, en este caso íbamos a poner rumbo Este (Mashariki) hacia la costa. En los días de descanso en Nairobi el Mercedes pasó por boxes, y aunque sigue sin diferencial y por tanto con el 4×4 inutilizable, el coche iba como una seda. Salimos bastante temprano de un Nairobi nublado y amenazante de lluvia pero completamente calmo  y desierto, muy distinto de los bulliciosos y caóticos días del resto de la semana, y no encontramos tráfico hasta llegar a las obras de la carretera de Mombasa. Hicimos una pequeña parada en Athi River, donde vimos a la hermana de Shukri. Tras la breve parada continuamos camino alegremente y con buena música.

Durante la ruta por la carretera de Mombasa, que aunque está casi peremnemente en obras y nunca terminada del todo, está por lo general bastante bien (salvo la salida/entrada a la capital keniata), uno se da cuenta de los peligros de estas carreteras, sobre todo por el enorme tráfico de camiones (Mombasa es el mayor puerto del Este de África, al que llegan diariamente cientos de contenedores que luego son repartidos por el continente). Cada pocos kilómetros se suele ver un camión que se ha salido de la carretera o ha hecho la tijera y ha esparcido su carga por todos lados. Sin embargo el camino es bonito, y antes de llegar a Mtito Andrei vimos numerosas gacelas a ambos lados de la carretera: gacelas Thomson, hartebeest y algún ñú, en tierra de nadie y completamente fuera de Parques.

En Mtito Andrei paramos a picar algo y a llenar el tanque de gasóleo (no veríamos muchas más gasolineras hasta Malindi”. Continuamos camino y el paisaje se iba volviendo completamente estilo Tsavo, a la derecha de la carretera quedaba el Tsavo Oeste, a la izquierda el Tsavo Este. La siguiente parada fue en el Puente de Patersson, el lugar donde los famosos “Leones devoradores de hombre de Tsavo” mataron y se comieron a unos 140 trabajadores del ferrocarril, el llamado tren lunático. Poco más adelante estaba la puerta de Manyani, donde entramos en el Parque Nacional de Tsavo Este. Tras registrarnos (para evitar un escándaloso caso de corrupción en el Kenya Wildlife Service, hay que llevar las entradas prepagadas en una tarjeta electrónica), entramos en el Parque y nada más cruzar la barrera vimos la primera escena insólita: dos grandes marabúes se peleaban furiosamente ante la atenta mirada de otros tres congeneres. La zona ajardinada de recepción del Parque era el ring, y el combate lo seguían muy de cerca. Parecían recordarnos el significado de Tsavo en maa (lengua masai): “Lugar de matanza”

DSCF5829.JPGEl Parque Nacional de Tsavo Este, junto a su gemelo vecino de Tsavo Oeste, forman una zona de protección y conservación de la Naturaleza más grande que el Parque de Serengeti en Tanzania y prácticamente igual de grande que el célebre Parque Kruger de Sudáfrica. En total son más de 18.000 k² de inmensidad, que entre otros tesoros albergan la mayor población de elefantes de Kenya censada en aproximadamente 9.100 ejemplares (según datos de 2005 del Grupo Especialista del Elefante de la UICN); una barbaridad si tenemos en cuenta que en todo Kenya hay censados algo menos de 25.000 elefantes.

Durante finales de los 70, la zona de Tsavo contaba con una cierta superpoblación de elefantes, que se puede ver reflejada en las famosas fotos aéreas de Peter Beard; unos años de terrible sequía diezmaron la población de elefantes, muriendo decenas de miles, y lo que es peor creando un comercio ilegal de marfil (los bandidos shiftas solo tenían que ir de cadaver en cadaver y recolectar los colmillos), que desembocó en un tráfico ilegal mafioso, ya que cuando esas sequías cesaron, el mercado estaba creado y comenzó la caza furtiva para obtener el marfil. A este episodio negro de la Historia de Kenya se le llamo “la crisis del marfíl”, y por desgracia estuvieron implicados numerosos altos cargos de Medio Ambiente.

Hoy en día la población de elefantes goza de buena salud y constante crecimiento. Sin embargo, al explorar el Tsavo se encuentran elefantes con peor genio que en otros Parques como Mara o Amboseli, ya que los mayores aún se acuerdan de los malos tiempos y las matanzas, y probablemente vieran a congeneres morir a manos de furtivos, por lo que siguen recelando del hombre. Si hoy en día es increible comprobar la gran densidad de elefantes que hay, ya no solo por los que se pueden ver sino por encontrar rastros de ellos en cualquier rincón al que se mire (huellas, ramas rotas, excrementos…), no logro imaginarme lo que debió ser hace 30 años!! No se debería poder dar un paso sin toparse con alguno!

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Diario de safari: Kaskazini safari. Días 5 y 6

Dik Dik

10-9-08. Rallye de Kenya

He dormido fenomenal en mi enorme cama. Abrí un ojo hacia las 3 de la mañana y estuve un rato oyendo rugir a los leones. Desayunamos tranquilamente en Saruni Samburu y el manager nos enseñó todas las habitaciones y detalles del lodge. Detrás de la zona del comedor, no lejos hay una tienda de lona grande que le sirve de oficina provisional. Junto a la tienda vimos huellas frescas de leopardo. Nos dijo que son muy abundantes en la zona ya que estas montañas son muy querenciosas, y que en ocasiones les ha visto alrededor del campamento e incluso en la piscina del lodge. Alrededor del lodge está lleno de dik diks. Es increíble lo rápido que se acostumbran los animales a la presencia del hombre, ya que el lodge no lleva ni tres meses abierto. Nos estuvo enseñando las obras de una gran presa que están construyendo. Venir aquí en noviembre, con todo verde y la presa llena debe ser una pasada…

Con tristeza cargamos el coche y partimos. Afortunadamente nos habían limpiado el interior y no había tanto polvo como el día anterior. La etapa que teníamos por delante era terminar de atravesar el territorio Samburu, hacia Wamba y Maralal, y desviarnos hacia la meseta de Laikipia.

Monte Ololokwe, la montaña sagrada de los Samburu

Para ello primero deshicimos camino hasta la polvorienta carretera principal, y después de unos 7 kilómetros nos desviamos hacia Wamba, pasando a los piés del monte Ololokwe, la montaña sagrada de los Samburu. El camino hacia Wamba fue espectacular. Sabana árida pura y dura, la pista en buen estado y Topo pilotando la Diligencia II, prácticamente volando bajo. Cruzamos varios poblados Samburu y vimos estampas preciosas, como cuando al cruzar el Ewaso Ngiro vimos el río llenos de Samburus, unos bañándose, los niños jugando y las mujeres lavando la ropa. Parecía una escena sacada de “La masai blanca“, que no en vano se desarrollaba en Barsaloi, no muy lejos de aquí. Desde Wamba, fuimos internándonos en unos preciosos valles rodeados de montañas, y fuimos ascendiendo poco a poco hacia Laikipia. En estos parajes se desarrolló un mes antes la famosa Rhino Charge, una competición de trial 4×4 muy popular en Kenya. Fue un camino precioso, realmente inolvidable.

Según ascendíamos el paisaje cambió totalmente. Poco a poco iba verdeando y los arbustos espinosos daban paso a verdes matorrales y otro tipo de acacias. Un valle y una garganta preciosas dieron paso a la meseta de Laikipia y su paisaje caracteristico. Después de tantos días de polvo seco, la tierra roja estaba húmeda y mojada, y había charcos de tormenta, probablemente del día anterior. Es increible como Topo se orienta. Le vale una pequeña aldea, o un monte y su instinto para identificar el camino y dar con la pista correcta (a veces te cruzas con muchos caminos y todos parecen iguales). Empezamos a ver fauna de nuevo: cebras, impalas y un par de orix. Bajamos por una pista infernal y encontramos la valla del famoso rancho de Loisaba. Laikipia es la provincia de los grandes ranchos y fincas privadas, muchas de las cuales además de tener explotaciones ganaderas tienen santuarios para la fauna.

A toda pastilla

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Diario de safari: Kaskazini safari. Día 4

Hyrax en el kopje de Elsa, Meru

9-9-08. Todo el polvo de África… y más

Nos despertamos pronto y tras un opíparo desayuno en Elsa’s, nos lo tomamos con algo de tranquilidad. Aunque parezca mentira, en un lugar tan remoto como este pudímos conectarnos a internet con la conexión 3g de Safaricom de Topo, y estuvimos respondiendo emails. Después estuvimos visitando todas las habitaciones del lodge, y eligiendo alguna para nuestros próximos grupos. El lodge es espectacular, increibles algunas habitaciones como la “family room” o las de “honeymooners” (lunas de Miel)

Nos despedimos, cargamos el Mercedes, y llevamos a Simon, un camarero del lodge que iba hacia Meru a ver a su padre enfermo. Nuestra intención era ir a Shaba directamente por una pista infernal, comer en Joy’s Camp y tirar de allí a Samburu, pero tanto los rangers como la gente de Elsa’s nos lo desaconsejaron. Hicimos un pequeño game drive hacia la puerta del Parque, viendo algunos elefantes y búfalos, pero ni rastro de los rinocerontes (entramos en su santuario). Junto a la valla del santuario era curioso ver grandes campos de miraá al otro lado del Parque. Una hora más tarde estábamos en el asfalto, volando hasta Meru. Dejamos a Simon y le deseamos suerte. De allí fácil hasta Isiolo y tomamos una de las pistas más polvorientas de Kenya, la que llega hasta Maralal, y de allí hasta el Norte… En estos lugares tan secos recuerdo las palabras de Mattiessen, que en uno de sus viajes compartió ruta con un camionero sudafricano que llamaba a este paisaje MMBF (miles and miles of bloody Africa, millas y millas de maldita África).

Subiendo por las paredes

Sin embargo tras haber estado en lugares tan verdes y frescos como Meru, reconozco que este paisaje árido me fascina, en su combinación de tonos rojos, marrones y grises que hacen de toda aparición de verde, una pura estravaganza… La carretera no es más que una pista polvorienta, al estar en buen estado se va a bastante velocidad y se forman enormes nubes de polvo blanco. Los chinos están construyendo una buena carretera y en un año o así debería tener asfalto al menos hasta los Parques. Al tener bastante tráfico y cruzarte con muchos vehículos, en ocasiones te quedas sin visibilidad y tienes que estar todo el rato subiendo y bajando las ventanillas del coche. Pasamos el cruce hacia Buffalo Springs y Samburu, y unos kilómetros después el cruce de Shaba. Tan solo vimos un par de cebras cubiertas de polvo y una solitaria gacela grandt. La ribera del Ewaso Ngiro se antojaba un oasis verde ante tanta desolación. Seguimos varios kilómetros hasta llegar a la desviación de la reserva de Kalama, una reserva enorme gestionada por los Samburu. El askari nos dijo que llegar a Saruni (nuestro lodge) era fácil: no había más que seguir las señales.

Samburu Saruni lleva abierto desde junio y es el lodge más moderno de Kenya. Teníamos ganas de conocerlo y por eso ibamos hacia allá. A los pocos kilómetros de la barrera, ya lejos del tráfico y del polvo blanco (ahora era una enorme nube roja lo que dejaba nuestro 4×4 a nuestro paso), paramos para beber agua, sacudirnos el polvo y comer los sandwiches que nos habían preparado en Elsa. Estabamos cerca del lodge pero era ya casi las 3 de la tarde y teníamos hambre.

Cubierto por el polvo africano…

En ese terreno tan solo había dik diks por todas partes, algún rebaño de vacas samburu y ni rastro de los carteles. Dudamos del camino y Topo dió muestras del gran pisteador que es. Fijándose en las rodadas e intuyendo dónde debía estar el lodge, fuimos avanzando por esa sabana seca y árida hasta subir a una pequeña sierra, donde por fin apareció el primer cartel. Subimos y subimos por un paraje espectacular, parecía imposible que hubiera allí un lodge de lujo… trepamos literalmente por una roca y apareció: El Kalama Samburu Saruni Lodge.

Saruni Samburu – Kalama

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Diario de safari: Kaskazini safari. Día 3

Gerenuk o antílope jirafa

8-9-08. El Parque perdido

Nos despertamos muy temprano, y tras un desayuno en el hotel de Maua al amanecer, llenamos el tanque de gasóleo y nos dirigimos, atravesando huertos y campos de miraa hacia el Parque Nacional de Meru. El Mercedes, tras la avería, iba como la seda en dos ruedas motrices. En menos de una hora estábamos en Murera Gate, donde un simpático joven ranger del KWS (Kenya Wildlife Service) nos daba la bienvenida y cumplimentábamos la entrada al Parque. Tras una charla con el ranger y ofrecernos para llevar el correo al puesto del KWS cercano a Elsa’s, nos internamos en el Parque bajo una intensa luz de la mañana.

El Parque Nacional de Meru es una joya de Kenya. Con 87.000 hectáreas (870km2) no es de los más grandes, pero tiene un paisaje rico y variado. Es un gran desconocido dentro de la red de Parques de Kenya y no está incluido en las rutas turísticas convencionales. El no aparecer en los catálogos de grandes touroperadores lo hace, ya de por si, un lugar interesante. Situado en el Norte del País, al Noreste del Monte Kenya y al Norte del Parque de Kora (separado por el río Tana), Meru es un fértil punto estratégico que recibe bastantes precipitaciones al año y tiene gran abundancia de agua. Sus diferentes biotopos son un oasis en la zona, ya que al Norte no hay más que una gigantesca extensión seca hasta la frontera con Somalia. El paisaje es bastante verde y variado, muy atractivo, y el tener regatos de agua clara cruzando su territorio hace que respire vida. El no tener un acceso cercano a Nairobi y apenas oferta hotelera, hace que Meru sea muy poco visitado. Nos encontramos entre territorio de las tribus Meru y Borana.

Kudu menor

Meru se hizo famoso por ser uno de los lugares donde George y Joy Adamson se inspiraron para su libro y rodaron más tarde la famosa película Elsa, Nacida libre. Sin embargo Meru fue muy castigado en los años 80, durante la gran sequía y el furtivismo que nació entonces. Al estar alejado y tan cerca de Somalia lo convirtió en territorio de nadie, donde los bandidos shiftas campaban a sus anchas e hicieron tremendos destrozos ante la impotencia y casi pasividad del Servicio de la Naturaleza, anterior al KWS. El Parque fue testigo en los años 80 de tremendas guerras entre furtivos y rangers, que culminó con el asesinato del malogrado conservacionista George Adamson

Los jefes de Meru

Las zonas que rodean a Meru eran antiguamente bloques de caza. Al prohibirse la caza perdieron valor y las autoridades keniananas no pueden vigilar tanto territorio, así que la fauna se vio reducida por el ganado borana y las matanzas de los shiftas. Sin embargo entre 2000 y 2005 el The International Fund for Animal Welfare (IFAW) dio un impulso de varios millones de dólares para recuperar Meru. Se valló una zona para crear un santuario de rino negro, se crearon infraestructuras y se restauraron las infraestructuras del Parque. Se introdujeron animales de otros lugares y se recuperó una de las maravillas de Kenya. Hoy en día es un Parque bien protegido y con un potencial tremendo. Será uno de los Parques fundamentales de Kenya en unos 10 años, cuando su proceso de recuperación culmine en un proceso de crecimiento y expansión.

Para mi gusto Meru lo tiene todo para disfrutar, y tuvimos un game drive delicioso durante la mañana, en la cual tan solo nos cruzamos con un vehículo. Paramos en unas bandas (cabañas) del KWS enfocadas al turismo local, y estuvimos jugando con una preciosa jirafa reticulada que tras quedar huérfana buscó cobijo aquí y está acostumbrada a la gente. “Le encanta seguir a la gente” – me dijo el cuidador del camping – y doy fe de ello.

Topo ante una amistosa jirafa reticulada

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Diario de safari: Kaskazini Safari. Días 1 y 2

Entrando en Boxes… avería en Nanyuki

6 / 9 / 08 – Twende Safari!

¡Por fin de nuevo en marcha! Después de cuatro días en Nairobi, ya estamos preparados para ir al bush. Emprendemos un nuevo safari, un safari corto y algo atípico pero que nos llevará por zonas algo inusuales, muchas desconocidas para mi y a las que les tengo muchas ganas, como es el Parque de Meru. En esta ocasión iremos Topo y yo solos, y el vehículo será su “nueva” Diligencia II: El Mercedes 300GD 4×4 del año 1986 que Topo acaba de restaurar, un vehículo ligero y eficaz, ideal para dos personas y por las pistas que vamos a recorrer. El safari durará tan solo cinco días y haremos muchos kilómetros. Pondremos rumbo Norte, por eso Kaskazini Safari (safari al Norte). Nuestros destinos: Nanyuki, Parques de Meru, Shaba, Samburu, Reserva de Kalama-Samburu y Laikipia. Nos alojaríamos en algunos de los mejores lodges de Kenya. Casi nada!

Salimos tarde de Nairobi y el tráfico era espantoso. Típico de un sábado. Increíble la de coches que salían y entraban en Nairobi, por lo que el camino hacia Nanyuki fue lento y pesado, y más por tener que hacer la mitad de noche. Llegamos a Nanyuki a tiempo para cenar y nos quedamos en casa de Bern, un buen amigo alemán que tiene una pequeña granja a pocos kilómetros de la capital de Laikipia,y vive allí con su familia .Hacía varios años que no venía a su casa, y su prole ha crecido mucho desde entonces! Dimos buena cuenta de una rica fondeu y vimos el partido de Nadal en el US OPEN (pedía con Murray, suspendido por lluvia). Topo tuvo un inesperado reencuentro con su viejo botijo!

Aeropuerto de Nanyuki

7 / 9 /08 – pero pole pole!

No madrugamos demasiado y tras dar una vuelta por la granja (no se veía el Monte Kenya, estaba tapado por las nubes), salimos poco antes de las diez de la mañana. Hicimos una pequeña parada en Tropic Air (el coqueto aeropuerto de Nanyuki), con bastante actividad local al ser domingo y estar unos cuantos British Army de maniobras con helicópteros. No llevábamos recorrido ni un kilómetro desde el aeropuerto cuando Topo soltó una maldición y sono un fuerte CLACK proveniente del motor… claclacla y Topo detuvo el coche… avería… y de las gordas! Tras parar comprobamos que no era de motor, todo parecía intacto pero sin duda era el eje o algo relacionado con las ruedas. Llamamos a Bern (estabamos a unos 5 kilómetros de su casa) y entre Topo y él dictaminaron que era el diferencial del eje delantero. Conseguimos llegar a la granja avanzando a 10 por hora y con un ruido espantoso. Afortunadamente Bern tiene una empresa de construcción de infraestructuras, y varios de sus mecánicos estaban trabajando ese día en su taller. ¡Menuda suerte!, dos horas más tarde nos habría pillado en mitad de la nada…

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El safari de Obama – Una jornada entre masais y fieras

Reproduzco aquí un interesante capítulo del libro “Los sueños de mi padre”, escrito por el candidato a la Presidencia de los EEUU, y espero de corazón que sea el futuro Presidente, Mr. Barrack Obama. Obama es medio kenyata por parte de padre, perteneciente a la etnia luo. Por lo tanto es un hombre que conoce de primera mano los problemas de esta parte de África y que, como vais a ver en este artículo, también ha disfrutado de las maravillas que ofrece un safari en Kenya.

Barrack Obama en Masai Mara“Hacia el final de mi segunda semana en Kenia, Auma y yo fuimos de safari. En principio, a ella no le gustó mucho la idea. Cuando le enseñé el folleto, movió la cabeza con gesto incrédulo. Como la mayoría de los kenianos, relacionaba las reservas naturales con el colonialismo. “¿Cuántos kenianos crees que pueden permitirse ir de safari?”, me preguntó. “¿Por qué no se puede cultivar todo ese terreno que se dedica a los turistas? Esos wazungu se preocupan más por la muerte de un elefante que por la suerte de cien niños negros”.

Durante varios días eludimos el asunto. Le dije que estaba dejando que la actitud de otras personas le impidiese conocer su propio país. Ella me respondió que no quería tirar el dinero. Finalmente cedió, no por mi poder de persuasión, sino porque se apiadó de mí. (…)

Así que a las siete de la mañana de un martes vimos cómo un fornido conductor kikuyu llamado Francis cargaba nuestro equipaje en la baca de un minibús blanco. Con nosotros viajaban un cocinero alto y delgado llamado Rafael, un italiano de cabello moreno que respondía al nombre de Mauro, y una pareja inglesa de cuarentones, los Wilkerson.

Salimos lentamente de Nairobi, pero pronto estuvimos en campo abierto cruzando verdes colinas, caminos de tierra roja y pequeñas shambas (aldea en suajili) rodeadas de parcelas cultivadas de ralas y agostadas mazorcas de maíz. (…)

Más adelante, unos cuantos kilómetros al norte, dejamos la carretera principal y nos adentramos en otra de grava. La marcha se hizo más lenta: en algunos lugares los baches ocupaban todo el ancho de la vía y, de cuando en cuando, los camiones que circulaban en dirección opuesta obligaban a Francis a conducir por la cuneta. (…) El árido paisaje estaba salpicado de matorrales, frágiles acacias espinosas y piedras negras de aspecto extraordinariamente duro. Dejamos atrás pequeños rebaños de gacelas; un solitario ñu que comía en la base de un árbol; cebras y una jirafa apenas visible en la distancia. Por espacio de casi una hora no vimos persona alguna, hasta que en la distancia apareció un solitario pastor masai guiando un rebaño de bueyes a través de la llanura, su cuerpo era tan enjuto y recto como el bastón que llevaba.

En Nairobi no había conocido a ningún masai, aunque había leído bastante sobre ellos. Sabía que su estilo de pastoreo y su valor en la guerra les habían valido la admiración de los ingleses y, aunque los acuerdos alcanzados no se respetaron y los masai se vieron obligados a vivir en reservas, la tribu, pese a la derrota, alcanzó la categoría de mito, como los cherokis o los apaches. El buen salvaje de las tarjetas postales y los libros ilustrados con encuadernación de lujo. También sabía que esta especie de pasión occidental por los masais enfurecía a otros kenianos, que hacía que se avergonzasen de sus tradiciones y que se les viera como usurpadores que ansiaban la tierra de los masai. El Gobierno había tratado de escolarizar obligatoriamente a los niños masai e impulsar un sistema de leyes para que los adultos pudieran detentar la propiedad de la tierra. El gran reto del hombre negro, según explicaban funcionarios gubernamentales: civilizar a nuestros hermanos menos afortunados.

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Chishakwe, Save Valley – Zimbabwe. Respirando África

La noche del 11 de mayo, entre la 1 y las 5 de la mañana me encontraba junto al fuego del campamento, tomando recio ron jacamaicano con coca cola, mano a mano con Spike Claassen, uno de los mejores cazadores profesionales de Zimbabwe, al Norte de Save Valley, en Zimbabwe. Estábamos concretamente en el coqueto campamento de Chishakwe, y a unos 500 metros un gran león rugía a una noche estrellada, coronada por una gran media luna de tono rojizo, que bailaba sobre los baobabs y mopanes. Cada vez que el león rugía sonreíamos borrachos en silencio, escuchando lo que nos tenía que decir. Cuando callaba brindábamos emocionados, y Spike, un gran tipo, zimbabwés y africano hasta la médula decía:

- Por cosas así estamos en África. Puede que la gente no lo entienda en sus lujosos apartamentos en las grandes ciudades. Pero mientras ese león nos siga hablando así, todo tiene sentido en esta locura que es África.

Y es que si algo se respira en este rincón del sureste de Zimbabwe, muy pegado a Mozambique es un África pura, salvaje, coqueta, pasional y dramáticamente hermosa y amenazadora.

No en vano el Save Valley Conservancy Area es un gigantesco trozo de la madre África de más de 350.000 hectáreas, que es un ejemplo de un África que se fue para afortunadamente volver. Toda esta zona, tras la llegada del hombre blanco y la creación de Rhodesia del Sur, el sueño de Cecil Rhodes, el estrafalario magnate de los diamantes que soñó con hacer del cono Sur de África la Tierra soñada por el hombre blanco; fue convirtiéndose poco a poco en gigantescos ranchos ganaderos. Durante la primera mitad del sXX y con el afán de ganar terreno a las fieras y a las enfermedades, prácticamente se acabó con la fauna autóctona de esta zona, para librarla de peste bobina y ser pasto para gigantescas explotaciones ganaderas. El alambre de espino fue delineando las grandes fincas (originariamente todo el Save Valley se dividía en tan solo cuatro mega ranchos), y vacas y cebúes pastaban a sus anchas. Sin embargo hacia el último cuarto del siglo pasado estas explotaciones dejaron de ser rentables. Se empezaba a hablar entonces del uso sostenible de la fauna salvaje como mejor negocio, explotar tierras para eco turismo, ya fuese cinegético o turismo convencional. Poco a poco el ganado fue dando paso a la fauna. Entre 1986 y 1991 un total de 33 rinos negros fueron trasladados a la zona, habitat ideal para este esquivo y amenazado dinosaurio, con el consentimiento de los rancheros. Hoy en día la población ha crecido y es de las más estables del país.

Pocos recordaréis las devastadoras inundaciones de 1991. Con ellas se fueron las vallas. Nacía entonces el Save Valley Conservancy Area. Las fincas desaparecieron y la zona se dividió en numerosas concesiones. En 1992 se llevó acabo una iniciativa sin precedentes. 600 elefantes procedentes del Parque de Gonarezhou, donde estaban a punto de desfallecer de hambre por carecer de comida, fueron trasladados a Save Valley. Era la primera vez que se trasladaban núcleos familiares enteros de elefantes y afortunadamente la experiencia fue un éxito. Esa población actualmente no solo se ha mantenido sino que se ha incrementado considerablemente. Actualmente hay más de 1.000 elefantes en el área. Otras especies fueron reintroducidas y otras simplemente fueron llegando o creciendo sus reducidas poblaciones.

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