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El safari de Obama - Una jornada entre masais y fieras

Reproduzco aquí un interesante capítulo del libro “Los sueños de mi padre”, escrito por el candidato a la Presidencia de los EEUU, y espero de corazón que sea el futuro Presidente, Mr. Barrack Obama. Obama es medio kenyata por parte de padre, perteneciente a la etnia luo. Por lo tanto es un hombre que conoce de primera mano los problemas de esta parte de África y que, como vais a ver en este artículo, también ha disfrutado de las maravillas que ofrece un safari en Kenya.

Barrack Obama en Masai Mara“Hacia el final de mi segunda semana en Kenia, Auma y yo fuimos de safari. En principio, a ella no le gustó mucho la idea. Cuando le enseñé el folleto, movió la cabeza con gesto incrédulo. Como la mayoría de los kenianos, relacionaba las reservas naturales con el colonialismo. “¿Cuántos kenianos crees que pueden permitirse ir de safari?”, me preguntó. “¿Por qué no se puede cultivar todo ese terreno que se dedica a los turistas? Esos wazungu se preocupan más por la muerte de un elefante que por la suerte de cien niños negros”.

Durante varios días eludimos el asunto. Le dije que estaba dejando que la actitud de otras personas le impidiese conocer su propio país. Ella me respondió que no quería tirar el dinero. Finalmente cedió, no por mi poder de persuasión, sino porque se apiadó de mí. (…)

Así que a las siete de la mañana de un martes vimos cómo un fornido conductor kikuyu llamado Francis cargaba nuestro equipaje en la baca de un minibús blanco. Con nosotros viajaban un cocinero alto y delgado llamado Rafael, un italiano de cabello moreno que respondía al nombre de Mauro, y una pareja inglesa de cuarentones, los Wilkerson.

Salimos lentamente de Nairobi, pero pronto estuvimos en campo abierto cruzando verdes colinas, caminos de tierra roja y pequeñas shambas (aldea en suajili) rodeadas de parcelas cultivadas de ralas y agostadas mazorcas de maíz. (…)

Más adelante, unos cuantos kilómetros al norte, dejamos la carretera principal y nos adentramos en otra de grava. La marcha se hizo más lenta: en algunos lugares los baches ocupaban todo el ancho de la vía y, de cuando en cuando, los camiones que circulaban en dirección opuesta obligaban a Francis a conducir por la cuneta. (…) El árido paisaje estaba salpicado de matorrales, frágiles acacias espinosas y piedras negras de aspecto extraordinariamente duro. Dejamos atrás pequeños rebaños de gacelas; un solitario ñu que comía en la base de un árbol; cebras y una jirafa apenas visible en la distancia. Por espacio de casi una hora no vimos persona alguna, hasta que en la distancia apareció un solitario pastor masai guiando un rebaño de bueyes a través de la llanura, su cuerpo era tan enjuto y recto como el bastón que llevaba.

En Nairobi no había conocido a ningún masai, aunque había leído bastante sobre ellos. Sabía que su estilo de pastoreo y su valor en la guerra les habían valido la admiración de los ingleses y, aunque los acuerdos alcanzados no se respetaron y los masai se vieron obligados a vivir en reservas, la tribu, pese a la derrota, alcanzó la categoría de mito, como los cherokis o los apaches. El buen salvaje de las tarjetas postales y los libros ilustrados con encuadernación de lujo. También sabía que esta especie de pasión occidental por los masais enfurecía a otros kenianos, que hacía que se avergonzasen de sus tradiciones y que se les viera como usurpadores que ansiaban la tierra de los masai. El Gobierno había tratado de escolarizar obligatoriamente a los niños masai e impulsar un sistema de leyes para que los adultos pudieran detentar la propiedad de la tierra. El gran reto del hombre negro, según explicaban funcionarios gubernamentales: civilizar a nuestros hermanos menos afortunados.

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Yo tenía un cráter en África… (II)

 

Crater Lake. Ndabibi. Kenya, septiembre de 2006

HABITANTES EN TORNO AL LAGO. El lago está rodeado de enormes acacias de fiebre amarilla que albergan a cuatro familias de los habitantes más curiosos del pequeño cráter: los colobos blanquinegros. Estos espectaculares monos son para mí los primates más bonitos de África del Este, realmente espectaculares con sus largas colas culminadas con larguísimos pelos blancos que parecen una pluma. Los colobos emiten un sonido gutural parecido al motor de una vieja motocicleta. Una de estas cuatro familias habita en las acacias del campamento, con lo que es muy fácil verlos entre las tiendas, cuando bajan a comer de las vides de las plantas ipomoeas, y es muy habitual escucharles rondar sobre el tejado o jugando con las hamacas y causando todo tipo de problemas a los camareros al intentar robar comida. Una de las particularidades de los colobos es que son tremendamente celosos, y se pasan gran parte de su tiempo vigilando a las hembras. En el cráter hay un total de 6 familias que suponen alrededor de 80 ejemplares, con lo que es probablemente la mayor colonia del Rift Valley y la zona de Conservación del Lago Nakuru. Además de los colobos, alrededor del campamento se suelen ver monos verdes.

Las faldas del cráter son muy abundantes en vegetación. Estos bosques son perfectos para bushbucks y red duiker y por supuesto para leopardos. Hay un leopardo residente en el cráter al cual no es difícil escuchar por la noche o ver sus huellas en la orilla del lago e incluso si se tiene un poco de suerte no es muy complicado llegar a ver. La parte de la caldera que no está ocupada por el lago es un bosque menos frondoso en el que abundan los imponentes waterbucks defassa, que en muchas ocasiones son vistos pastando pegados al campamento.

Crater Lake. Ndabibi. Kenya, septiembre de 2006

En cuanto a la avifauna, sin duda el mayor protagonista son los flamencos, presentes en sus dos variedades, mayor y menor, y que suelen llegar al atardecer desde el Lago Naivasha y pasar en el lago del cráter la noche, la cual llenan con su ronroneo. La abundancia de spirulina garantiza su presencia, la cual aún así es algo irregular dependiendo de la temporada y la población en los lagos vecinos. Se han llegado a ver concentraciones de hasta 5.000 flamencos en el pequeño lago. Esta zona del Rift es un paraíso ornitológico, llegando a observarse más de 300 especies distintas de aves. En el lago es muy habitual ver gansos del Nilo, águila pescadora africana, y marabúes que acuden a carroñear flamencos muertos.

En el santuario de Ndibibi abundan los elan orientales, cebras de Burchell, jirafas masai, gacelas de Thomson y de Grandt, impalas y siempre que voy me llama la atención la abundancia por doquier de los pequeños dik diks, el antílope más pequeño de esta parte de África. Más raros de ver pero presentes en ocasiones son guepardos, hienas y chacales (que suelen bajar al lago del cráter en busca de flamencos muertos), búfalos e incluso hipopótamos, que llegan a pastar por aquí provenientes del Lago Naivasha. En una ocasión llegué a ver rastros de excrementos de hipopótamo en pleno anillo del cráter, lo que me pareció bastante insólito.

LEYENDAS AFRICANAS: La historia en torno a este cráter comenzó hace unos 30 millones de años, cuando una serie de violentas erupciones formaron el gigantesco Valle del Rift. Entonces el Crater Lake era uno más de los numerosos volcanes de esta zona. Hace unos 10.000 años, varios de los lagos del Rift que conocemos ahora, como el Nakuru, el Naivasha o el Elmenteita, estaban unidos formando un enorme lago llamado Gamblian, que tenía más de 1.200 km2. En este momento el Crater Lake debía ser mucho más grande y formaría una isla en el gran Lago. Alrededor del año 3.700 a.C. este gran lago fue disminuyendo de nivel y se formaron los lagos actuales. Por restos arqueológicos encontrados, esta zona estuvo habitada desde el principio de los tiempos. Y ya en una historia más reciente, hace unos siglos fue ocupada por el pueblo masai. El explorador Joseph Thomson fue el primer blanco en ver el lago Naivasha en 1880, que en 1900 se convirtió en los cuarteles de la Provincia del Este de Uganda, bajo el Imperio Británico.

 

 

Crater Lake. Ndabibi. Kenya, septiembre de 2006

Pero la historia más famosa en torno al cráter es sin duda la de Lady Diana Delamere, quien se solía citar en Ndabibi con su amante Lord Erroll. Erroll fue misteriosamente asesinado en Nairobi a principios de 1941, en un crimen aún sin resolver y que fue un auténtico revuelo en la época. Pronto el marido de Lady Diana, Lord Delves Broughton, estuvo bajo sospecha, iniciando una célebre trama llena de amoríos, espías, alcohol y lujo que se llamó “Happy Valley”, que daría para varias novelas rosas. Finalmente Broughton huyó a Inglaterra y Lady Diana volvió repetidamente a Ndabibi hasta que se casó con su entonces propietario, Gilbert Colvile, con quien pasó allí el resto de su vida. Con el paso de los años, las investigaciones apuntan a que Erroll fue asesinado por el Servicio Secreto Británico por ser un miembro activo de movimiento fascista británico, y estar tras una oscura conspiración para apoyar a Hitler.

Tras los Colvile, Ndabibi pasó a ser propiedad de John Lury y su mujer Yvonne, quien fue figura fundamental para crear el santuario que hoy protege el cráter. Yvonne fundó unos peculiares safaris en viejos carromatos réplicas de unos del siglo XIX, tirados por bueyes que fueron bastante populares en los años 80. Años más tarde, su hija Lynn construyó el campamento del cráter.

UN LUGAR ÚNICO: En definitiva, Crater Lake es un lugar único, desconocido completamente para la masa turística y es un sitio idóneo para d escansar en mitad de un safari por Kenya o tan solo retirarse allí unos días y relajarse en una atmósfera muy especial. Siempre que voy y me siento a contemplar el lago desde el campamento, me acuerdo del dueño del cráter, yerno de los Lury, el recientemente fallecido John Goldson, quien sin duda habría empezado sus memorias escribiendo: “Yo tenía un cráter en África, al pié del Lago Naivasha…”, y qué puedo decir, ¡a mi sinceramente un cráter me impresiona mucho más que una granja!

Crater Lake. Ndabibi. Kenya, septiembre de 2006

NOTA: John Goldson fue asesinado en Ndabibi en agosto de 2004, en circustancias algo extrañas, en el parking del anillo de Crater Lodge. Parece ser que fue por robo, de manos de un turkana. Esa misma mañana se despedía cordialmente de uno de mis grupos, que habían pasado un par de días. Ese grupo, al volver de safari me comentaba que Crater Lake había sido el sitio más sorprendentesy que John una de las personas más entrañables que habían conocido en su viaje. La verdad, no tuve valor de decirle lo que había pasado tan solo unas horas después de su partida… Esta fue una de las páginas más tristes de la historia de Ndabibi, y sin duda una gran perdida, pues John era realmente un gran tipo.

Las dos fotos centrales son de Luis Miranda 

Yo tenía un cráter en África… (I)

Yo tenía un cráter en África… Crater Lake, el cráter perdido.

Crater Lake. Ndabibi. Kenya, septiembre de 2006

Yo tenía una granja en África al pié de las colinas de Ngong…” – Así comenzaba Karen Blixen su célebre novela “Memorias de África”, firmada con el seudónimo de Isaak Dinesen y que Sydney Pollack inmortalizó en el cine en 1985 con su película ganadora de siete Oscars, protagonizada por Meryl Streep y Robert Redford. Y esa es la frase que me viene a la cabeza cada vez que aterrizo en Nairobi y al salir del aeropuerto me saludan desde lejos las picudas colinas de Ngong, la primera frase inmortal de una preciosa historia sobre el África más clásica y que emociona a todos los que la leen.

Sin embargo hay muchas otras historias de la vieja África que son muy desconocidas para el gran público, historias que bien podrían ser merecedoras de novelas de éxito o de grandes producciones de Hollywood, historias de personas que vivieron aventuras en lugares increíbles y secretos. Y precisamente sobre un lugar increíble, secreto y con una particular historia voy a escribir hoy, y espero no arrepentirme, pues cuanto más viaja uno más tiene la sensación de que para no estropear estos sitios únicos es conveniente no hablar de ellos, y eso para alguien que se gana el pan organizando viajes, es una gran controversia.

Este lugar es un pequeño cráter privado situado en pleno Valle del Rift, en territorio masai, en Kenya y es uno de los lugares más especiales que he visto en África: la finca y Santuario Privado de Ndabibi, que alberga el Crater Lake.

EL CRÁTER PERDIDO: Ndabibi se encuentra en las inmediaciones del Lago Naivasha, uno de los famosos lagos del Rift, no lejano a la ciudad de Nairobi. A pocos kilómetros al Sur se encuentra el Parque Nacional de Hell’s Gate, y al Norte, el Parque Nacional del Lago Nakuru. Originalmente Ndabibi tenía unas 24.500 hectáreas, comprendiendo las vastas praderas y bosques de esta zona. El paso del tiempo y sobre todo el enorme crecimiento de la población (no olvidemos que desde su independencia en 1963, la población de Kenya ha aumentado de algo más de 3 millones a los 33 actuales) han ido arrinconando algunas zonas que tradicionalmente han sido auténticos paraísos para la vida salvaje. Ndabibi se ha visto afectado por este hecho y actualmente mantiene una extensión de unas 12.000 hectáreas de las cuales cerca de 5.000 son un Santuario protegido para la fauna.

Crater Lake. Ndabibi. Kenya, septiembre de 2006

Dentro de este santuario está Crater Lake, un cráter relativamente pequeño de unas 87 hectáreas en total, de las cuales cerca de 15 están ocupadas por un precioso lago. El desnivel entre el anillo del cráter y la caldera ronda los ochenta metros. El lago tiene unos ocho metros de profundidad máxima y es altamente alcalino, por lo que carece de peces pero es muy rico en alga spirulina, una planta de color verde azulado altamente rica en nutrientes y  que da al lago unos ratios de fotosíntesis muy elevados. Este alga contiene muchas proteínas y vitamina B12 y es una auténtica golosina para los flamencos. Los masais afirman que estas aguas verdes tienen propiedades curativas y tradicionalmente usaban el agua del lago para tratar a su ganado con parásitos y problemas intestinales.

Al borde del lago hay un pequeño y coqueto campamento de tan solo 8 tiendas de campaña coloniales, amuebladas siguiendo un estilo clásico, con camas con dosel y cuarto de baño integrado. Cada tienda tiene una preciosa veranda con vistas al lago y elegantes muebles de la costa swahili. El campamento fue levantado en 1995 y en este momento está en pleno proceso de necesaria renovación, ya que pese a que ir a un lugar tan único y excepcional merece siempre la pena, era una lastima que el alojamiento se hubiera quedado algo descuidado, no siendo así sus servicios. Aún así es un destino más que recomendable, alejado de las rutas de turistas habituales y con mucha privacidad.

 

Crater Lake. Ndabibi. Kenya, septiembre de 2006

La última frontera Masai (III)

 

Guerreros Masai. Kenya. Agosto de 2004

Caza tradicional. Los masais no cazan para comer, tan solo lo hacen los guerreros como parte de su entrenamiento. Está mal visto entre ellos comer carne de caza, lo ven como un símbolo de pobreza, ya que al ser un pueblo ganadero tienen vacas y sobre todo cabras y ovejas para consumir carne. Tan solo los ancianos pueden comer carne de caza, y un clan determinado, los Dorobo, el más pobre de los masai y que mantiene la costumbre de cazar para comer. Las especies más difíciles de cazar para un masai son las jirafas y los avestruces, por su gran velocidad, y una de las más fáciles, curiosamente al contrario que a los cazadores blancos, los búfalos solitarios, ya que al cazar en grupo los rodean y no les dan muchas opciones. Yo les he visto en Loita Hills cazar gacelas con increíble destreza, ya sea con lanza o con el rungu, golpeando en plena cabeza a una gacela Thomson a la carrera desde cierta distancia, algo que si no hubiera contemplado con mis propios ojos no me hubiera podido creer. También les he observado intentar cazar gallinas de Guinea en pleno vuelo con el mismo rungu.

Guerreros masai saltando. Kenya. Agosto de 2003Sin embargo, si por algo son famosos los masai es por su caza ceremonial del león. Como parte de proceso vital, los guerreros han de enfrentarse al menos una vez a un león. En ocasiones estos encuentros son casuales, si uno de estos felinos se adentra demasiado en el territorio del clan, y en otras organizan partidas para localizar y dar caza a un gran macho.

En estas cacerías los guerreros se dividen en parejas, eligiendo a su mejor amigo, a quien pueden confiarle su vida. Recorren gran parte de su territorio e incluso se internan en Parques o Reservas hasta localizar el rastro de un macho y acercarse a él. Hay dos guerreros que logran mayor protagonismo, el que reúne valor suficiente para acercarse al león sin estar herido y hacer la primera sangre, y el que consigue cortarle la cola estando aún vivo. Al primero le corresponde quedarse la melena como trofeo, al segundo la cola, y ambos pasarán a formar parte del consejo del clan una vez terminado su periodo de guerrero. Tras la cacería regresan al poblado formando una fila, yendo en cabeza el guerrero que ha conseguido la melena y cerrando el grupo el de la cola. Si van haciendo zigzag y cantando es que nadie ha resultado muerto, y al verles desde lejos, en el poblado preparan una gran fiesta. Si alguno de ellos ha muerto, van en línea recta y sin cantar, y no hay celebración.

EUNOTO: El periodo de un guerrero termina con la ceremonia eunoto, que se celebra cada 10 años aproximadamente. Se construye un pueblo ceremonial o manyatta, de unas 80 chozas dispuestas en círculo que se dividen en sectores para cada clan y en el centro una gran choza para los jefes. Se celebra una gran fiesta durante días en los que se matan numerosos bueyes y finaliza cortándole el pelo a los guerreros, que en ese momento se convierten en hombres adultos y pueden casarse. La última eunoto en Loita fue a principios de 2005, y durante este último año los guerreros han estado en la reserva mientras la nueva hornada se prepara para sucederles.

Paco y Kirotie. Agosto de 2005LAS MUJERES: Respecto a las mujeres, como en toda cultura primitiva, están relegadas a un segundo plano, por decirlo suavemente. Se encargan de la construcción de las casas, fabricadas con una base de palos y hojas cubiertas con boñiga de vaca seca, que le proporciona un ambiente fresco durante el día y cálido durante la noche. Las mujeres recorren diariamente largas distancias hasta pozas o manantiales para recoger agua, que cargan sobre sus cabezas en pesados bidones. La mujer también tiene la obligación de cuidar y educar a los niños. Al igual que con la circuncisión, las mujeres participan de ese rito iniciático en torno a su cultura de no presentar miedo al dolor y se les practica la ablación antes de casarse, justo después de tener su primer periodo. Sin embargo, al contrario que en otras culturas, no se les hace para insensibilizarlas o “prevenir” posibles adulterios, ya que los masais son un pueblo ciertamente promiscuo. Recomiendo la lectura del libro “La Masai Blanca”, de Corinne Hoffman, recientemente llevado al cine, en el que la autora narra autobiográficamente su experiencia de vivir tres años en un poblado Samburu (estrechamente emparentados con los masais), tras dejar su vida en Suiza al enamorarse de un guerrero de esta tribu. Los contrastes para una mujer occidental no pueden ser más extremos.

 

Mujeres masai. Kenya. Agosto de 2003

LOITA HILLS: Mi primer contacto con esta tribu fue en las colinas de Loita, probablemente la última frontera que alberga a los poblados de esta tribu más auténticos y aislados de la influencia del turismo, de la agricultura o de la “occidentalización”. Los masais de estas tierras luchan por mantener su identidad, su cultura y su folklore, en una etnia que carece de escritura, escultura, pintura o arquitectura imperecedera, y que al mismo tiempo trata de integrarse en el desarrollo natural de un país que poco a poco se va desarrollando y adaptarse al turismo y su nueva realidad. Luchan por mejorar su calidad de vida, no por cambiar sus costumbres. Para mí, África siempre será las colinas de Loita, y sobre todo sus masais

Sobre la penúltima foto: es una foto a la que tengo mucho cariño. El que tengo encima es mi amigo Kirotie, guerrero masai…. creo que muy poca gente puede presumir de tener una foto con un guerrero masai subido a caballito!!!

La última frontera Masai (II)

 

Guerreros Masai. Kenya. Agosto de 2004

Guerrero Masai. Kenya. Agosto de 2005

MORANIS. La etapa más importante en la vida de los masai es el periodo en que son guerreros, llamados il moran o moranis en maa. Este periodo comienza justo tras la circuncisión, ceremonia iniciática de vital importancia en la que los niños han de demostrar su valor y no alterarse ni mostrar ningún signo de dolor a la hora del corte. Si la superan con éxito, serán unos buenos guerreros y salvarán el honor de la familia. Si por el contrario lloran, gritan o demuestran dolor, caerán en el deshonor y nunca podrán ser guerreros o llegar a formar parte del Consejo. Estas ceremonias son realmente complejas, y el futuro guerrero ha de llevar una pintura y una vestimenta determinada según el momento, completamente de negro y con la cara blanca justo después de la circuncisión, de azul y con un tocado con pieles de pájaro justo antes, mientras se prepara y la generación de guerreros predecesora le adiestra en el arte de sobrevivir en la sabana.

Los moranis se dividen en grupos de la misma edad. Estos compañeros seguirán teniendo un significado especial a lo largo de su vida, e incluso compartirán sus mujeres y tendrán la obligación de darles siempre comida y cama. Entre las obligaciones de los guerreros está el defender a la tribu y al ganado, ya sea de otros clanes masai u otras tribus. También deberán robar todo el ganado que puedan y mantener lejos de los poblados a los depredadores u otros animales que puedan suponer una amenaza para el ganado. Las ceremonias y ritos masai son muy complejos y hay tantas variables que en ocasiones resulta complicado describirlas, pero por lo normal el periodo de morani dura una década, entre los 15 a los 25 años, en los cuales el desarrollo del guerrero es evidente, haciéndose cada vez más fuerte, más adaptado a su medio, más experto a la hora de cazar y de luchar, y forjándose una leyenda y una fama en su clan que le hará aumentar el honor de su familia, optar a las mujeres más deseadas y ricas e incluso llegar a ser miembro del consejo de su clan. Adaptados a la vida en la sabana, son capaces de recorrer distancias de hasta 100 km en un solo día, tienen conocimientos del uso de hierbas y plantas medicinales y cómo encontrar agua en raíces o determinados troncos. Pueden estar días sin comer ni beber. En sus costumbres, no pueden comer delante de las mujeres, ni nada que estas hayan tocado ni tan siquiera mirado. No pueden dormir en el poblado durante el periodo que sean guerreros y han de obedecer todas las decisiones del Consejo.

Mujeres masai. Kenya. Agosto de 2004

Masais bebiendo sangre. Agosto de 2004La apariencia de los moranis es muy particular. En el tiempo en que son guerreros no se cortan el cabello, y lo llevan recogido en un particular tocado, dejando una especie de moño alargado hacia delante en cuya punta se colocan una concha de río que sirve para brillar a distancia y advertir de la presencia de un guerrero. Son muy orgullosos y presumidos, van adornados hasta el más mínimo detalle con pendientes, collares, brazaletes, pulseras y demás abalorios. Para ciertas ocasiones llevan pintada la piel con arcilla roja, y suelen tenerla decorada con marcas hechas al rojo vivo, prueba de su valor y resistencia al dolor. Llevan un vestido muy ligero, apenas una falda-taparrabos, una manta que se anudan al cuello para protegerse del frío y unas sandalias de cuero y neumático. Sus armas son la lanza, el machete y el o’ringa o rungu

(una especie de maza de madera); llevan también un bastón y a veces un arco y un carcaj con flechas envenenadas (arma adquirida de otras tribus, que no forma parte de sus costumbres tradicionales). En las batallas se protegen con un escudo de piel de búfalo.

La última frontera Masai (I)

 

Masai. Kenya, agosto de 2005

En esta ocasión me gustaría hablar no tanto de un lugar en concreto, sino de la gente que nos encontramos por nuestras sendas, y escribir de un pueblo único al que admiro. Cuando mis amigos me preguntan por las vivencias de mis viajes, se sorprenden de que las más valiosas no sean encuentros con elefantes, leopardos o leones, o un atardecer en la sabana con el Kilimanjaro como telón de fondo, sino los momentos en los que he tenido la suerte de convivir con una tribu que para mi representa la esencia misma de África, y que cada vez que visito me sigue ofreciendo instantes únicos y auténticas lecciones sobre la vida: la tribu masai

Muchos cazadores que hayan tenido la oportunidad de hacer un safari de caza en Tanzania es posible que hayan tenido a algún miembro de esta tribu como excelentes pisteadores, especialmente si han cazado en las Estepas Masai del Sureste de Arusha o en pleno masailand en Loliondo, Natron u otros blocks de caza adyacentes, o hayan pasado cerca de los kraals (poblados). También los turistas de los safaris fotográficos los habrán visto pasar camino de los Parques, o les haya visto ofrecerse para hacerse fotos con ellos, o incluso hayan visitado uno de sus poblados, pero es casi seguro que no sepan mucho sobre esta tribu.

 

Lentano y Kirotie. Kenya, agosto de 2004

Masai: El pueblo masai tiene un claro origen nilótico. Se sabe que su origen está en la antigua Nubia y se estableció en lo que hoy conocemos como su territorio hace unos cinco siglos. Hay una teoría preciosa que habla de unas caravanas romanas que se sabe que partieron hacia el alto Nilo en busca de sus míticas fuentes pero nunca regresaron ni se supo de ellas. Algunos afirman que los masais son descendientes directos de esos romanos, y eso explicaría el pequeño vestido que llevan, cruzado sobre el pecho, la peculiar forma de anudarse y colocarse la shuka (manta masai con su característico color rojo), sus peculiares sandalias, la forma de su cuchillo, muy parecido al glaudius (espada corta romana) y las hojas largas de sus lanzas. Sin embargo, esta romántica teoría ha sido echada por tierra por expertos antropólogos.Guerrero Masai. Kenya. Agosto de 2004

Lo que sí sabemos es que es un pueblo anclado en el neolítico, nómada, que es animista y cree en el dios Lengai, que habita en su montaña sagrada, el Ol’Donyo’ Lengai, un volcán activo muy particular por ser el volcán en el que la lava sale más fría de todo el mundo, situado entre el Lago Natron y los cráteres de Ngorongoro (Empakai, Olmuti y Ngorongoro). Los masais son el pueblo elegido por el dios Lengai, y les pertenece por derecho todo el ganado de la Tierra. Los masais son un pueblo aguerrido, presumido y muy orgulloso. Un pueblo ganadero donde la riqueza se mide por el número de vacas que poseen. Incluso pueden casarse tantas veces como quieran siempre que tengan vacas suficientes para mantener a todas sus mujeres.

Su territorio tradicional era realmente muy extenso, desde el sur de la meseta de Laikipia, bordeando el lago Nakuru y Naivasha hasta Nairobi, Amboseli, la extensa región que comprende entre la falla del Valle del Rift hasta Narok, Loita Hills, Loita Plains, Loita Forest, Masai Mara hasta casi llegar al lago Victoria en Kenya, y en Tanzania todo el Serengeti, el Área de Conservación de Ngorongoro, los alrededores de Arusha, la zona del lago Natron y las Estepas Masai. Tras la llegada del hombre blanco y la colonización inglesa y alemana, perdieron parte de sus tierras, como los montes y bosques Mau (arrasados y convertidos en huertos kikuyu).

Paseando por Loita Hills. Agosto de 2005. Kenya

Ngorongoro, “El Arca de Noé” (III)

La diligencia en Ngorongoro. Tanzania, marzo de 2002
EL ARCA DE NOÉ: El cráter de Ngorongoro es una gigantesca Arca de Noé encallada en las praderas de Ndutu y Serengeti, al borde del Valle del Rift. La cantidad de animales que alberga es realmente espectacular. Desde el anillo, antes de descender, un barrido con los prismáticos descubrirá una infinidad de grupos y manadas de animales por cualquier lugar del cráter. Además, alberga los cinco grandes: león, leopardo, búfalo, elefante y rinoceronte.

Los elefantes que hay en el Ngorongoro son viejos machos de enormes colmillos en su mayoría. Muchos de ellos pasan aquí sus últimos años y mueren en el cráter, por lo que no es difícil encontrar sus restos. Curiosamente es muy difícil que entren las hembras, pues probablemente lo escarpado de la pendiente de las faldas del cráter hace que no sea un camino demasiado seguro para las crías. Esta es además la razón de que no haya jirafas dentro del cráter.

Se dice que hay seis clanes de leones en todo el cráter. La mayoría de ellos nacen y mueren aquí dentro, pues es tanta la abundancia de comida y agua durante todo el año que hace del Ngorongoro un lugar ideal para ellos. Abundan también los guepardos, que suelen encontrarse más en las zonas de llanura, el lugar ideal para sus cacerías. Uno de los atractivos del cráter es que al ser un área proporcionalmente pequeña y que se domina tan bien en un día claro, ofrece relativamente más oportunidades de observar cacerías de grandes felinos que otros grandes Parques. Los leopardos suelen verse en el bosque de Lerai, colgados de las ramas de alguna acacia de fiebre amarilla.

En el cráter se estima que en la actualidad hay unos 20 rinocerontes negros. Una población que, pese a ser reducida, parece estabilizada y en aumento. Suelen estar en unas praderas junto al bosque de Lerai y es una zona más protegida por la que no abundan pistas, por ello es fácil poder verlos pero a una cierta distancia. En cuanto a búfalos, hay gigantescos ejemplares de viejísimos búfalos, que suelen ir en solitario o en grupos de cinco o seis ejemplares. También el cráter alberga una gran manada.

Además de los cinco grandes, numerosos ñúes barba blanca, facocheros, hienas, chacales dorados, chacales de lomo negro, gacelas de Thomson, de Grandt, cebras, elan occidental, waterbuck, bushbuck, kongonis (hartebeest), babuinos, monos vervet, muchos hipopótamos en las charcas, y un largo etcétera completan los mamíferos de esta enorme Arca, en una densidad realmente asombrosa. Contrariamente a lo que la gente piensa, los animales entran y salen del cráter. El flujo de animales que entran y salen del cráter es casi constante e incluso se ve afectada por las migraciones. Si no pudieran salir del cráter, en años de sequía habrían muerto y no quedaría un solo animal dentro.

En cuanto a avifauna el Ngorongoro es otro paraíso. Su gran lago central suele estar repleto de flamencos, tanto mayores como menores, pelícanos, gansos del Nilo, cigüeñuelas y una gran variedad de aves acuáticas. Es frecuente ver bandadas de las preciosas grullas coronadas.

Grullas coronadas en Ngorongoro. Tanzania, abril de 2004

PRESENTE PREOCUPANTE: Loïc Sintes me contaba que hace unos 15 años, cuando era cazador profesional en Tanzania, llevaba a sus clientes a visitar el cráter. Lo hacían en el coche de caza, un pick up 4×4 abierto, e incluso le permitían bajar con las armas de caza dentro. Daban algún paseo dentro del cráter y era muy raro cruzarse con algún otro coche. Eso es impensable en la actualidad. Hoy en día el cráter sufre el boom del turismo en Tanzania y especialmente en los meses de julio y agosto está sobre explotado. Curiosamente coincide con la peor época para visitarlo. En el 2003, llevando un grupo de turistas, tuvimos la suerte de ver como una leona cazaba una cebra a tan solo unos 40 metros de nosotros. Una hora más tarde, cuando ya estaban comiendo, ¡conté 44 coches alrededor! ¡Qué locura! El año pasado supe que había en temporada alta unos 120 coches por día. Pese a que los animales realmente están muy acostumbrados a los coches y la presencia humana, estos números suponen una presión excesiva. Está completamente prohibido bajarse del vehículo salvo en unas letrinas instaladas en el bosque de Lerai y una zona de picnic en los manantiales de Ngoitokitok, dónde los babuinos son capaces de robar bolsos y cámaras y los milanos arrancar un sandwich de los dedos de un turista.

 

Otro de los problemas del cráter está relacionado con los masai, ya que el aluvión turístico les ha afectado directamente y reciben muchísimos dólares por las fotos y visitas de los turistas a sus poblados. Dinero que, siguiendo su mentalidad ancestral, invierten en ganado. Esto ha hecho que la cabaña masai haya aumentado tan considerablemente que hay una seria competencia con los animales salvajes por los pastos.

A partir del 2006 se han instaurado medidas para evitar en parte estos problemas. Desde este año la visita al cráter está limitada a medio día, para así intentar reducir a la mitad el número de coches. Eso si, las tarifas han aumentado hasta 50 $ por persona y día (caben hasta seis por vehículo), más la tasa del chófer, más 120 $ por vehículo… hagan números.

Sin embargo, pese a esto, hay que quedarse con el paraíso que es el Ngorongoro, un lugar imprescindible para los amantes de África y de la Naturaleza y un paisaje que uno no se cansa de ver y de visitar. Un lugar donde aún permanece esa huella intacta de las tierras altas de África. Eso si, mejor hacerlo fuera de temporada alta y como siempre, con una agencia especializada.

Ngorongoro. Tanzania. Abril de 2004

2 últimas fotos: Pedro Fernández

Ngorongoro, “El Arca de Noé” (II)

 

Elefante en Ngorongoro. Tanzania, abril de 2006

EL ÁREA DE CONSERVACIÓN DE NGORONGORO. Situado al Norte de Tanzania, el cráter está emplazado en la llamada Área de Conservación de Ngorongoro, una reserva de más de 800.000 hectáreas situada al Sur del Parque Nacional de Serengeti, y muy cerca del Parque Nacional del Lago Manyara. El Ngorongoro no es, ni mucho menos, el único tesoro de esta reserva, sino que además contiene las llanuras de Ndutu, la garganta de Oldupai, los bosques de la Reserva de las Tierras Altas del Norte, el pico Oldoinyo Loolmalassin, etc.

Leonas cazando en Ngorongoro. Tanzania. Abril de 2006

Otra ruta imprescindible en esta Reserva y que muy pocos visitantes hacen es la ruta de los cráteres. Se parte del anillo del Ngorongoro, por una pista hacia el Norte, desde la cual no tardaremos en llegar a unos valles impresionantes que tan solo albergan dos o tres kraals (poblados) masais. En Nainokanoka dejamos el coche y acompañados de un ranger ascenderemos las empinadas faldas del cráter Olmuti, hasta llegar a los 3.000 metros de altura, la vista desde el anillo del Olmuti es impresionante. Tras descender, seguiremos en 4×4 por una pista infernal, pero gozando de uno de los paisajes más bellos del Este de África: La depresión Bulbul, que en determinadas épocas está repleta de animales. La etapa más dura de esta ruta es el ascenso al cráter de Empakai, pues la pista se hace cada vez más y más complicada según se va internando en los frondosos bosques de sus faldas, prácticamente selváticos. El Empakai contiene un gran lago repleto de flamencos en su interior, y desde su anillo se puede contemplar los volcanes: el Ol Donyo Lengai (la montaña sagrada de los masai), el Oldoinyo Kerimasi y si el día está claro, el Monte Kilimanjaro. Hice por primera vez esta etapa en 2002 con mis amigos Topo Pañeda y el doctor Mauricio Llodio y lo recuerdo como una de las jornada más memorables que he vivido en África.

Vista del cráter de Ngorongoro

UN POCO DE HISTORIA: El cráter de Ngorongoro se formó hace unos dos millones de años. Respecto a su nombre no se acaban de poner de acuerdo sobre el origen. Entre otras teorías, se cree que era el apelativo de un clan masai; otras dicen que es la palabra que en maa se daba a la piedra para moler el grano, y que tiene forma de cráter.

Fue descubierto por el hombre blanco en 1911 por el alemán Kattwindel. Siempre que visito Ngorongoro pienso en la cara que debió poner el científico alemán cuando subió lo que podría parecer una sierra y se encontró con esta enorme caldera. Tradicionalmente formaba parte del territorio datota y desde hace unos doscientos años pertenece al pueblo masai. Desde tiempos ancestrales, y aún en la actualidad, los masais bajan diariamente al cráter para que paste su ganado. Pocos años después, los hermanos alemanes Siedentop dividieron el cráter e intentaron establecer dos granjas. No tardaron en desistir, ya que entre los animales salvajes y los masais no se lo pusieron fácil. Aún hoy quedan restos de sus granjas.

Búfalos en Ngorongoro. Tanzania. Abril de 2006

El primer cazador profesional en llegar al cráter fue el mítico John Hunter. En uno de sus libros lo recuerda: “era como las llanuras africanas debieron ser antes de la llegada del hombre blanco”. En los años cincuenta la zona y el cráter pasó a ser una Reserva y se prohibió la caza. Otros muchos autores han dejado escrito sobre el cráter. Para Alan Morehead en “No hay espacio en el Arca” el Ngorongoro constituye “la esencia de África”. El profesor Bernard Grzimiek, autor de “Serengeti no debe morir”, decía que “es imposible dar una exacta descripción del tamaño y la belleza del cráter, porque no hay nada con lo que pueda ser comparado. Es una de las maravillas del Mundo

Rinoceronte negro en Ngorongoro. Abril de 2006. Tanzania

Fotos: Ignacio Güell

Ngorongoro, “El Arca de Noé” (I)

 

Vista del cráter de Ngorongoro

Hay algunos lugares únicos en la Tierra que todo amante de la Naturaleza, como en una peregrinación, debería visitar al menos una vez en la vida. Los cursis ya se han encargado de clasificarlos con títulos como “Las 7 Maravillas Naturales del Mundo”. Estos lugares son únicos por paisaje, por su flora y fauna, por sus saltos de agua y suelen ser lugares que sobrecogen cada vez que se contemplan. Sería muy difícil clasificar cuál es el más impresionante de todos, pero sin miedo a equivocarme me atrevería a decir que el cráter de Ngorongoro, en Tanzania, es uno de los tres paraísos Naturales de mayor belleza del Mundo.

NGORONGORO: El cráter es un lugar prácticamente único en el mundo, ya que sin ser el más grande de los cráteres terrestres, si es incomparable en cuanto a la flora y cantidad de fauna que alberga. El cráter es un coloso de casi 20 km de diámetro en su punto más ancho que ocupa una superficie de cerca de 400 km2. El anillo del cráter tiene una altura media de 2.300 metros sobre el nivel del mar, teniendo unos 1.700 metros dentro de la caldera. Desde dentro, estos 600 metros de desnivel producen un efecto impresionante. Algo imprescindible para el visitante es, desde el centro de la caldera, mirar a su alrededor 360º y darse cuenta de que efectivamente está dentro de un cráter, y además intentar imaginar el tamaño que tenía la montaña antes de explotar (los vulcanólogos afirman que tendría una altura mayor que el Kilimanjaro). Pero además lo increíble de este lugar es que en una superficie relativamente pequeña, podemos encontrar distintos biotopos que hacen que su fauna sea aún más rica: desde los bosques primarios de sus faldas, el clima de montaña del anillo, y ya dentro del cráter la sabana boscosa del bosque de Lerai, las charcas de Gorigor, los manantiales de Ngoitokitok , las llanuras de Ilturot Lorkereyan, el Lago Magadi, las colinas de Ndoinyo Olkaria, arroyos, riachuelos…

Vista del cráter de Ngorongoro

La primera visión del cráter es inolvidable. La primera vez que visité el cráter tuve la suerte de llegar desde la vecina reserva de caza de Loliondo. Era marzo y todas esas llanuras de Loliondo y Ang’ata Ilkarian estaban repletas de ñúes y cebras que peregrinaban en su migración. El ascenso desde Ndutu es espectacular, por unos valles que por aquél entonces estaban repletos de flores, cigüeñas y jirafas, y además según se iba subiendo aumentaba la perspectiva de la inmensidad del Sur de Serengeti. La antesala al cráter son unos valles gigantescos coronados por el Lemakarot (3.133m), y en los que hay unas preciosas bomas masai. Y entonces aparece: una visión que estremece y te encoje, y sientes ese tipo de emociones que tan sólo África es capaz de transmitirte. Cada vez que vuelvo y veo de nuevo esa vista, pienso que no puede haber un lugar o un paisaje más hermoso que éste.

Vista del cráter de Ngorongoro

Tras los pasos de la Gran Migración (I)

Nyumbu na Punda Milia Mingi. (Muchos ñúes y cebras)

Tras los pasos de La Gran Migración

 

La Diligencia rodeada de ñúes. Masai Mara, Kenya, septiembre de 2006

África ha cambiado, África no es lo que era. El crecimiento demográfico y el desarrollo de la población han ido reduciendo los espacios abiertos y cambiando la imagen tradicional de tierra virgen e inexplorada repleta de fauna salvaje. Las vallas han aflorado en muchos países, delimitando Parques y Reservas para preservar la fauna y reintroducir especies que, en muchas ocasiones, han sobrevivido gracias a esta iniciativa. Pero, ¿todo África? Afortunadamente, no. Aún quedan vastas regiones que mantienen esas grandes concentraciones de animales con las que todos hemos soñado al leer las narraciones de los safaris más clásicos. Sin duda la del ecosistema Serengeti – Mara es la mayor de ellas, un enorme trozo de África de aproximadamente unos 30.000 km².

Enormes, gigantescas manadas de ñúes y cebras extendiéndose kilómetros y kilómetros por grandes praderas, buscando los brotes más frescos y llenando la sabana del sonido de su bramido y de un rastro de muerte, de los miles que no completarán el ciclo pero que a su vez sirven de alimento a depredadores y carroñeros. Se trata ni más ni menos que de la mayor concentración de mamíferos del mundo, el ecosistema de La Gran Migración de ñúes y cebras, que se desplazan anualmente entre Kenya y Tanzania.

LA GRAN RUTA: La Gran Migración es un ciclo anual que no para ni descansa, cada ñu comienza una peregrinación constante al nacer que no se ve interrumpida hasta su muerte. Comprende alguno de los Parques y Reservas más célebres de ambos países: Parque Nacional de Serengeti, Reserva de Animales de Masai Mara, Áreas controladas de Ikorondo y Loliondo y Área de Conservación de Ngorongoro.

 

Topo Pañeda en la Migración. Masai Mara, Kenya, septiembre de 2006

La ancestral ruta sigue las agujas del reloj. Empieza a entrar en Kenya, por el Este de Masai Mara entre finales de junio y principios de julio y se queda en la sabana keniana hasta octubre, llegando no solo de Tanzania sino también de zonas adyacentes como Transmara o mis memorables colinas de Loita; de allí baja hacia la zona de Lobo, en el Norte de Serengeti, y va bordeando el Parque, internándose en la Reserva de Loliondo, por donde transcurre, repartida entre la zona Este de Serengeti y el Oeste de Loliondo hasta llegar en enero al Área de Conservación de Ngorongoro, concretamente a las célebres llanuras de Ndutu, que abandona a finales de marzo para empezar a regresar al Norte, hacia el corazón de Serengeti: Seronera, famoso por su gran concentración de grandes felinos; luego sigue el cauce del río Mbalageti para adentrarse a finales de mayo en el corredor Oeste del Parque, su conexión natural con el Nyanza, el mítico Lago Victoria, tras el cual volverá a la zona Norte, a los bosques de la Reserva de Ikorondo y Lobo, para llegar a cruzar el Sand River y entrar en Kenya de nuevo.

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