
Volver a África se convierte en una obsesión para aquellos que sufrimos el llamado “mal africano”. Mucho se ha escrito sobre ese “mosquito africano” que inocula un dulce veneno adictivo por el cual el viajero que ama a África no pasa ni un solo día de su vida sin pensar en volver. Afortunadamente mañana vuelvo a África y mi ansiedad se verá calmada… ya tocaba! Será un viaje relámpago pero me espera Zululandia, Cataratas Victoria y los elefantes de Chobe… tres países en un corto periplo: Sudáfrica, Zambia y Botswana.
Volveré pronto y os traeré fotos y batallitas. De momento os dejo con unas preciosas palabras que nos dejó Sofía en un comentario el otro día…
“El aire de África parece tener dedos, te toca y te sensualiza. Tal vez es ésa la primera forma de penetración del “mal de África”, a través de la piel, como si el aire fuera una mano invisible capaz de acariciarte y apoderarse poco a poco de tu voluntad. A mí me sedujo de golpe, con una sensación parecida, de placer y de rechazo, a la que produce el primer pecado. Hay algo de pecaminoso en el amor a África, quizás porque no es racional en un principio, sino tan sólo sensual.”









Paco…
¡qué suerte tienes!Supongo que vuelves por allí por trabajo pero, ¿qué mejor si tu trabajo es un placer?
No te olvides de nosotros y si sacas algún ratillo mándanos pedacitos de África a través de la red, o seremos nosotros quienes echemos de menos este lugar…
Un beso y ¡buen viaje!