
Aqui dejo otra perlita sucedida en el Uli Mukora Safari. Fue en Kilima Camp, una noche muy especial en la que nos juntamos “los Mukoras” con Topo, su hermana Elena, el tío Chiqui, Luis Miranda y Luis Casanovas, y tuvimos el campamento para nosotros solos. Vamos, que nos juntamos una buena panda de “africanos”, sin olvidar al bueno de Dietër Stanley, el manager del campamento.
Tras una opípara cena, que mejor que buena música junto al fuego. Fred y Figue nos deleitaron con un buen repertorio afro-hispano.

Esta versión de Malaika va dedicada a Topo y al resto del clan Pañeda Reinlein… sobran motivos…









Me gustó mucho esta canción, pena que no me diera tiempo a aprendérmela.
El Kilima Camp es demasiado, las vistas sobre el Masai Mara… ni en la mejor fotografía de las mejores pelis.
Malaika es una preciosa balada ….¡ pero vaya bien que la canta este maasai acompañado de su guitarra española!
Vaya pedazo de blog has montado, es una pasada, se está convirtiendo en un hobby para nosotros. Nos ha encantado entrar en la sección de música y ver la que liásteis este Septiembre en Kilima Camp, con un saxo y una guitarra, sólo un mes después de estar nosotros alrededor de esa hoguera. Kilima es un sitio muy muy especial. Llegas cansado después de tu safari y te sientes como en casa, la amabilidad y el buen humor forman parte de la manera de ser de todos los que trabajan allí. Cualquier lugar del campamento es un mirador de los que te dejan pasmado. Con un café Keniata o un refresco, tienes Masai Mara a tus pies, el río Mara recorriendo el parque y, tranquilamente sentado, te quedas buscando con los prismáticos grupos de animales que aparecen a lo lejos. Puedes pasarte horas así sin darte cuenta. Gracias Paco, fue un gran consejo.
Uno de los momentos que más disfrutamos de nuestro viaje, fue una mañana bajando de Kilima a Masai Mara; íbamos a la frontera con Tanzania, preparados para un largo viaje, cuando nuestro guía vió un grupo de unos 15 elefantes que iban cruzando en fila india una llanura. Nos acercamos a ellos y empezamos a seguirlos tranquilamente comprobando como su orden era roto una y otra vez por los elefantes pequeños, que les hacían parar, romper la fila, esperarles, mientras ellos jugaban sin ninguna preocupación. Estábamos solos y pudimos disfrutar del silencio y de ese momento a solas con la manada.
África es increíble. Y Masai Mara una inmensidad donde te sientes un espectador parte de la naturaleza en completo relax.